El hashtag #10añoschalleng ha sido creado, dicen, para “entrenar” los algoritmos de reconocimiento facial digital, pero puede ser utilizado para reflexionar sobre nuestra relación con el medio ambiente y sus consecuencias.

Por Pablo Benito

Existe la idea generalizada de que, en nuestras zonas agrícolas, del norte provincial, faltan obras civiles públicas para manejar el excedente de agua que no circula y se queda en los campos, ocasionando “millonarias pérdidas” que, con los raquíticos recursos del Estado, terminamos paleando de alguna manera u otra.

La realidad es elocuente, en donde hoy existen pradera, sembradíos extensivos y latifundios de enorme extensión -en una expresión de hegemonía, casi absoluta, de siembra de soja-, hace apenas 30 años había bosques y monte forestal. Lo que puede verse en la imagen satelital, con apenas tres décadas de diferencia es precisamente, la proliferación del ser humano poniendo “manos a las obras”.

Lo que puede verse en la imagen satelital, con apenas tres décadas de diferencia es precisamente, la proliferación del ser humano poniendo “manos a las obras”.

El mercado, seductor con sus precios en los commodities, durante una década hizo el resto para que, en la zona del “Chaco húmedo”, la soja corra a los campos de alfalfa, estos últimos a las extensiones ganaderas que le “ganaron” terreno al bosque, transformando en pradera lo que era bosque.

En ese proceso, se fue dando una situación por la que parecería que la obra civil que le exige el mercado al Estado es hacer un enorme techo corredizo para que no se produzca lo que, claramente, se iba a producir.

Regímenes de lluvia extraordinarios y nula capacidad del suelo, y la vegetación, de absorber el excedente hídrico. Inundaciones y proliferación de la expresión “¡Oh, que desastre!”.

De la selva a la pradera

La foto es aún más evidente si retrocedemos a través de otro tipo de documentación y archivos, también públicos y publicados, a 250 años atrás (lo que constituye un tiempo largo para un ser humano, pero un suspiro para la sociedad y, ni hablar para la naturaleza).

Florean Paucke, jesuita y científico (que hoy puede sonarle de algún lado porque se limita a dar su apellido a un emprendimiento inmobiliario de cemento en el sur de la ciudad), recorrió la zona conocida como “el albardón costero”, haciendo asiento en lo que hoy conocemos como la ciudad de San Javier.

La realidad es elocuente, donde hoy existe pradera, sembradíos extensivo y latifundios de enorme extensión, hace apenas 30 años había bosques y monte forestal.

El relevamiento iconográfico del jesuita durante su estadía junto a los indios mocovíes, permiten distinguir la existencia de una selva, en ese punto geográfico, que llegaba hasta la ciudad de Santa Fe actual. Sus dibujos y relatos permiten reconocer especies y asociaciones vegetales complejas, con una diversidad de especies animales que hoy solo podemos mostrar a nuestros hijos en los dibujos de Pixar (y en el libro de Paucke: “Más allá y más acá”, claro está.)

Mario Margaritini, agrónomo y paisajista santafesino, nos golpea con una serie de verdades el sentido común que se ha privatizado por el mercado. “Cómo no va a haber inundaciones en territorios en que, en lapsos vertiginosos de tiempo, lo que era selva lo transformamos en pradera. Una hectárea de selva retiene agua equivalente a 100 hectáreas de pradera… multiplicalo por las enormes áreas que han sido transformado. Hablamos de millones de hectáreas. Transformamos selva en piletas o tanques australiano ¿Qué podía salir mal?”

 

El enorme negocio de forestar

La vegetación retiene el agua de lluvia, evitando que esta corra de prisa hacia los ríos y la consecuente erosión y crecidas inmediatas y voluminosas. Además de la que absorben para su supervivencia, una cierta cantidad de agua moja sus hojas y troncos, evaporándose luego.

¿En cuánto aporta a la retención de agua 1 Km cuadrado de bosque o selva? ¿Cuántos árboles caben en esa misma superficie? Hablamos de un árbol, sólo a los efectos didácticos, pero debemos entender que la naturaleza conforma un sistema, en donde los factores y el producto se alteran y tensionan de manera permanente. Hablamos de UN árbol sin detenernos en una especie cuyos beneficios, en ese sistema varían cuando se improvisa la deforestación, así como cuando se planifica la re-forestación.

Un árbol es un sistema ecológico donde conviven pájaros, hongos y mariposas, por la humedad que evapora, retiene, cuando llueve, según su follaje, gran cantidad de agua. Un solo árbol evapora 385 litros de agua diarios. Es un aire acondicionado de nulo costo de tarifa eléctrica.

Al interceptar y retener o disminuir el flujo de la precipitación pluvial que llega al suelo, los árboles urbanos juegan una importante función en los procesos hidrológicos urbanos al reducir la velocidad y volumen del escurrimiento de una tormenta (entre un 7 y un 12%).

Un árbol es un sistema ecológico donde conviven pájaros, hongos y mariposas, por la humedad que evapora, retiene, cuando llueve, según su follaje, gran cantidad de agua (un fresno puede retener 200 litros); un solo árbol evapora 385 litros de agua diarios. Es un aire acondicionado de nulo costo de tarifa eléctrica.

Debido a su capacidad de retención de agua de lluvia, evita inundaciones, protege el suelo de la sequía y de la erosión del viento: el árbol absorbe el polvo diario de las ciudades que se deposita en su follaje; atenúa el ruido de las ciudades a la vez que controla la temperatura y atempera los rigores climáticos; purifica el aire por fotosíntesis, produce oxígeno y fija el dióxido de carbono; el 80% del agua de lluvia cae al suelo en forma directa, pero pierde su acción erosiva al amortiguarse con los árboles; el 20% del agua lluvia es interceptada por las copas de los árboles y se devuelve a la atmósfera por medio de la evaporación. 20 años es mucho y a la ves… nada.