Ayer tuve clase de protocolo -reconoce Luisana Lopilato, mientras intenta que sus piernas se vean lo mejor posible en la siguiente toma fotográfica-. Cruzar las piernas no está bien visto -aclara, y muestra cuál es la mejor manera de sentarse-. Me enseñaron a hacer todo lo contrario a lo que hago”. Se ríe y contagia al resto de los que estamos en la habitación de un hotel en Nordelta en plena producción. “Cuando llegué a casa les dije a todos cómo deben comportarse: chicos hoy tuve protocolo, así que empecemos a hacer bien las cosas. Viejo, los tenedores así no”, dice, y espera la mirada cómplice de Eduardo, su papá, que la acompañó a la cita y está atento a los movimientos de su pequeña Luisana.

Su cabellera rojiza y las clases de protocolo tienen dos razones de ser: Numb y Los que aman, odian, las películas que pronto comenzará a filmar y que la tienen como protagonista.

“Lo necesito aún más rojo, de hecho necesito más pelo, me van a poner extensiones, hasta rastas para Numb. Es un look bien diferente al que suelo tener, porque se trata de un thriller apocalíptico [que la tendrá como coprotagonista junto con Harvey Keitel y Hayden Christensen]. Pero pronto tengo que volver a cambiar de color -anticipa-, porque empiezo a rodar primero Los que aman, odian, la peli de Alejandro Maci, por la que hice el curso de protocolo -aclara entusiasmada-. Lo voy a tener un poco más corto, al estilo Marilyn Monroe en los años 40, no tan rubio blanco, sino más color miel”.

Desde hace tiempo, Luisana Lopilato busca hacer pie en el cine. “Tengo muchas ganas de enfocarme en esto, también es cierto que hoy el cine se adapta mucho más a mi vida familiar y personal. Es muy difícil para mí estar doce horas metida en un estudio, todos los días y por varios meses. Tengo dos hijos chiquitos”.

Casada desde hace cinco años con la estrella de la canción Michael Bublé y madre de Noah [2013] y Elías [2016], la actriz reparte sus días entre Vancouver, Canadá, y la Argentina, según la agenda laboral de ambos. “Intentamos acompañarnos todo el tiempo”, reconoce la ex Chiquititas.

En una oportunidad confesaste que el trabajo te define como mujer.

Estoy convencida de eso, me define como mujer. Me encanta estar en mi casa, ocuparme de mis hijos, de mi marido, pero también está bueno salir y tener un momento sólo para mí. El trabajo me complementa y siento que es mío. El resto lo hago pensando siempre en mi familia. Amo actuar, es parte de mi vida.

Comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo de la publicidad cuando aún era una niña. Fue Mabel Humer, representante de artistas, que una tarde como tantas otras salió en bicicleta por las calles de Parque Chas y vio a Luisana en la vereda junto a su mamá. Ya a los 5 años su carita vendía juguetes, golosinas, lácteos y posaba para distintas casas de ropa para chicos. Pero su gran oportunidad llegó de la mano de Cris Morena, quien la sumó al elenco de Chiquititas y más tarde la convertiría en un fenómeno teen con la serie Rebelde Way, donde mostró también su faceta de cantante con la banda Erreway, con la que recorrió varios países como una verdadera rockstar. “Me gusta bromear con esa idea, a Mike [como llama a Bublé] y a sus amigos les conté de mi pasado como cantante, de mis giras, de los teatros que llenamos con la banda, de los fans que nos perseguían por todos lados”, cuenta entre risas.

¿Volverías a cantar?

Sólo como actriz, si lo exige el personaje. Lo de cantante se lo dejo a Mike, que lo hace tan bien.

Para lo que resta del año, Luisana tiene la agenda completa, entre rodajes y estrenos. Pronto se conocerá Fair Market Value, la comedia dirigida por Kevin Arbouet que rodó en Estados Unidos y que la tiene como protagonista junto a Craig Bierko, Julia Duffy, Tina Benko y Drew Moerlein. “Fue una gran experiencia, un gran aprendizaje.” El film cuenta la historia de tres agentes inmobiliarias. “Mi personaje es el de una chica latina que vive en Miami hace mucho tiempo, lo que justifica mi acento, que se instala en Nueva York, y a quien sus compañeras de trabajo no reciben muy bien. Es una historia divertida.”

