La experiencia nacional del último cambio de gobierno, en el que el debate se instaló en determinar “la herencia”, hizo tanto daño al Estado como la recesión.

Pablo Benito

Transparencia activa es el verbo –no adjetivo- que bien podría determinar el cambio de signo político en el gobierno provincial y en las dos intendencias más importantes de Santa Fe.

No se trata, apenas, de evitar teñir con oscuridad la transición. Se pretende imprimir la deliberada intención, democrática, de quienes salen y quienes entran -a la función pública- de dejar en claro en los números y en un sincero balance de gestión las premisas de una experiencia que supera el año de gestión.

La experiencia nacional del último cambio de gobierno, en que el debate se instaló en determinar “la herencia” recibida por la administración entrante, debería ser suficiente enseñanza para que la ciudadanía exija la exposición pública del estado de situación en que se encuentran las políticas públicas y la decisión política de grandeza de ambos sectores de culminar la transición con un informe conjunto sobre cuál es el escenario objetivo en que se encuentra el Estado y cuáles sus perspectivas.

No parece ser la misma energía la empleada para llegar al gobierno que para asumir la vocación de servicio que implica representar la voluntad popular.

Claro está que no parece ser la misma energía la empleada para llegar al gobierno que para asumir la vocación de servicio que implica representar la voluntad popular.

Este tiempo, precioso, que se está perdiendo en auditar el proceso tiene su origen en la idea, instaurada, de que los gobernantes tienen un cheque en blanco para manejar la cosa pública y es en la polémica y las “grietas” en que se diluye la responsabilidad de los sujetos que van a cumplir funciones públicas y de los que ya lo hicieron.

Es este el momento en que los que vienen deben prepararse para comprender cuál es la función que cumplirán y en qué condiciones lo deberán hacer. Desde el Gobernador o Intendente, hasta el último funcionario de la grilla más fina debería, ya, estar designado y preparándose para cumplir su rol con la información al que está obligado a brindar quien deja un cargo.

Es una obligación exigible y es una opción que tiene quien se retira con la conciencia limpia.

En la provincia

Hay una pregunta que la tecnología puede responder de manera práctica para luego dejar la pertinencia a posterior discusión ¿Deberían ser las reuniones oficiales de la transición, entre equipos técnicos, de carácter confidencial? ¿Sería inconveniente o descabellado que las conversaciones sean grabadas y expuestas públicamente con la bondad que otorga la internet para que esto suceda?

El Poder legislativo, con las versiones taquigráficas, ha planteado, desde un principio, la obligación de los cuerpos deliberantes de hacer pública las intervenciones y las posiciones de cada representante.

El Poder Judicial, viene incorporando el juicio oral y público a los procesos penales –si bien estos no están publicados– y avanza hacia una digitalización del sistema que podría permitir, en casos de interés, la publicación de las actuaciones.

El Poder Ejecutivo dista mucho de democratizar sus procesos políticos.

¿En que podría perjudicar a un proceso, por ejemplo, de transición la grabación de todas y cada una de las reuniones? No se trata de asuntos de seguridad nacional. Se trataría, más bien, de permear las negociaciones, entre representantes, en cuanto al manejo de la cosa pública.

Es el principio de “no judicialización” de los pretextos de gestión.

Fondo Anti cíclico

Asoma como polémica, más chicana que real, la conformación del fondo anti cíclico constituido por el ex gobernador, Jorge Obeid, de $ 1.600 millones de pesos que en 2007 habría dejado en caja -actualizado-, $ 25.000 millones (unos 600 millones de dólares).
La suma, para nada despreciable, demuestra una diferencia -más ideológica que contable- de un gobernador que tomó la decisión política de fijar una política de Estado en base a una impronta de gestión de plazos más extensos que los de su gestión.

Esa decisión pudo haberse modificado, legal y justamente, por el gobierno de Hermes Binner y los posteriores, por considerar que debía gastarse para reformar el Estado, financiar gastos corrientes, de capital o lo que haya considerado pertinente.

La calidad institucional no fue exigible en 12 años por considerar que el voto popular ratificaba un rumbo -cual si fuese un periodo único de tres mandatos- por lo que no hubo rendición de cuentas de gestión.

