Hace 10 años, en la misma habitación de hotel, Cristian Castro tenía el pelo engominado, frac, postura almidonada y una timidez galopante.

Ahora abre la puerta y tiene el pelo verde, un pantalón japonés de rapero, un cansancio desesperante que lo desploma en el sillón y una soltura notable. En 2006 acababa de ser padre, recién conocía al suyo y tenía esposa argentina. Aún no había rockeado con Babasónicos ni había probado lo que se sentía estamparle un beso en la boca a Susana Giménez.

El extraño del pelo verde ya no es tan prudente al declarar y esa es parte de su evolución. Dice que está en su peor momento romántico. Que sueña con la muerte. Que quiere ayudar al decaído Luis Miguel y pedirle perdón a la familia de Gustavo Cerati. Es fácil juzgar al hijo de Verónica Castro, pero difícil ponerse en sus zapatos (calce 43). Sobrino de Ron Damón (Valdés, de “El chavo del 8”), la vecindad se le alborotó desde temprano. A los seis ya era la estrella infantil de un culebrón protagonizado por su mamá sobre una chica embarazada que se negaba a un aborto y regalaba a su hijo. A los siete ya tenía programa de radio propio (“La hora de Cristian”). A los 16 cantaba uno de los máximos hits de su carrera (“No podrás”), que detonaba las discotecas latinoamericanas de los ‘90. Tuvo que esperar a los 30 años para pararse frente a su padre por primera vez. Toreó al Edipo. Atravesó dos divorcios. Esquivó un millón de críticas, como la de haber bautizado Zaratustra a su hijo (igual que el profeta del libro de Nietzsche).

El domingo le regaló una Catrina a “Su”, una calaverita “alarga-vida”. Como buen mexicano, festeja con devoción el Día de muertos, cada noviembre. “Ustedes son más alegres, ‘Ponele onda’, dicen. A nosotros nos gusta mucho la tristeza, la muerte. Estamos obsesionados con esos temas. Yo sueño mucho con la muerte. Quiero descifrarla”, dice a punto del desmayo, tras 12 horas ininterrumpidas de preguntas en radio y TV.

“Veo a la muerte de frente, en amigos, la siento que llega, siento vientos que traen aromas de muerte. Pienso en el buen morir. Sin ser sádico, desarrollé presentimientos y sensibilidades. La muerte Juan Gabriel fue devastadora. Hice un duelo en Twitter de un mes. No había tenido una muerte tan cercana de un colega y me hizo reflexionar sobre la vida que llevamos los músicos”, admite angustiado.

Todavía le queda la sensación del beso a Susana: “Hace tiempo quería robárselo. Sería una novia lindísima. Tal vez es otra generación, pero siento que hubiera sido una lindísima relación y la idealizo. Un amor platónico”, se ríe.

El sábado cantará en el DirecTV Arena. Ahora promociona “Dicen”, flamante álbum tras siete años sin material inédito. Tendrá que hacer esfuerzos sobrehumanos para imponer un hit mayor a “Azul” y borrar de los tímpanos la canción vitalicia que incluye ese párrafo inmortal que los profesores de lengua llaman anáfora: “Este amor es azul como el mar azul”.

¿Por qué el pelo verde?

Un poco para provocar. Me he inspirado en aspectos de carreras como las de David Bowie, Duran Duran. Muchas mechas. Mucho tinte. Ahí me crié, ahí me cociné en el salón de belleza de mi abuela. Estaba yo chiquito y probaban conmigo. No se me pegaron más mañas de salón de belleza. (Se ríe). Es provocar tal vez, provocarme a mí mismo.

Varios diarios mexicanos publican: “Uno de los peores momentos de Cristian”. ¿Anímicamente?

No anímicamente. Sentimentalmente. Estoy en un desencuentro, como muchas de mis canciones. Reflejando el “Decirte adiós”. Y viviendo un poco lo que estoy cantando. Ese es un poco el conflicto. Me gusta este estado porque agarro la canción en un tono mucho más intenso. Disfruto ese estado. Qué bueno que se esté alargando.

¿Te están costando las relaciones?

Son muchos viajes. Ese es el problema. Ese es un punto de desencuentro. No tengo ningún problema de conocer chicas lindas, de salir con chicas lindas. Pero en los viajes te pierdes continuidad.

¿La fama de gigoló es mito?

Es un mito. Especulan con que soy peligroso. Pero yo no me veo peligroso, me veo muy vulnerable. No soy muy winner como mucha gente cree que soy, el que conquista y gana. Yo creo que me dejo perfectamente conquistar. Generalmente estoy perdiendo. Más abajo de lo que la gente cree.

