El ex presidente de Estados Unidos se animó al desafío acuático de su amigo Branson. Y le ganó.

Lejos de las presiones con las que convivió durante los ocho años en los que fue el presidente de Estados Unidos, y a menos de un mes de haber dejado la Casa Blanca en manos de Donald Trump, Barack Obama descansa en el Caribe junto a su esposa. Está en una isla privada, propiedad de su amigo Richard Branson. Y las fotos publicadas en la cuenta oficial de Twitter del multimillonario demuestran que los Obama están pasando días relajados y divertidos.

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Branson, dueño de un holding que agrupa a más de 400 empresas, retó a Obama a un desafío acuático: mientras al ex mandatario le enseñaban la práctica de kitesurfing, el multimillonario intentaba aprender foilboarding. La victoria se la iba a llevar el que aprendiera primero a realizar el deporte.

“Barack y yo nos caímos muchas veces, pero seguimos intentando una y otra vez y logramos progresar a medida que pasaban los días. Estábamos nariz a nariz hasta el último momento”, contó Branson a través de un video que subió a su cuenta de Instagram.
Y agregó: “Cuando pude levantarme en el foilboard grité por los siguientes 50 metros, elevado casi un metro sobre el agua. Me estaba sintiendo muy bien de mi progreso cuando levanté la vista y vi a Barack avanzar 100 metros en su kiteboard. Tuve que quitarme el sombrero y celebrar su victoria”.

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La isla de Branson tiene una extensión de 30 hectáreas y cuenta con una serie de cabañas de lujo, además de un lujoso resort en el cual pueden alojarse hasta 30 residentes.

Este es el destino elegido por los Obama para sus vacaciones tras dejar la Casa Blanca
Hay un staff permanente de 100 personas para atender a los visitantes, y en los momentos en que Branson no está ocupando la isla, cualquiera puede alojarse en el lugar. Alquilar el resort cuesta 80 mil dólares por noche.