No importa si es de novia, en pareja o casada, las mujeres siempre parecen tener que quedarse con la mayor parte del trabajo en todo lo referido a ambos. Esa sensación, que atraviesa a tantas relaciones, es una realidad científica y estadísticas. Así lo afirma la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En su último informe, que recorre la realidad de 107 países, de todos los continentes, desentraña cómo la pesada herencia de la conformación familiar paternalista se va disgregando con el paso del tiempo, a medida que la mujer conquista cada vez más espacios que fueron, por tradición, reservados para los hombres. Sin embargo, todavía el deseo de igualdad con respecto al tiempo dedicado a la distribución de las tareas domésticas está muy lejos.
“El reparto desigual de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas entre las mujeres y los hombres, y entre las familias y la sociedad, es un determinante importante de las desigualdades de género en el trabajo”.
Es que mientras para los hombres tener una compañera les agrega una hora de trabajo extra, para las mujeres son siete, lo que equivale casi a un trabajo paralelo, pero sin remuneración. Aun cuando las mujeres están empleadas, siguen asumiendo la mayor parte de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas
Si los hombres no negocian quedarse en casa cuidando a los hijos en los períodos en los que las mujeres ingresan al mundo laboral, cambian de trabajo o se les presenta una oportunidad importante para su crecimiento, la desigualdad se reproduce y multiplica. Así, aun cuando las mujeres están empleadas, siguen asumiendo la mayor parte de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas, lo cual limita su capacidad para aumentar sus horas en un empleo remunerado, formal y asalariado, destacó el informe.
Aunque esta desigualdad de género sigue siendo importante, la buena noticia es que disminuyó con el tiempo, fundamentalmente porque se redujo en cierta medida el tiempo que dedican las mujeres a las tareas domésticas, mientras que apenas disminuyó el tiempo que consagran al cuidado de sus hijos. Sin embargo, “las mujeres continúan trabajando jornadas más largas que los hombres cuando se toma en consideración tanto el trabajo remunerado como no remunerado”.
Según un estudio de la Universidad de Michigan, las mujeres jóvenes solteras usan 12 horas a la semana en las tareas domésticas mientras que las casadas multiplican la cantidad a más de 60. Esto empeora para las mujeres con más hijos: las que tienen 3 niños pasan más de 28 horas semanales cocinando, limpiando, ordenando. Tan impresionante como son estos datos, el estudio señala que en el pasado la diferencia fue aún más pronunciada. En 1976, las mujeres tenían un promedio de 26 horas de tareas domésticas por semana, mientras que los hombres tan sólo seis.
Frank Stafford, del Instituto de Investigación Social, quien dirigió el estudio en la universidad, declaró al Huffington Post que “hay una significante relocalización del trabajo que ocurre en el matrimonio –los hombres trabajan más fuera de casa, mientras que las mujeres se ocupan más del trabajo doméstico–. La situación se agrava cuando las mujeres tienen hijos”.