Se vieron a través de las pantallas de sus teléfonos celulares. A ella la encandilaron los brazos tonificados de él, trabajados con esmero en el gimnasio. Y el pelo cortadito al ras a los costados de la cabeza. Y la barba hipster algo canosa. A él le fascinaron los pechos macizos de ella, la cintura estrecha, la boca generosa.

Sin rodeos, se “dieron corazones”, como se define en la jerga el procedimiento que consiste en expresarle al otro que su perfil coincide con sus propias apetencias. Empezaron a chatear frenéticamente, sin pausa. Se citaron para el fin de semana en un bar. Se encontraron. El encanto virtual se transformó en encanto real, cara a cara. “¡Alcoyana, Alcoyana!”, diría el recordado actor, conductor y payador uruguayo. Pasaron la noche juntos. Volvieron a salir. Se pusieron de novios. Y a los pocos meses ella quedó embarazada. Podría ser uno de los casos, sí, que empiezan a darse en la Argentina y en el mundo: la generación de bebés que nacieron de padres que se conocieron a través de Tinder, entre otras de las aplicaciones que se utilizan para concretar “citas”, ya está entre nosotros. ¿Hijo e Tigre? No. Eso, parece, pasó de moda. La nueva tendencia, como plantea la publicidad de una compañía telefónica, son los Hijos de Tinder.

En la era de los smartphones, esta aplicación de “descubrimiento social”, que cuenta con un GPS para detectar “cercanías”, es la más popular del planeta. Con más de 50 millones de descargas en 196 países, y disponible en 30 idiomas, la utilizan hombres y mujeres en similares proporciones. No por nada, su cotización en bolsa ronda los mil millones de dólares. En la Argentina, cuyos usuarios se encuentran “entre los más activos” del continente, es furor desde hace unos cinco años. Y no es la única. De similares características, y siempre con la idea de descubrir un potencial festejante, o dos, o tres, o cuatro, o cinco, también se puede usar Happn, Badoo y Kickoff.

Los entendidos en el tema sostienen que la cantidad de “saludos” o “likes” (me gusta) se incrementa “cuando termina la jornada laboral, a partir de las cinco de la tarde”. Y que antes de eso, “durante el almuerzo, entre las 12 y las 14”, también hay un sostenido tráfico de intercambios. A clickear, mi amor. Vamos a… La célebre cigüeña que transportaba recién nacidos colgados del pico con una mantita se jubiló: ahora a los chicos los trae alguna de estas plataformas.

“Mucha gente se relaciona a través de estas aplicaciones y lo vive con absoluta naturalidad”, explica el sexólogo Patricio Gómez Di Leva. “¿Si esto puede traer alguna consecuencia cuando llegan los hijos? La manera en que se conocen las personas no debería marcar significativamente el futuro de los descendientes”. Y agrega: “Eso sí, si esta información se oculta, como pasa en algunos casos, puede generar problemas. Los secretos familiares suelen generar síntomas. No hace falta contarles todo a los hijos, pero cuando se mantiene algo en reserva es importante detenerse a pensar por qué se hace”.

En Tinder, como explica J.O.F, de 43 años, anestesista de Florida, que en el último año alcanzó altos niveles de intimidad con “unas 50 mujeres”, el catálogo es amplio. “Hay señoritas que sólo quieren un touch and go y otras que quieren formar una familia numerosa, como la de Maru Botana”.

“El amor es siempre azaroso, surge de situaciones imprevistas. Y en los lugares menos pensados. Por eso no le veo nada de malo al hecho de que las personas se conozcan en estas plataformas”, suma Any Krieger, licenciada en psicología. “Un hijo nacido gracias a Tinder no debería tener ninguna diferencia con el resto”, analiza.

En esta aplicación, Carolina conoció a Gabriel, se fueron a vivir juntos poco tiempo después de los primeros arrumacos, y su bebé está en camino: “Le debemos todo a Tinder. Y nos sentimos muy felices”, explica ella.

“¡El mundo digital forma parte de nuestras vidas desde hace rato!”, aporta R. B, comerciante de 40 años, de Avellaneda, un experto en el arte de “matchear” y “desmatchear”, que es lo mismo que decir, establecer o abortar “coincidencias” entre los participantes de esta red social. “Tener un hijo con la pareja que se conoce en Tinder es lo más normal del mundo. Sin dudas, estas aplicaciones son una gran herramienta. Sobre todo, para los que no pueden ir a bares o a boliches a conocer gente porque ya tienen hijos de otras parejas, o porque no tienen tiempo, o porque no tienen dinero”, sigue. Y cierra: “El lugar de encuentro es lo de menos. Nuestros padres se conocían en lugares distintos a los actuales: en confiterías, en clubes de barrio, en ‘asaltos’, como les decían a los bailes en los que todavía se bailaban lentos, en sociedades de fomento o en la cola de un banco. Y nosotros, los padres modernos, nos conocemos en Tinder”.

Argentina se acerca al millón de usuarios

Tinder comenzó a funcionar en el año 2011 y rápidamente se expandió a todo el mundo. Hoy, la Argentina es uno de los países más “activos” en Tinder. El 85% de los usuarios tiene entre 18 y 34 años. El 52% son hombres y el 48%, mujeres. Por mes se dan unos 2.500.000 matches (coincidencias). En comparación con el promedio de América Latina, en nuestro país hay un 20% más de matches. Los martes y miércoles son los días de mayor actividad de swiping o deslizado.

Otra de las aplicaciones de citas más populares es Happn. En la Argentina hay más de 900.000 usuarios. A partir de las diez de la noche es cuando se envían más notificaciones. Y aumenta el número de mensajes. La plataforma, con el final del día, arde. Los corazones, también.