Un ultramaratonista argentino completó esa distancia harto de quienes rompen la cuarentena para salir a entrenar.

La historia de Mariano Nieto, un argentino (Chacabuco, Buenos Aires) de 33 años que se dedica al rubro inmobiliario, no tiene desperdicio. Hace un año le puso un ‘stop’ a las competencias de calle para volcarse a una disciplina que le venía dando vueltas en la cabeza: las ultras. Estas son carreras de montaña de distancias que generalmente van desde los 70 hasta los 160 kilómetros, representando un desafío extra para cada participante. Y el salto del cemento a la altura fue con creces: participó desde El Cruce Columbia del Volcán Lanín, la Ultra Champaquí, la Patagonia Run y últimamente de la Ultra Train Aconcagua, donde completó el recorrido en 14 horas y 51 minutos.

En el horizonte tenía otro importante desafío: las 100 Millas (160 kilómetros) de la Ultra Amanecer Comechingón, a la cual había clasificado por su rendimiento en la Aconcagua -fue tercero-. Pero la pandemia del coronavirus obligó a la postergación de la misma y todas las horas de entrenamiento, por ahora, quedaron en stand by. Es por eso que, después de hablarlo con su equipo de trabajo, tuvo una idea: correr una ultra alrededor de su pileta.

Este sábado a las 8.00 empezó a girar en un improvisado circuito de 65 metros. Una vuelta, diez vueltas, cien vueltas, mil vueltas… En total fueron más de 1500 hasta completa con la distancia que se propuso: 100 kilómetros en un tiempo final de 07:04:21, a un promedio de 4.15 minutos por kilómetro. “En las pruebas decidimos utilizar la función para Montaña del reloj, que te calcula tu ritmo en relación con tu cadencia. En la montaña hay bosques o montes donde no llega la señal del satélite, entonces hace el cálculo de su cuenta usando esos parámetros. En cambio, el modo común era más impreciso: en partes me decía que venía a un ritmo de 3:30 km/h y en otros, que estaba parado. Pero en modo Trail fue perfecto: no es 100% exacto, pero un más de un 95% sí”, le explicó Nieto a Olé.

El registro final: 100 kilómetros en poco más de siete horas.

El registro final: 100 kilómetros en poco más de siete horas.

El hecho de que sea un terreno totalmente plano, sin las inclemencias del tiempo -nulo viento, poco sol- más la ayuda de su familia con hidratación y geles hacen que sea incomparable comparar su tiempo con el que llega a hacer en una Ultramaratón. Por ejemplo: en el Ultra Trail Aconcagua corrió los 100 kilómetros en 14 horas y 51 minutos, aunque el circuito de esa carrera era en medio de la Cordillera de los Andes, donde algunos tramos llegaban a los 4.500 metros sobre el nivel del mar.

“Después de pensarlo y ver la cantidad de gente que sale de sus casas sin respetar la cuarentena, dije ‘voy a demostrar que en casa podemos hacer todo, como correr 100 kilómetros'”, contó. Todo fue transmitido en vivo por Instagram y la consigna era clara: cualquier persona podría sumarse desde su casa para hacerle el acompañamiento virtual. Y así fue. decenas de personas fueron pasando por el Live mientras corrían en sus livings, patios o alrededor de la mesa: “Sabía que me iba a enfrentar a un reto contra mi mente y no contra mi físico, que es lo mejor que tengo. Una de mis virtudes es no ser rápido, pero a mi ritmo corro todo el día, así que implementé un ritmo en el cual me sentí cómodo y traté de no frenar hasta que termine”.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

– ¿Cómo surgió el desafío de hacer 100 kilómetros en el patio de tu casa?

La idea empezó a dar vueltas porque yo tenía programada una carrera en la Patagonia dentro de poco, y cómo se suspendió y salir de casa no se puede, empecé a tener esto en la cabeza. Hasta que un día me puse a correr en el patio y me dí cuenta que podía hacer esa distancia. En realidad, la iniciativa es porque veo mucha gente que sale a la calle diciendo que no puede estar sin correr. Es una pavada eso: si te gusta correr, podés hacerlo en cualquier lado. He visto gente que se sumó a hacer cinco kilómetros dando vueltas a la mesa de su casa.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

– ¿Qué mensajes buscás dejar?

Que la cuarentena no es una excusa. Que el límite te lo ponés vos. Que se puede y se debe cumplir con el aislamiento, y que esto no es un impedimento para hacer lo que te gusta. Hay un pibe que corrió una media maratón en el balcón de su departamento de siete metros. No hay ninguna justificación para esas personas que se escapan para correr, es decir para hacer algo que supuestamente disfrutas…

– ¿Por qué elegiste esa distancia como objetivo final?

En un principio quise hacer 110 que es la distancia que me gusta, pero mi entrenador (Nicolás Rodríguez) me dijo de redondear en 100. Es algo que no me cansa…

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

– ¡¿Que no te cansa?!

En mi caso el cansancio no es tanto físico, sino que lo más difícil fue manejar la cabeza. Los que corremos ultras entrenamos muy duro y estamos preparados, pero la cabeza siempre juega su partido. Pero la verdad es que se fue rápido: no es lo mismo correr en una montaña donde venís solo y dolorido que en tu casa donde está tu familia, hay música, hay aliento todo el tiempo. Lo disfruté. Igual faltando diez kilómetros ya decía “uy, quiero sentarme, já”. Pero cumplí con todo lo propuesto: quería hacer la primera maratón (42,195 kilómetros) abajo de las tres horas y terminé metiendo una doble maratón (84,390 kilómetros) en 5 horas 53 minutos. Es meritorio por cómo venimos entrenando, pero que la gente no piense que le levanté y dije “estoy aburrido, voy a correr 100 kilómetros”.