En los últimos años realizaste varios casting.

Es como un tabú hablar de casting y no entiendo por qué. Está esa presión de que si sos un actor conocido, está mal visto que hagas casting. En todo el mundo los mejores actores hacen pruebas para quedar en un proyecto. Hablamos de ego. ¿Cómo yo voy a hacer casting? Que me llamen directo [ironiza]. Es ego. Puro ego. Ojo, si me preguntás si me gusta hacer casting, te digo que no. Me pongo muy nerviosa, me genera un gran estrés, pero es parte del trabajo. Lo tomo como un ensayo, como una forma de preparar el papel.

Todos los que trabajaron con Cris Morena destacan la insistencia de la productora en la formación de los actores.

Insistía mucho en la formación y no se equivocó en hacerlo. A mí me reayudó, fue una verdadera escuela. Después seguí mi construcción como actriz haciendo cosas con Julio Chávez, y en Estados Unidos con Eric Morris. Intento hacer los cursos que me interesan, ahora paré un poco por los chicos, pero no hay que quedarse, hay que moverse, sumar herramientas, y el casting es una de esas, es una forma de mantener vivo el espíritu. La actuación es un músculo que hay que ejercitar. Para verme bien voy al gimnasio todos los días, porque me gusta estar marcadita; para superarme como actriz, tengo también que prepararme.

Y en eso está Luisana, preparándose para el que será su próximo desafío Los que aman, odian, adaptación de la novela de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares que la une a Alejandro Maci, quien ya la dirigió en la serie En Terapia, y a Guillermo Francella, su padre en la comedia Casados con hijos. “Es un gran reencuentro -asegura-. Con Guillermo me siento muy cómoda. Casados con hijos fue muy importante para nosotros, lo sigue siendo y a Alejandro le tengo una gran confianza”.

Con Maci conseguiste mostrar una faceta totalmente diferente cuando interpretaste a Valentina, una estudiante con cáncer en el drama En terapia [filmó embarazada de su primer hijo]

Me dio una gran oportunidad, confió en mí. Tuve que hacer tantas pruebas para lograr el papel… En un momento pensé que no les gustaba, que era remala actriz, que no lo iba a lograr. Pero al final quedé. Y ahora se da esta oportunidad. Es un proyecto en el que venimos trabajando desde hace tiempo. Se trata de un policial ambientado en los años 40. Mi personaje es el de una chica de alta sociedad, bastante avanzada para la época. Amante de la literatura, muy estudiada, muy viajada, una chica con la cabeza muy abierta, independiente y para la época eso estaba muy mal visto. La historia también tiene un costado muy pasional. Ella quiere gustarle a todo el mundo, busca que la miren, llama la atención todo el tiempo. Es un personaje que está muy alejado de mí, por eso estoy ensayando todos los días. Tengo que tener en cuenta muchos detalles, la forma de moverme, de hablar. ¡Tiene un vocabulario riquísimo! Es un gran desafío.

Pronto vas a encarar otro desafío y esta vez al lado de Harvey Keitel y Hayden Christensen en la coproducción argentino-canadiense Numb, que se va a filmar en el país [lo va a dirigir Rodrigo H. Vila].

Fue muy gracioso cómo se dio todo. Me llamaron para la audición y el director me contó con quienes iba a estar. Recuerdo que me comentó algo de un actor muy famoso y mencionó a Star Wars [haciendo referencia a Christensen, que interpretó a Anakin Skywalker, el futuro Darth Vader]. No soy seguidora de la saga, no vi nunca Star Wars. Pasó la conversación y quedó ahí. Al llegar a casa le cuento a mi esposo que voy a hacer una película con un actor muy famoso y con un chico que hizo Star Wars. No di demasiadas explicaciones. Cuando vuelvo a encontrarme con el director, Mike me acompañó y en un momento de la charla nombra a Hayden y a Harvey Keitel. En ese instante Mike se puso como loco; Keitel, Keitel, empezó a repetir. ¿Cómo no me dijiste que era con Harvey Keitel? Fue muy gracioso. La verdad es que no suelo hablar mucho de los proyectos.

