Tiene 29 años, es profesional pero tuvo que dejar de atender a varios pacientes, renunció a un trabajo y se vio forzada a cerrar un comercio del que era dueña. Su vida cambió para mal luego de conocer a una persona por la red de contactos . Cuando le planteó terminar, comenzó el hostigamiento.

Tiene 29 años, vive en Rosario, es psicóloga pero tuvo que dejar de atender a muchos de sus pacientes, renunció a un trabajo estable y se vio forzada a cerrar un comercio del que era dueña. Su vida cambió para mal luego de conocer a una persona por la red de contactos Tinder. Tuvieron seis encuentros, pero cuando ella le planteó a él que quería terminar la relación, se transformó en víctima de hostigamientos y acosos por los cuales ya presentó seis denuncias judiciales, pero sin mayor resultado. Vive con un botón de pánico, pero sus horarios, los lugares que frecuentaba con amigos y familiares y el recorrido hacia y desde su trabajo cambiaron. También cerró sus cuentas en redes sociales. “Hace seis meses que mi vida se convirtió en un infierno”, aseguró a El Ciudadano la joven, que pidió preservar su identidad.

El calvario empezó cuando conoció a Gabriel B., de 40 años, a través de Tinder. Contó que tuvieron sólo seis encuentros. Cuando le planteó que no le interesaba seguir “porque había cosas que no le cerraban”, empezaron los hostigamientos, los acosos y las amenazas.

La muchacha lamentó ante este medio que hizo denuncias pero que “nadie hizo nada”. Agregó que la Justicia la proveyó de un botón de pánico –ante una situación de riesgo, emite un mensaje al 911– y dictó en dos oportunidades prohibiciones de acercamiento para Gabriel B. que “nunca respetó”.

“Fui al Ministerio Público de la Acusación, al Centro Territorial de Denuncias, al Teléfono Verde, a la Comisaría de la Mujer, al Centro de Justicia Penal y, honestamente, me quedé sin energía”, admitió la mujer.

Son seis denuncias –a las que El Ciudadano tuvo acceso– que derivaron en dos órdenes de restricciones perimetrales contra el hombre. La joven aseguró que hizo “cientos de llamadas al 911” porque Gabriel B. “hacía guardias de 24 horas” frente a su casa. “Desprotegida”, es la descripción de su estado ante la continuidad de los hostigamientos.

Una de las primeras denuncias fue a principios de octubre del año pasado y en ella intervino el Colegiado de Familia Nº7.

La muchacha aseguró que, luego de las primeras denuncias, la contactaron otras jóvenes para decirle que también habían conocido al hombre a través de redes sociales, que habían mantenido encuentros con él y que cuando quisieron ponerles fin actuó de igual manera: se puso violento y obsesivo con ellas. “Algunas lo habían denunciado antes que yo”, agregó.

“Esto me tiene totalmente sobrepasada. Cuando lo fui a denunciar la primera vez, vi que había una denuncia contra él de otra chica. Me encontré con ella y estuve cuatro horas escuchando lo que me contó y, mientras estábamos tomando el café, apareció otra chica diciéndonos que también lo había denunciado, pero en 2016. Es terrible”, dijo.

Agotadas todas las instancias, la joven contó que Gabriel B. no fue notificado de las denuncias hasta que intervino el Teléfono Verde. “A la semana, habiendo sido notificado un viernes en su lugar de trabajo, al lunes siguiente se me apareció en la puerta de mi casa”, relató.

El peligro de lo desconocido

“Uno nunca sabe quién está del otro lado y tampoco está preparado para que te pasen estas cosas”, reflexionó la muchacha sobre las relaciones iniciadas por internet. Dijo que Gabriel tiene al menos cuatro perfiles distintos en Facebook y otros tantos en Instagram, Tinder y otras aplicaciones de contactos.

Ahora, la chica intenta retomar de a poco sus actividades habituales. “Esto es terrible, mi vida se volvió un infierno”, repitió y dijo que espera que la Justicia actúe para que no se repitan más las amenazas y los hostigamientos.