Central lo empató en la última bola, luego de que Banfield se pusiera en ventaja casi sin proponérselo. Todo lo mejor apareció en los últimos minutos y el 1 a 1 estuvo bien.

En el minuto 42 del segundo tiempo Arboleda tomó la pelota con ambas manos, la apretó y pidió el cambio de balón (en alusión a que estaba floja). Era la acción que confirmaba que Banfield estaba superconforme con el empate a esa altura sin goles (un par de minutos antes se había tirado al piso para que lo asistieran). Central no era una tromba ni mucho menos, pero manejaba algo mejor el balón, aunque sin inquietar. Pero de ese saque de arco llegó el mal despeje de Cristian González, el pase largo a Lenis, el cierre a destiempo de Brítez y el zapatazo del colombiano para fusilar a Ledesma.

El partido estaba perdido. Pero minutos después llegó el gol canalla que no hizo más que ponerle justicia al marcador. Porque el 1 a 1 en el sur fue soporífero, lento, mal jugado y prácticamente sin acciones de riesgo. De un lado y del otro. Le valió el punto al canalla, pero le servirá también el aprendizaje de que lo que hay por mejorar todavía es muchísimo.

Recién en el segundo tiempo se vio algo interesante de parte de Central. Pero a cuentagotas. Fue cuando Dátolo, ya cansado, y Bertolo otro tanto, dejaron de manejar el balón. De igual forma, el canalla siempre intentó ir para adelante, pero sin claridad como para hacer que Ribas o Ruben se lucieran. En ese andar solo discreto, aunque más atinado que el de Banfield, Rinaudo era el que se animaba a romper alguna línea por el centro, mientras Rius intentaba allá por derecha, sin coordinación con el recién llegado Damián Martínez.

Cocca advirtió ahí que su equipo podía ir por más, que Banfield acusaba cansancio, y por eso intentó con Gamba. Lo del mendocino sólo se redujo al envío en la última pelota para el empate de Cristian González. No fue poco.

Tampoco con Riaño pudo hallar los caminos. Porque Ojeda estuvo lento como siempre e impreciso y porque esos desbordes que el técnico imaginó en la previa para llenar de pelotazos el área contraria nunca tomaron la consistencia suficiente como para transformarse en un arma.

Atrás había quedado ese primer tiempo en el que la rigidez táctica del equipo puso en evidencia escasa capacidad de desequilibrio. Por eso también el equipo sufrió esos primeros 45’ cuando Dátolo la ponía bajo la suela y se asociaba con Bertolo. Pero para este limitado Banfield tampoco fue suficiente. Fue todo ese andar anodino lo que hizo que Ledesma y Arboleda casi ni se esforzaran. La única más o menos peligrosa fue un remate de Martínez, que el moreno arquero desactivó contra el palo izquierdo.

Hasta que Banfield se encontró con un regalo de Central y Lenis metió lo que pareció un mazazo. Pero Rinaudo no perdió lucidez, arremetió para ganar una falta que Gamba puso en la cabeza goleadora del uruguayo y todo quedó, con la emoción recién en el final, en un justo empate.