¿Por cábala?

No, no es por cábala. Hasta que no digan acción no suelo contar nada, porque los proyectos, sobre todo los de cine, se bajan o se postergan. La peli de Maci viene desde hace tiempo [en un comienzo la iba a coprotagonizar con Leonardo Sbaraglia]. Mike suele decirme: sos negativa, tenés que hablarlo, tenés que decirlo. Yo prefiero esperar.

Lo bueno es que Mike está entusiasmado con Keitel.

Enloquecido, me hizo ver todas las películas, Perros de la calle, Thelma y Louise, Pulp Fiction [risas]. Estoy muy agradecida de que me den la oportunidad de trabajar en cine, por suerte empezaron a llegar varias propuestas.

Ofertas muy diferentes. A mediados de noviembre te vamos a ver como la psicóloga de Diego Capusotto, el guasón argento, en Nafta Súper [spin-off de la película Kryptonita que emitirá Space].

Me gusta mucho, mucho Capusotto. Miro sus programas, me divierte un montón. Nafta Súper fue sólo un día de filmación, la pasé muy bien. No se había cruzado nunca la oportunidad de trabajar con él porque hacemos cosas totalmente diferentes, pero se dio y ahora parece mentira, pero vamos a hacer una película juntos el año próximo.

¿De qué tratará?

Se llama 27, es el título tentativo, está muy verde todavía. El foco está puesto en el mito de los músicos que mueren a los 27 años [se conoce como El club de los 27, entre los que se encuentran Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix y Amy Winehouse, entre otros]. Hago el papel de una fanática que vio el accidente de un músico que muere a esa edad. Está muy bueno.

¿Por qué creés que ahora aparecen tantos proyectos?

Creo que se da porque muchos pensaban que ya no vivía acá, o que mi vida pasaba por otro lado. En realidad, vivo en todos lados. Donde hay trabajo estoy, me organizo, con Mike nos movemos como familia según nuestras agendas.

Ya son una familia rodante. Entre tus trabajos y las presentaciones de tu marido la valija siempre está lista para girar por el mundo.

Es la idea que tenemos con Mike. Por su trabajo va a viajar toda la vida, la carrera de un cantante es bien larga. Hay personas que quizás no pueden entender esta idea de familia rodante, les puede parecer muy liberal, muy hippie. Mis hijos son felices cuando están conmigo y con su papá. Son felices, no les importa dónde, no lo cuestionan. Ellos son felices con lo más simple, que es estar a nuestro lado y jugar a Spiderman, no necesitan otra cosa. Por supuesto que uno quiere que tengan una vida dentro de lo más normal y es posible hacerlo, hay colegios internacionales, lo que permitiría en un futuro que puedan seguir viajando con nosotros. Colegios como el Montessori, que está en Canadá y en Buenos Aires. También pueden educarse en casa. La verdad no sé muy bien cómo será. Es algo que lo vamos ir resolviendo día tras día, porque quizá cuando Noah empiece el colegio esté recontento y decidamos no sacarlo, no cambiarlo. Vamos a ir analizando los pro y los contra en cada momento. Sé que viajar también es importante, te abre la cabeza. Noah, tiene tres años y habla inglés y castellano a la perfección y de manera natural. Es reinteligente, es mi hijo qué puedo decir, tiene gran facilidad para aprender todo, sobre todo los idiomas. A mis amigos los dejó con la boca abierta, porque además traduce en el momento y sólo tiene tres años.

Confesa familiera, la de Luisana no es una pose, al contrario, no toma decisiones sin pensar en los suyos. En Michael Bublé encontró a su pareja ideal, al hombre que pudo entender, tal como le gusta decir “su enfermedad por la familia”.

