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lunes 23 de mayo de 2022

El PSOE se fractura y exigen la renuncia de su líder

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El PSOE se ha fracturado en dos comisiones federales ejecutivas opuestas, una liderada por Pedro Sánchez, su secretario general, y la otra que alberga a los principales críticos de su gestión y reclama que dimita.

Esta es la más grave crisis que viene golpeando a un partido de 137 años, el que más tiempo ha gobernado a España durante la democracia y que, después de reunir 202 diputados de apoyo, ha quedado reducido a los actuales 85 representantes.

El desencadenante de un proceso, otro más, de conflicto interno, se produjo por el descalabro electoral del domingo pasado en las elecciones regionales de Galicia y el País Vasco, donde los socialistas obtuvieron los peores resultados de su historia en la etapa democrática. En total, el PSOE perdió 133.000 votos y 11 diputados. En Euskadi, donde los socialistas dejaron varias víctimas mortales, heridos y mutilados por la acción terrorista de ETA, han gobernado en la comunidad autónoma. Pero en los últimos cuatro años perdieron el 40% de los sufragios.

Pedro Sánchez, el primer secretario general elegido por los militantes, ha dirigido una acción blindada contra Mariano Rajoy que mantiene a España en una parálisis institucional desde el 20 de diciembre del año pasado. Entonces, el PSOE cosechó el nivel más bajo de apoyo popular y los resultados empeoraron cuando se repitieron las elecciones que no lograron el desbloqueo de la España ingobernable.

Ahora ya casi no quedan esperanzan para poder evitar unas terceras elecciones porque a fines de octubre vence automáticamente el mandato de las Cortes (diputados y senadores) y a principios de noviembre el Rey está obligado a convocar elecciones para el 25 de diciembre. Serían tres elecciones en un año, una crisis inédita en la historia española y europea.

La inevitable crisis del doble fracaso regional aumentó la presión para que Sánchez fuera apartado por el Comité Federal, máxima autoridad entre congresos, que debe reunirse el sábado próximo. Pero los acontecimientos se precipitaron a primeras horas con un contundente ataque del expresidente Felipe González contra Sánchez quién, sostuvo, debería dimitir si es censurado por el Comité Federal. “Después de las últimas elecciones, Sánchez me dijo que no iba a intentar ningún gobierno alternativo, que iba a votar primero contra Rajoy por mayoría absolutas e iba a abstenerse (para facilitar la gobernabilidad de Rajoy) en el segundo recuento por mayoría simple. Y, claro, me siento engañado y defraudado. El PSOE se debe abstener hoy lo digo con más fuerza”, sostuvo Felipe. “No era necesario. Ha creado confusión en el partido y mucha más en el país”.

Sánchez había agravado al máximo el enconamiento del conflicto interno al anunciar que iba a convocar a elecciones primarias en noviembre y a un congreso extraordinario en diciembre que ratificara los resultados de las urnas. Ante las severas críticas de Felipe González, Sánchez, presentó batalla: ha propuesto que el PSOE celebre un debate en profundidad y que todos los militantes del PSOE decidan, en un Congreso Federal, sobre el liderazgo y la línea política de los socialistas ante este nuevo tiempo. Dicha propuesta se debatirá en el próximo Comité Federal, el 1 de octubre.

Con ello se pretende dar cauce a un debate de fondo que lleva tiempo instalado en la organización, tomar decisiones colectivas y, una vez que se haya debatido y decidido entre todos y todas, conseguir que el PSOE hable con una sola voz”. Poco después se informó a los medios que se iban a presentar 17 renuncias de los 33 miembros de la mesa ejecutiva del Comité Federal. Estas dimisiones, según los críticos, obligarían a que la dirección máxima tuviera que ser reemplazada por una comisión gestora, lo que implicaba la obligada dimisión de Sánchez.

De inmediato el secretario de Organización socialista, Cesar Luenda, vocero del Secretario general, se presentó ante la prensa e informó que la otra mitad de la mesa ejecutiva que no había renunciado se mantenía en el control del PSOE. Y los otros “ya no están más”.

Explicó que hoy se reunirían para convocar un comité federal extraordinario que convocaría a un congreso especial para que “la militancia resolviera” sobre una nueva dirección partidaria y la línea política general. Mientras tanto, los periodistas corrían de un lado a otro, el número tres del PSOE, Antonio Pradas, se apresuró a presentar las 17 dimisiones en la sede central partidaria. Pero se le impidió que pasara a su despacho, “ya no es suyo porque ha dimitido” y se tuvo que llevar los papeles.

Volvió después y en la puerta, cerrada a cal y canto, de la sede socialista, proclamó: “La comisión ejecutiva no puede convocar nada ni está legitimada para reunirse. No me han dejado retirar mis objetos personales, ni el retrato de mi hijo. Pero Luenda ya no es secretario de Organización”. En los dos “bandos”, como los definió Pedro Sánchez, se comentaba que el conflicto tan profundo iba a terminar ante los tribunales.

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