Los recientes dichos del intendente de Villa Gesell tras el asesinato a golpes de Fernando Báez Sosa a merced de un grupo de rugbiers en plena temporada alta turística abren una interrogante: ¿es el alcohol responsable de los desmanes?

Analía De Luca

“Notamos que los chicos de alguna manera están un poco abusando y estamos tratando de controlarlo tomando medidas en la playa y en las discotecas. No depende solamente de la policía y el municipio. Hay una cuestión cultural de educación y concientización”, había dicho tras el crimen el intendente Gustavo Barrera. Sin embargo, solo después del escándalo por la muerte de Báez Sosa “prohibió” el consumo de alcohol en la vía pública, aunque esta prohibición rige en todo el país desde el año 1997 según la ley nacional de lucha contra el alcoholismo (Ley 24887).

 

Asimismo, de ninguna manera es potestad de un jefe comunal prohibir ningún consumo, a lo sumo regular la venta como en el caso de la ciudad de Santa Fe donde la venta de bebidas alcohólicas está reglamentada con numerosas ordenanzas. Al igual que Martín Yeza, intendente de Pinamar, que dijo que “no sabe qué hacer con los cuatriciclos”, Barrera parece deslindar responsabilidades en “la familia”, “el consumo”, “el rugby” (que es cierto, también tienen responsabilidad) pero no hace un acto de constricción por los 22 años de inacción municipal en cuanto a controles y sanciones a comerciantes y turistas.

¿Dependía de la policía?

Jóvenes en todo el país y el alcohol es la droga más fácil de conseguir. Sin embargo, la Legislatura provincial de Buenos Aires permitió en diciembre de 2018 una “ampliación” del horario de expendio de bebidas alcohólicas en Gesell (así como en todo el corredor de la costa atlántica), para que entre diciembre y marzo se pueda conseguir bebidas entre las 8 y las 23 y así las familias se puedan quedar “otro rato en la playa”, cuando la legislación anterior solo permitía el expendio entre las 10 y las 21 todo el año.

En la costa atlántica, además, a partir de ahora realizarán controles de alcoholemia a patovicas, lo que no estaría mal si no viniera a colación del crimen de Baez Sosa, porque el propio sindicato de personal de seguridad en espectáculos públicos aseguró que tal como se ve en las imágenes difundidas por la prensa, el personal de seguridad del boliche actuó “de manera óptima” en el operativo para sacar a los rugbiers del boliche y a Báez Sosa por otra puerta, aunque luego se encontraron afuera, fatalmente.

El boliche Le Brique, en tanto, fue clausurado por los organismos de control del Ministerio de Seguridad bonaerense por infracción al artículo 5 de la Ley de nocturnidad N°14.050 que prohíbe la venta, expendio o suministro de bebidas alcohólicas en vasos, copas o similar, que superen los 350 mililitros de capacidad. Esto “tras” la muerte de Fernando, obvio.

Ahora está “ley seca”, o decreto “Berni”, como lo llaman algunos medios, no es más que una medida publicitaria para sostener el turismo en pleno pico de temporada: Sergio Berni, de repente devenido en un Eliot Ness, cayó en la cuenta de que la policía estuvo mirando para otro lado durante el asesinato de Baéz Sosa (y vaya uno a saber en cuántos casos más) y ni aunque tuviera las “pistolas Taser” defendidas por la exministra de Seguridad nacional Patricia Bullrich hubieran intervenido, simplemente porque en Gesell -y en la costa en general- se lo dejaba al turista hacer lo que deseaba y así obtener algo más de su dinero para las arcas locales.

¿Dependía de la municipalidad?

Villa Gesell es un destino turístico para nada económico. Las personas que llegan allí de vacaciones son por lo general personas educadas y con cierto poder adquisitivo que, entre otros motivos, eligen la localidad para vacacionar porque es un lugar donde todo está permitido, aunque Barrera diga que están “tomando medidas”.

En la misma semana de la muerte de Báez Sosa, se viralizó un video de una “guerra de botellazos” en la playa, donde cientos de jóvenes se arrojaban botellas de plástico y vidrio, vacías y llenas, y hubo varios heridos de distinta consideración. Días antes de la muerte de Fernando se derrumbaron tres balcones de una propiedad muy cercana a la playa. Este último 20 de enero, además, se incendió un pastizal en la rotonda de acceso a la ciudad por las altas temperaturas, cerrando el único acceso al aeropuerto y afectando un transformador de energía eléctrica: el pasto era de la altura de un bombero, según se vio en las imágenes. La propia Virginia Gómez, la joven que realizó infructuosamente RCP a Báez Sosa, aseguró “el desborde va en aumento, no sólo en los boliches, sino en las playas, donde el descontrol sorprende”. A Gesell no vuelvo nunca más”, lamentó.

La causa ya está en manos de la justicia. Los padres de los culpables cargarán con la pena de no haber educado bien a sus hijos. Los comerciantes ya no podrán vender tanto alcohol y perderán algunas monedas. Los turistas que lleguen sentirán cambios. Pero se perdió una vida mientras las autoridades hacían la vista gorda y deslindaban responsabilidades en “el alcohol”.