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lunes 4 de julio de 2022

La situación en el Almirante Brown ya pasó de castaño oscuro

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Un grupo de padres colectará firmas para solicitar la intervención interministerial. Así lo decidieron, tras la decimocuarta amenaza de bomba del ciclo lectivo 2017, sin contar las registradas durante 2016. Esto, sumado a problemas edilicios y de higiene, ha llevado al límite la paciencia de la comunidad educativa.


En tal sentido, a partir de mañana, colectarán firmas para solicitar la intervención interministerial en una solución para el establecimiento, ya que cada requisa afecta a múltiples sectores de la comunidad. Si bien son los alumnos los más perjudicados -en su derecho a aprender-, los padres manifiestan “miedo” e “inseguridad” de tener que dejar a sus hijos en clases, sin saber si permanecerán en el establecimiento o pasarán la jornada al a intemperie.
Cada evacuación genera caos vehicular en las calles aledañas, pero también perjudica al comercio, que pierde ventas durante horas –casi dos- que dura cada inspección de la Brigada Antiexplosivos, especialmente a los dos servicios concesionados que funcionan en el interior de la escuela: la cantina y la fotocopiadora. Además, los docentes deben hacerse cargo de la seguridad de los niños en la vía pública mientras se realizan las tareas policiales, con los riesgos para la seguridad que esto conlleva, sobre todo teniendo en cuenta que el protocolo implementado es el agrupamiento de niños y docentes sobre Pje. Larramendi, entre 25 de Mayo y San Martín, zona con un frondoso historial de descarrilamientos del Belgrano Cargas. Conductores y peatones se ven también perjudicados, ya que deben realizar desvíos de varias cuadras por el perímetro policial que abarca dos cuadras a la redonda.
Finalmente, los transportistas escolares tienen otro problema: llegado el momento de dejar un menor encomendado por sus padres a su cuidado, ¿qué hacer al momento de llegar a la escuela y encontrarse con toda la comunidad educativa en la vía pública?

Hay otros problemas
La falta de limpieza es la principal “otra” queja de los padres y alumnos. Complejos educativos como la Escuela Normal o la Escuela Sarmiento, que se comparan en cuanto a turnos y niveles, no registran problemas similares en sanitarios, pisos y mobiliario.
En cuanto al mantenimiento, faltan en las aulas calefactores y ventiladores, y hasta luminarias. O, bien, los hay y no funcionan. El estado de los sanitarios es deplorable, a tal punto que muchos alumnos ya han optado por no utilizarlos y “aguantarse”.
Otro de los inconvenientes que manifiestan los padres, fundamentalmente los de alumnos de la escuela primaria, es la apertura permanente del portón de ingreso. Al contrario de lo que sucede en otros establecimientos, el Almirante es una escuela de puertas abiertas donde cualquier persona puede entrar –y salir- a su gusto. Con los accesos internos ocurre al revés: los alumnos que asisten a clases de Educación Física en contraturno y se quedan a almorzar en la institución, deben salir a la vía pública y volver a ingresar por el portón de acceso, porque la comunicación interna entre el gimnasio y el resto de las instalaciones permanece cerrado con llave. Al respecto, un grupo de padres de los grados inferiores, solicitará, además, que se revea la distribución horaria de las materias.

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