Lamentablemente la intención de insistir con esto es la facilidad de poner contra las cuerdas a la gestión socialista que, en este contexto, “cualquier cosa que diga será usada en su contra”, pero lo tiene que aclarar. No con declaraciones sino con un pormenorizado informe político financiero de síntesis de su gestión.

La calidad institucional no fue exigible en 12 años por considerar que el voto popular ratificaba un rumbo -cual si fuese un periodo único de tres mandatos- por lo que no hubo rendición de cuentas de gestión. Ahora, por esa misma razón, el balance necesario y correcto debería ser por los 12 años.

Deberán trabajar un poco más o quedar expuestos a la desconfianza popular de la crítica de un gobierno entrante que, en la fácil, lo utilizará como excusa.

El gobernar con el espejo retrovisor no es una excepción. Pasados los años se transforma en una constante de divorcio de la clase política con la verdad y la responsabilidad de quienes se presentan como estadistas y se ofrecen a representar al ciudadano.

“Falta para el 10 de diciembre”

No ha sido feliz la declaración del actual gobernador. La transición, si comienza el 10 de diciembre, sería un fracaso institucional y la pérdida de una oportunidad histórica de demostrar que Santa Fe tiene políticas de Estado, más allá de los eventuales actores.
Igualmente, la oportunidad la tienen ambos referentes. Perotti y Lifschitz tienen la posibilidad de ampliar su responsabilidad hacia la población preparando la transición seriamente.

Con equipos en Salud, Educación, Desarrollo Social, Producción, Política económica, Justicia.

Es un gesto de madurez de la democracia que aún no ha llegado a las instituciones, pero en momentos en que la política está siendo denostada por las corporaciones, es indispensable seriedad en esta transición en momentos sumamente difíciles para la población.

Los “responsables” de la comunicación del gobierno actual, con el electo, no puede reducirse a dos ministros, Pablo Farías y Gonzalo Saglione y Roberto Mirabella, Rubén Michlig, Armando Traferri y el diputado provincial Leandro Busatto.

No falta ni mucho ni poco para el cambio de gobierno, lo que si falta es “tanto” para lograr encaminar políticas de Estado por detrás de las mezquindades profesionalizadas de la política.

No falta ni mucho ni poco para el cambio de gobierno, lo que si falta es “tanto” para lograr encaminar políticas de Estado por detrás de las mezquindades profesionalizadas de la política.

 

Santa Fe Ciudad

Si en la provincia hay espacio para la crítica en torno a la falta de seriedad del proceso de transición. Más grave aún es lo que ocurre en la ciudad de Santa Fe.

No hay buenas perspectivas en cuanto a la honorabilidad garantizada en el cambio de mandato.

La gestión es una rutina, una cotidianeidad, primero técnica y de asuntos urgentes y luego –si queda tiempo y resto- política y con algún margen para la creatividad de nuevas acciones con algún grado de identidad propia.

Emilio Jatón y José Corral, tuvieron una reunión solitaria y fuera de agenda oficial y el actual intendente le demostró, al ex periodista, lo que es la política de sobrevivencia en el trazo fino. Ese que la mayoría de la población desconoce.

La reunión “secreta” se filtró y el intendente electo mordió el polvo.

En el socialismo de la ciudad y entre la enorme masa de desocupados del sector de la rosa provincial, fue visto con malos ojos la gambeta de Jatón de “cortarse solo”.

El espacio del Frente Progresista, necesitó del alto grado de conocimiento de su candidato, pero ahora es el ganador quien debe surfear entre el bravío mar de olas ajenas y necesita una tabla en donde apoyarse. Su juego personal no sirve para la gestión, ni su carisma, ni su ascendencia sobre la gente.

La gestión es una rutina, una cotidianeidad, primero técnica y de asuntos urgentes y luego –si queda tiempo y resto- política y con algún margen para la creatividad de nuevas acciones con algún grado de identidad propia.

Esa primera reunión “secreta”, marcó el inicio, no de la transición municipal, sino de la gestión Jatón. Quiera o no. Lo reconozca o lo niegue, esa es la primera gestión de gobierno. Empezó de espalda a la ciudadanía aunque a pocos le pueda importar es una forma de gastar credibilidad a cuenta.

El paraguas de la publicidad de los actos de gobierno es para los representantes también. Es lógico que, de no usarlo, la imagen es que ya están mojados. Cuando las campañas culminan, comienza la realidad a la que no se puede engañar con slogan y silencios.