Entre las tantas anécdotas de cómo se inició el romance, está la historia de la primera cita del cantante y la actriz, que lejos de ser un encuentro a la luz de las velas, fue en una cena familiar, en casa de los Lopilato. “Para muchos, lo mío con mi familia no es normal. El que no lo entiende es porque no lo vivió, no creció en un entorno así -reflexiona-. Mike sabe de lo que hablo, porque él también es así. Está muy presente con sus abuelos, con su mamá, con sus hermanas. La familia ocupa un lugar muy importante en su vida. Tengo amigos, conocidos que se sorprenden de que hable todos los días con mi mamá, o que ellos viajen seguido a visitarme. El que no creció con una familia así, unida como la mía, es muy difícil que lo entienda.”

Pero no sólo sos muy apegada a tu familia. También tenés un lazo muy fuerte con tus amigas.

Somos un grupo muy unido de ocho chicas. Somos amigas desde la primaria; una es del secundario. Somos muy, muy unidas. Obviamente, con el ritmo de vida que una tiene, resulta difícil verse seguido. Antes, cuando no estábamos casadas y no teníamos hijos, nos veíamos todos los fines de semana. Ahora intentamos hacerlo una o dos veces al mes. Hace poco nos encontramos y fuimos a comer a un restaurante nuevo que abrió en Parque Chas, nuestro barrio. Teníamos que conocerlo, dar nuestro veredicto.

¿Vas muy seguido a Parque Chas?

Siempre, porque mis papás siguen viviendo ahí y me gusta recorrer las calles donde nací y crecí. El otro día recordábamos con mi mamá que me la pasaba en la calle. Me llamaba a eso de las 8, 9 de la noche para ir a comer, pero me la pasaba con la bicicleta, jugando a las escondidas. Conozco el barrio de memoria, llegué a perder a varios paparazzi en ciertos momentos de mi vida. Crecí así, con amigos y en familia.

¿Y es lo que buscás transmitirles a tus hijos?

Tengo recuerdos de esas mesas largas en Navidad. Me gustaría en un futuro tener una mesa en la que estén mis hijos, con sus novias, mis padres, mis hermanos, mis sobrinos. Imagino algo así, y es lo que deseo para mi futuro. Tengo muy lindos recuerdos de mi infancia, de los momentos en los que compartía el cuarto con mis hermanos.

¿Cuál es la primera imagen que se te cruza cuando pensás en aquella habitación?

[Risas] La de mi hermano [Darío, también actor] pateándome la cama. Yo dormía arriba y él abajo, eran esas camas marineras. En casa decíamos que todo era de plástico porque no duraba nada. Lo rompíamos todo. Y mi hermana.[hace una pausa] Siempre le tuve miedo a los fantasmas por lo que me daba terror levantarme a la noche a buscar agua a la cocina, así que le pedía a Daniela [ahora nutricionista] que me hiciera el favor. A cambio, debía ser su sirvienta al día siguiente. Hacer todo lo que me pedía. Me extorsionaba.

Las redes sociales ocupan en la vida de Luisana un lugar de privilegio [en Twitter la siguen más de cinco millones de personas]. “Me encantan, no lo tomo como un trabajo, sino como un espacio para compartir, para estar en contacto con la gente. Pienso constantemente qué subir, qué mostrarles a los que me siguen. Lo disfruto, no lo siento como una presión, publico lo que tengo ganas. También me gusta ver lo que opinan los que me siguen desde hace un montón.”

¿Y también leés a los que te critican?

Leo todo y lo que no me gusta no permito que me afecte. No me modifica. Tengo cosas más importantes en mi vida que la de hacerme la cabeza por lo que otros dicen. Me relajo. Intento pensar en los que me siguen con cariño, en los que me ayudaron a ser quien soy. A ellos voy a estar siempre agradecida.

Además de tener seguidores por tu trabajo como actriz, como embajadora de L’Oréal Paris sos un modelo para muchas mujeres.

Siempre busco mostrarme tal cual soy, creo que de alguna manera encuentran en mí cierta cercanía, porque saben que soy la misma persona cuando trabajo o cuando estoy en casa. En todos estos años no cambié. Nunca necesité impostar nada.

En 2017, Luisana cumplirá 30 años. La edad no es algo que le preocupe, al contrario, siente que tiene un largo camino por recorrer. “Me gustaría tener más hijos, por lo menos uno más, y tener por lo menos dos proyectos de cine por año -dice-. Simplemente soy feliz con lo que tengo, con lo que construí”.