Es debido al ingreso de mejillones dorados que traen en sus aguas de lastre y generan inconvenientes en cañerías de la zona.

 

 

La sala B de la Cámara Federal de Rosario resolvió el pasado 1º de diciembre ordenar a la Prefectura Naval Argentina —bajo apercibimientos de ley— que mejore la cantidad y calidad de los controles a los buques transoceánicos que traen en sus aguas de lastre mejillones dorados chinos, una especie “importada” que ante los deficientes controles estatales copó la cuenca del Paraná generando no sólo un fuerte impacto ambiental, si no también inconvenientes en cañerías y tomas de agua. 

La Cámara responde de esta manera a un expediente impulsado por el abogado ambientalista Enrique Augusto Zárate quien desde 2013 le pedía a la Justicia que investigara las causas de la contaminación por bivalvos constatada en el río Paraná por diferentes estudios, al tiempo que exige que se vuelvan efectivos los controles y las sanciones que debe llevar adelante el Estado en esos buques para evitar la introducción de especies exóticas a los ecosistemas locales. 

 

Controles insuficientes 

Si bien Prefectura realizó algunos controles, estos fueron insuficientes y no pudieron impedir que los cargueros incumplieran las normas internacionales que existen al respecto, que exigen que el recambio de las agua de lastre se realicen en aguas marinas alejadas de las costas para evitar, justamente, episodios de contaminación como el del mejillón dorado. 

Según constataron en el documento judicial firmado por los jueces Elida Vidal y José G. Toledo, “si se hubieran controlado las aguas de lastre la invasión no se hubiese producido”. 

Contaminación del Paraná 

Asimismo se acota que “si los buques hubieran sido obligados a deslastrar en aguas oceánicas salinas antes de entrar en el Litoral, medio donde este bivalvo no tiene supervivencia, no existiría la contaminación fenomenal que arroja el río Paraná y que se ha extendido aguas arriba hasta llegar al Paraguay y la cuenca del amazonas”. 

En el Convenio de Londres —ratificado por ley 27.011— se establece que el recambio de las aguas de lastre debe hacerse a por lo menos 200 millas marinas de la tierra más próxima y en aguas de 200 metros de profundidad como mínimo. 

Del nivel alcanzado por este tipo de contaminación, que ya cubre toda la cuenca del Paraná desde el río de la Plata hasta el Amazonas, se desprende “con claridad” que la Prefectura Naval Argentina “realizó un deficiente o insuficiente control del agua de lastre de los barcos que ingresan a nuestro territorio proveniente de otros países”. 

“Un simple cotejo entre los controles realizados, la cantidad de barcos ingresados y el número de sanciones impuestas habla a las claras de que el control fue deficitario a fin de cumplimentar los requerimientos y expectativas de la normativa legal vigente, máxime cuando se encuentra por demás verificado el proceso de contaminación biológico existente”, razonaron los magistrados. 

Es por eso que contaminación ambiental de moluscos o bivalvos —denunciada con pruebas y testimonios de expertos en el tema— “tiene precisamente su origen en este error de no controlar buque por buque”. 

Soluciones 

Zárate explicó que en relación a las medidas de recomposición solicitadas —si bien el tribunal no hizo lugar a ellas por considerar que deben hacerse en un proceso ordinario y no con un amparo— el mismo día que salió la sentencia los magistrados presentaron un escrito en el que se hace saber que de acuerdo a estudios que se realizaron por la Fundación Museo de la Plata y otros (Darrigan-Pastorino,1995, Rapaport, Miraso, Carlton) se ha detectado que el armado común “puede desempeñarse como un eficaz regulador” del mejillón dorado. 

Se trata de un pez distribuido en toda la cuenca del Río de la Plata que, de acuerdo a los expertos citados por la Justicia “puede servir para el control biológico de esta plaga”, ya que al analizar su aparato digestivo pudieron determinar que el 75 por ciento de la alimentación encontrada era curbicula (mejillón dorado) y que en el 42 por ciento de los especímenes analizados aparecía este bivalvo “exclusivamente”. 

También se menciona como otro depredador a la corvina, lo que llevó a los jueces a sugerir que el Tribunal “bien podría exhortar a las autoridades a proteger ambas especies y así comenzar a recomponer el ambiente”. 

Según Zárate, estas medidas de protección a las especies armado común y corvina “no serían solamente medidas de recomposición, sino que podrían ser verdaderas medidas preventivas para evitar la dispersión incontrolada del mejillón dorado”.