– ¿Cómo le competís a ese enemigo que tenés adentro de la cabeza diciéndote “ya está, aflojá, qué haces acá”?

Es la gran pregunta. Cuando estás 14 horas corriendo en una montaña, el gran desafío es ganarle a la cabeza porque el físico pasa a otro punto. Para ser claro: ningún físico aguanta en óptimas condiciones más de tres o cuatro horas corriendo, por eso todo consiste en dominar el dolor. Hay muchas tácticas para distraerte. En mi caso tengo dos: juego a formar historias y nunca miro el reloj porque te come. Si le prestás atención al reloj, es muy posible que te desmotives: venís por el kilómetro 68, seguís dándolo todo, volvés a mirar y vas por el 68.800. Entonces uno le va a agarrando la mano: cuando hiciste el 20% de la carrera empiezan los cuestionamientos propios. “¿Qué hago acá? ¿Qué necesidad hay de hacer esto? ¿Por qué no me quedo en casa?”. Son todas imágenes negativas que se te vienen a la cabeza mientras tu cuerpo sigue corriendo y mientras los dolores van aumentando. Y cuando llegaste al 50% de la carrera empieza una batalla infernal: estás fusilado, lo dejaste todo, pero tu cabeza empieza a decirte: “Uy, ¿hay que hacer todo eso de vuelta ahora? Pero si mirá cómo estás”.

– No quisiera estar en esa situación…

Es que no es el cansancio lo que te frena, sino que es el límite que tu cabeza ponga. Si vas a correr 10 kilómetros, a los 5 te va a pasar lo mismo. En una ultra trabajas contra tu mente, porque el cuerpo está muerto hace rato. En la montaña te duele todo, te golpeás, te caes… Pero la clave es sostener siempre la motivación de llegar. Si le ganás a ese momento, ganás la ultra…

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

Hizo 100 kilómetros en el patio de su casa.

– ¿Existe el miedo en ese nivel?

Sí, claro. El miedo es no llegar, no cumplir con el objetivo. La cabeza es una gran manipuladora que empieza a plantearte el peor escenario posible desde incluso días antes de cada carrera: que es una locura, que no vas a poder, que no es para vos. En Aconcagua me pasó que un día antes de la carrera no quería largar. Yo ya sabía a todo lo que me iba a enfrentar desde hacia tiempo, pero cuando estuve en la charla técnica y te hablan de mal de altura, de apunarte y no sé qué más decís: “No quiero, no quiero”. Pero al miedo se le gana de una manera: enfrentándolo. Suena extraño, pero hasta el mejor corredor de ultramaratones explota en la mitad de la carrera y piensa todo esto que te estoy contando.

– ¿Hay alguna sensación para describir el momento en el cual cruzás la meta?

Pensar en cuál va a ser la próxima carrera, jaja. Esto es cierto: en la última que corrí me rompí cinco dedos contra las piedras. Me los hice pedazos, todavía los tengo lastimados. Hasta el último metro me venía jurando que no corría más, que no quería pasar nunca más por esto. Pero terminé y empecé a maquinar con otra ultra dentro de un mes. Es amor y odio. A uno le gusta sufrir y pelear contra su físico. Cuando me siento a comer con gente y le digo que corro arriba de los 100 kilómetros me dicen que no estoy bien de la cabeza. Y la verdad es que sí, no estamos bien. Nadie puede plantearse que va a correr más de 100 kilómetros en una montaña y que va a ser como un paseo, pero es una gran motivación para conocer cuál es tu límite mental.

Y otra cosa más: me canso de escuchar a gente que se siente mal porque no hace ejercicio y pone la excusa de que no tiene tiempo. Yo hago cuatro turnos por día y en vez de tirarme al sillón a ver televisión, entreno. En tiempo lo tenés, lo buscás o lo fabricás. Pero no digas “no tengo tiempo”. Me gusta fomentar eso. Tengo 32 años, un trabajo y no nací con un cuerpo privilegiado, pero el ejercicio es básico. Mi tiempo es el mismo que el tuyo, la diferencia está en cómo lo usa cada uno…

Nieto saluda y agradece por la nota. Pide permiso para agradecerle a su entrenador Nicolás, a su novia Valentina y a su familia. Es domingo de cuarentena. Ayer hizo un surco alrededor de su pileta. Pero mientras se despide, avisa que ya tiene actividades para este domingo: bicicleta, elíptico y maquinar con cuál será la próxima locura…

YO DIGO / Nicolás Rodríguez (Preparador Físico – Apollo Running): La dificultad de entrenar en el llano para competir en la altura

“Entrenar en el plano es una gran desventaja porque todas las carreras en las cuales participamos se hacen en terrenos con desnivel y la mayoría de los grandes corredores, con los cuales competimos, suelen ser de esos lugares. Desde la parte del entrenamiento apuntamos a ganar fuerza en el gimnasio, lo cual es indispensable en ultramaratonistas. Allí aplicamos mucho “entrenamiento cruzado”, que consiste en combinar los entrenamientos con otras actividades como bicicleta y elíptico. Esto, a su vez, nos ayuda a reducir el impacto en el físico del atleta. Todas estas herramientas sirven para darle variabilidad a los entrenamientos y hacer que sean más llevaderos. Por otra parte, es fundamental tener una buena nutrición y realizar las actividades de recuperación, como por ejemplo la liberación miofascial”