Luis Contigiani afirmó que “los gringos del campo se sintieron muy atacados por Cristina. El kirchnerismo llegó tarde a la problemática rural, nunca entendieron”.

Se llama Luis Contigiani, le dicen “el Colorado” y nació en Arequito. El primer candidato a diputado nacional del Frente Progresista fue el primero en salir a criticar las políticas del macrismo, incluso en medio de la luna de miel con la sociedad. Para los críticos, el ministro de la Producción tiene un discurso muy “ochentista y psicobolche”. Para los propios, es “el único candidato que habla de política y no está coucheado”.

—¿Cómo se hace para escuchar a un candidato entre el ruido de 57 listas a diputado nacional?

—Hay una lista que representa a la centroderecha, la de Cambiemos, pero hay muchas más que se insertan en algo más democrático, de perfil social, productivista, industrializadora. Nosotros, el oficialismo provincial, debemos terciar entre esos dos polos, debemos marcar el camino de la gestión del gobernador Lifschitz. Es el presente que queremos capitalizar.

—Usted criticó al gobierno nacional, a sus políticas económicas, casi desde el mismo momento que asumió.

—Entre diciembre del 2015 y marzo del 2016 estuve más en Buenos Aires que en Santa Fe. Hasta que luego de muchas reuniones con el gobierno nacional me di cuenta que estábamos ante un perfil de funcionarios de tipo empresarial, no políticos, que no entendían de administración pública y que tenían problemas de gestión. En ese momento dije que me ponía al frente de los problemas santafesinos para intentar mejorar.

—Pero los funcionarios del gobierno creen que la economía empieza a dar resultado y que los números macro están bien.

—Me hace acordar a la dialéctica de los 90, cuando la macro estaba bárbaro y había que discutir con Cavallo. Porque Cavallo traía una batería de datos, pero este gobierno de Macri no es sólido. Técnicamente hay una recuperación en los sectores agroexportadores, financieros y, levemente, en algunos sectores se empieza a recuperar luego de un bajón profundo. En el escenario más optimista, a fin de año podemos estar a niveles de situación económica de diciembre de 2015. En la micro, en la vida cotidiana de la gente, estamos mal.

—Hay mucha gente que dice: ” A mí no me importa si estamos mal en la economía este tiempo, hago el esfuerzo y voto al gobierno para que no vuelva el pasado”.

—Pero desde el Frente Progresista santafesino tenemos con qué terciar. En forma contracíclica estamos haciendo reaccionar a algunos sectores económicos. Nuestra decisión política es intervenir en la economía para defender el empleo y el laburo de los trabajadores. Este gobierno está en todos los conflictos laborales haciendo procedimiento de crisis, buscando acuerdos para que no haya despidos. Mientras el Ministerio de Trabajo nacional no se involucra porque tiene una mirada privatista, nosotros hemos intervenido en 170 conflictos privados defendiendo el trabajo. Esa es una decisión política consecuente con la manera nuestra de ver la economía. Y les dimos a las empresas una gran contención económica para ganar tiempo. Santa Fe tiene para mostrar un camino diferente y le puede mostrar al país ese camino.

—¿Usted se reivindica alfonsinista?

—Alfonsín me marcó mucho generacionalmente. No soy orgánicamente radical, pero me marcó Alfonsín. No soy socialista, pero me debo a la confianza de Lifschitz y de otros dirigentes. Lo mío es raro, soy de un hogar humilde y trabajador pero mis padres me transmitieron una manera de vivir muy digna. Me identifiqué mucho con la militancia de la Federación Agraria y empecé a respirar ese mundo. Tengo una fuerte formación agrarista y cooperativista.

—Hay un sector del campo muy importante que apoya a Macri a rajatabla.

—El campo se sintió muy atacado por el kirchnerismo y encontró en el gobierno actual a alguien que los escuchó. Los gringos se sintieron muy atacados por Cristina. El kirchnerismo llegó tarde a la problemática rural, no entendió nunca qué estaba pasando en la base sociológica del campo. Nunca entendió la diferencia entre un pequeño productor sojero y uno grande, creyó que todo era lo mismo. Lo que estoy notando es que los productores le están demandando al actual gobierno. La rentabilidad de los colonos necesita más políticas públicas. Este gobierno representa a una derecha que me hace extrañar a los conservadores del Siglo XX, como Pellegrini, Prebisch. Tenían idea de Nación. Esta dirigencia política de ahora no tiene eso, vuelan rasante, playito. Yo le pongo palabras a la política.

—Ahora bien, usted tiene un discurso economicista, pero lo que se le reprocha y critica al Frente Progresista es lo que hizo en materia de seguridad. Lifschitz prometió un plan y mucha gente se pregunta: ¿dónde está ese plan?

—Hay un plan de seguridad. Pero la violencia y la seguridad en la Argentina es producto de la ruptura de la sociedad. Por eso, todo el sistema político tiene que volver a construir sociedad. De lo contrario, no se puede resolver el tema aunque tengamos el mejor plan de seguridad. Acá, el gobierno nacional y el provincial articularon bien y se encontraron algunas respuestas. Pullaro está haciendo un gran esfuerzo para profesionalizar a la policía, hay un plan integral. Pero todavía corremos desde atrás, falta mucho.

—El Frente Progresista, el socialismo, fue durante muchos años una barrera para el kirchnerismo. Ahora apareció Cambiemos y el socialismo espantó esos votos cuando dudó en votar a Scioli o Macri en el ballottage. ¿Adónde va a ir a buscar usted los votos?

—El kirchnerismo no es el peronismo. Yo no tengo una opinión antiperonista, ni mucho menos. Siempre entendí la dinámica de los sectores populares, lo que representó el peronismo. La política argentina no se puede pensar sin el peronismo, de hecho Cambiemos tiene una pata peronista muy fuerte.

—Reutemann, Obeid, Binner, Bonfatti y ahora Lifschitz intentaron “alambrar” Santa Fe para que no quede presa de los gobiernos nacionales. El macrismo ya tiene la ciudad de Santa Fe con Corral, y viene por Rosario y la provincia.

—Santa Fe es el último gran bastión del progresismo. Acá hay ética pública y no hay corrupción, funcionan los poderes del Estado, todos dialogamos con todos. Somos diferentes a la bipolaridad con la que funciona en este momento el país. La grieta es una necesidad del poder y del centralismo. En Santa Fe no hay grieta, acá la gente, los santafesinos, son muy exigentes. Esta es tierra de emprendedores, de iniciativa privada, de perfil social. Somos un bastión, y tal vez el gobernador lo quiera convertir en vanguardia para el país. Si salimos, podemos contribuir a generar una nueva mayoría nacional. Convoco a los radicales progresistas, a los socialistas, al peronismo, a demócratas progresistas, desarrollistas, intelectuales. Hay que balancear el sistema y hacerlo mucho más equilibrado.

—La grieta es un fenomenal negocio que fue creado por el kirchnerismo y el macrismo para dejar afuera al resto de la política.

—Hay que romper esa bipolaridad. Nosotros podemos mostrar acciones en todos los temas, en salud, en educación, en obra pública, en desarrollo industrial. Y nuestro compromiso por la ética pública.