Aunque en junio, tras las PASO, Jair Bolsonaro y sus funcionarios advertían que no deseaban un éxodo argentino a sus tierras en caso de que los Fernández ganaran las presidenciales, así como hasta amenazaban con salir del Mercosur en tal caso, ahora, la continuidad del acuerdo Unión Europea – Mercosur parece estar condicionada, irónicamente, a que Brasil logre contener los voraces incendios desatados por estos días en la selva amazónica. El fuego avanza inexorable mientras el mundo asiste pasmado a interminables correveidiles de la elite política internacional, circula Fake y se realizan cadenas de oración internacionales pidiendo lluvia porque pareciera que solo Dios puede apagar el incendio.

Analía De Luca

A Dios lo que es de Dios

En cuanto a Dios…algunos emisarios de Dios quedan en la tierra. Al contrario del rabino Sergio Bergman, que, en ocasión de los incendios que azotaron a La Pampa en enero de 2017, siendo Ministro de Medioambiente argentino, había asegurado que eran “una profecía apocalíptica”, en relación al Amanzonas, el vocero católico de Dios, Francisco, se ha expedido públicamente sobre los incendios en tono social: en sintonía con su encíclica Laudato Si, ha pedido el compromiso internacional para rescatar este “pulmón” indispensable para la vida, apuntando a las transnacionales que con la excusa de preservar el Amazonas se enriquecen con negociados de extracción de materia prima autóctona en perjuicio de los pueblos nativos.

Sin embargo, en un primer momento, tanto Jair Bolsonaro como su par boliviano Evo Morales (la Chiquitanía también está afectada por el fuego), resistieron a recibir ayuda internacional en el combate de los incendios. Consideraban, al contrario que Francisco, que era ropa sucia que debía lavarse en casa, mientras sus vecinos de Mercosur chusmeaban sobre el tapial sin atinar a tirarles un par de baldazos de agua. En estas primeras valiosas horas de incertidumbre e indecisión, kilómetros de ecosistema se perdieron para siempre.

Al César, lo que es del César

Días antes de que comenzaran los incendios, Noruega había denunciado que Brasil incumplía tratados ecológicos internacionales y retiraría financiamiento a algunos proyectos de cooperación en territorio amazónico. Días después, ya con el desastre ambiental en proceso, primero Francia y luego Irlanda amenazaron con bloquear el reciente y tan mentado acuerdo Unión Europea – Mercosur si Brasil no logra revertir el daño ecológico.

Incluso, los líderes del G7, reunidos por estos días en una cumbre de rutina, han tomado como eje del cónclave la situación amazónica y han decidido tomar el toro por las astas, o, mejor dicho, intervenir los incendios con sus fuerzas de contingencia. Por supuesto, tanto Bolsonaro como Morales se han retractado de su posición inicial y han aceptado la ayuda. Hay que apagar el fuego; después…veremos.

Y mientras esta intrínseca declaratoria de interés de Europa en el Amazonas abre un abanico de interrogantes políticos, económicos y morales – ¿qué interés tiene Noruega en el Amazonas?, ¿cómo operan los intereses irlandeses y franceses en territorio Latinoamericano?, ¿por qué Trump está más interesado en comprarle a Dinamarca una Groenlandia que no está a la venta que en colaborar con sus hermanos americanos a apagar el fuego? -, también pone en evidencia una certeza: Mauricio Macri enviará 200 efectivos especializados; Evo Morales anunció el alquiler de un avión tanque de avanzada; Bolsonaro movilizó al ejército a la zona del incendio…pero ni así Mercosur no puede apagar su propio incendio; su “gran hermano” y “gendarme del mundo”, Estados Unidos, está ocupado en otros asuntos y sus sobreprotectores y controladores padres, los líderes del G7, como siempre, decidirán qué hacer.
Después veremos

Ese “después veremos”, seguramente, será un “devolver la cortesía”. Mercosur quedará endeudado moralmente con el mundo, representado por el G7. Y Brasil será el perdedor del juego, el que no pudo gestionar una solución para un problema interno, y, obviamente, no podrá liderar el Mercosur.
Para Bolsonaro, el costo político será irrecuperable. Acusó en primer lugar a ONG ambientalistas y a pueblos originarios de iniciar el incendio; luego se retractó y admitió no tener pruebas. Se burlaba y pretendía inmiscuirse en los asuntos de sus socios y vecinos, y ahora en carne propia siente cómo fuerzas extranjeras se burlan y se inmiscuyen en Brasil, mientras rescata y agradece la solidaridad de los países limítrofes.

El fuego del Amazonas arrasará con algo más que el ecosistema natural. Arrasará la política vieja. El agua que apague el fuego también va a lavar varias caras. Las piezas van a cambiar de posición en tablero y Mercosur deberá decidir si extingue su llama para siempre en cumplimiento de mandatos externos o aprende a gestionar su enorme potencial de energía en beneficio de sus ciudadanos.