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jueves 9 de diciembre de 2021

Hollande apuesta a la reelección

Foto: La Nación

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Aquellos que pensaron que François Hollande se limitaría a hacer un discurso sobre “la democracia frente al terrorismo” se equivocaron.

Ayer, durante una hora, en la intervención más contundente de su quinquenio, el presidente francés dejó en claro que, sin haberse declarado oficialmente, el candidato ya está en campaña para las elecciones de 2017.

En momentos en que los sondeos nunca fueron peores (14% de apoyo), en que cuatro de sus exministros quieren reemplazarlo en el palacio del Elíseo y en que los candidatos a la primaria de la derecha conservadora critican su balance de gobierno, Hollande hizo ayer en París, frente a simpatizantes y miembros de su gobierno, una intervención que dejó pocas dudas sobre sus ambiciones.

El jefe de Estado buscó imponerse como el único capaz de garantizar “lo esencial”: la cohesión nacional. El único -según sus allegados- que podrá responder a una candidatura progresista y que evite a la izquierda la humillación de una segunda vuelta entre la derecha y la extrema derecha.

Sus ataques más mordaces fueron contra esa oposición, juzgada como demasiado segura de imponerse en las próximas elecciones presidenciales. “No dejaré que nadie ponga en tela de juicio la imagen de Francia”, advirtió, después de describir su visión del país.

“Es el combate de toda una vida. No dejaré que arruinen a Francia, que limiten sus libertades y su Estado de Derecho, que reduzcan su educación y amputen su cultura”, lanzó en alusión al ex presidente Nicolas Sarkozy, cuyo programa ultraderechista está destinado a obtener los votos de los electores del xenófobo Frente Nacional (FN).

Es la primera vez que Hollande, que debe anunciar sus intenciones electorales a fin de año, se proyecta de esa manera hacia el futuro.

En referencia a los atentados en Francia, se declaró garante de una “democracia que siempre será más fuerte que la barbarie que le declaró la guerra”.

“Frente al terrorismo hay dos caminos para las democracias: el estado de excepción y el Estado de Derecho”, dijo. En el primero coloca a Sarkozy y a sus amigos “con una imaginación sin límites”, así como a Marine Le Pen, a quien nunca nombra. Entre los partidarios de la segunda opción, él se erige en principal defensor.

“No, la Constitución no es un texto flexible con puntos de suspensión, con paréntesis. La Declaración de Derechos Humanos no es un viejo pergamino que habrá que enmarcar en un living”, señaló. Garante de esos principios fundamentales que la derecha sarkozista califica de “argucias jurídicas”, Hollande afirmó: “Un país sólido es una nación solidaria”.

Irracionalidad

Con frecuencia acusado de indiferente, el presidente estimó que nunca había que dejarse llevar por la irracionalidad. “Debemos ocuparnos de la seguridad, sin jamás renunciar a vivir como queremos”, insistió. Y fustigó las soluciones propuestas por la derecha. Entre ellas citó la idea de abrir campos de internación para los sospechosos de simpatías islamistas, la anulación del jus solis (derecho de suelo) o la supresión de la política de reunificación familiar.

Defendidas sobre todo por Sarkozy -que podría ser procesado por su papel en el llamado escándalo Bygmalion-, esas proposiciones dieron al presidente la ocasión de lanzar la estocada: “Es muy cómodo defender la presunción de inocencia cuando se trata de aplicarla en beneficio propio”, ironizó. Y agregó: “Mientras yo sea presidente, no habrá legislación de circunstancia [que es] tan inaplicable como inconstitucional”.

Hollande también aludió a la extrema derecha, que los sondeos dan por presente en la segunda vuelta de las presidenciales, para pedir a los franceses que no dejen que el país “se derrumbe en un debate sobre la historia o la nostalgia”. En momentos de votar, los franceses “juzgarán los resultados, las personalidades en liza como proyectos”, subrayó, antes de enumerar los temas fundamentales de la elección: protección de los ciudadanos, cohesión nacional, concepción de la democracia y el lugar de Francia en Europa y el mundo.

El presidente acusó a esa oposición de querer “desmantelar, vaciar e incluso liquidar el modelo social” francés. Según él, no podrán “porque la democracia terminará por triunfar”, concluyó.

¿Acaso Hollande consiguió convencer? Por el momento, parece poco probable.

“La cuestión no reside en saber si convenció o no. Su intervención fue en realidad el discurso que todos le pedíamos hace cuatro años”, opinó el politólogo Roland Cayrol. “Fue un discurso marco, habló de su visión del modelo social francés y el Estado. Hay que reconocer que lo hizo muy bien”, agregó.

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