Grabaste con Babasónicos. ¿Cuándo vamos a escucharlos?

Sin mi diablo. Lo grabé hace tiempo. Ojalá salga pronto. Los tengo como amuleto. Tenemos a los Babasónicos como maestros, genios, gente que ha aportado paisajes musicales que nos han dejado felices. Babasónicos fue un despertar a una conciencia musical para mi generación.

Vicentico dijo: “Cantar con Cristian es punk, pero mis compañeros le tienen miedo”. ¿Miedo a qué?

No sé si les doy un poquito de nervios. O qué puedo causar.

¿Miedo o prejuicio?

Yo gusto de muchas oleadas rockeras argentinas desde hace años. Pero no me interesa estar tratando de invadirlos. De estar acaparando dos mundos. Yo soy el mundo romántico-pop, pero con mi corazón receptivo y sensible a muchas corrientes.

Atravesaste un momento difícil. Se filtraron fotos privadas. Lo tomaste con bastante humor…

¿Vestido de mujer? Pero es una fiesta, se ve que estoy posando con onda gay, como Vicentico en su disco, o Bruno Mars en su video. ¡No sé por qué tanto revuelo conmigo! Entiendo el

morbo que les da que yo lo haga. Lo hacen muchísimos artistas: pero justamente yo les he llamado la atención. No soy gay. No puedo controlar la malicia de la gente.

Llegan noticia de que es el peor momento de tu compatriota Luis Miguel. ¿Qué tan cierto es?

Yo quisiera acercarme a él hace tiempo. Tengo mucha curiosidad para saber qué está sintiendo. Somos colegas y amigos. Hemos compartido muchos momentos. Hay admiración mutua. Tal vez está atravesando un momento de soledad, como atravesamos todos en esta carrera. Momentos de fragilidad. Espero poder darle aliento. Soy de los que más le puedo dar aliento y compañía y compresión. Ojalá me lo aceptara. Soy de los que más lo va a defender.

¿Cuánto hace que no tienen contacto? ¿No atiende el teléfono?

No se le ve en el ambiente. Se ha aislado bastante y no le conviene. No le está conviniendo la idea de no socializar. Tiene que acercarse a nosotros, sus colegas. Tal vez tiene que trabajar menos. Creo que se ha excedido en mucho trabajo, tanto viaje. Por eso tambien perdimos a Juan Gabriel.

¿Estuvo mal rodeado?

La verdad, estoy seguro que ha estado en muchas ocasiones con malas compañías, gente que no lo aprecia y no le importa tanto su salud. Si tiene un problema médico, lo ayudaría con el mejor especialista, si es que puedo detectar cuál es problema. Yo mismo me lo llevo al mejor hospital del mundo para que lo traten. Y para que tenga un amigo. Yo sí puedo ser familia de Luis Miguel. El es presidente de este género, con Juan Gabriel, Vicente Fernández, José José. Es un pilar. Por eso debemos protegerlo sus colegas. Se puede sentir más arropado.

Pide perdón a la familia Cerati

Alguna vez confesó haber visitado a Gustavo Cerati en la clínica en la que el músico estaba internado. Pero la familia lo desmintió. El misterio sobrevoló desde entonces. ¿Cristian entró sin autorización? ¿O mintió? “En realidad tienen razón. No hubo autorización. Yo estaba haciendo entrevistas ese día. Y terminé justito como a las diez de la noche. Dije: ‘Ya me voy y no voy a alcanzar a ver a Gustavo’. Sabía que estaba en un sanatorio y le dije al chofer ‘Llévame a donde está Gustavo, a ver si logro verlo’. Eran diez y media de la noche y ya se había retirado la familia. Lamentablemente”, dice. “Lo que menos quería yo era causar revuelo o meterme sin permiso. Llegué y dije: ‘¿Puedo ver a Gustavo, por favor?’ Y me dijeron que sí. Pregunté: ‘¿Está seguro que puedo entrar? Porque seguro se van a molestar’. Y me dijeron: ‘No, no se van a molestar. Cristian, pasá’. Pensé que les iba a dar gusto y la familia se molestó y con razón. Les pido mil disculpas. La familia me tiene que creer”, remarca. La visita, dice, duró, por lo menos, “25 minutos”: “Estuve en el cuarto, contemplándolo, tratando de animarlo, hablándole, tocándole la mano con ganas de traerle aliento de todos los mexicanos”.