Fallecieron dos internos que compartían una celda. Aparentemente, se agredieron con armas blancas y se provocaron heridas mortales antes de que los guardias pudieran intervenir.

Nuevamente la cárcel de Las Flores fue escenario de un hecho sangriento y trágico.

Este martes por la tarde, dentro de una celda de la planta alta del Pabellón 3, dos internos protagonizaron un violento incidente que terminó con la muerte de ambos.

Los fallecidos fueron identificados como Sergio Damián Ortega y Gastón Eduardo Stromayer.

El primero de ellos era un joven de 24 años oriundo de la localidad de Recreo que cumplía una condena de ocho años de prisión por homicidio simple. Según trascendió, su conducta era “ejemplar” y el año que viene terminaba su sentencia.

El segundo tenía 37 años y estaba preso por un caso de robo calificado por el uso de arma de fuego no apta para disparar o de utilería. También tenía “buen concepto” dentro de la penitenciaría.

Lo que motivó lo sucedido dentro de la celda que ambos ocupaban es un misterio por ahora y es investigado en una causa que lleva adelante el fiscal Martín Torres.

Lo concreto es que ambos estaban solos. Todo indica que se atacaron mutuamente con armas blancas de fabricación casera y se provocaron lesiones que terminarían provocándoles la muerte.

Cuando los guardias se percataron de lo que había pasado irrumpieron en la celda y hallaron a los dos reos tendidos en el suelo, agonizantes y desangrándose. Una ambulancia trasladó de urgencia a ambos hasta el nuevo Hospital Iturraspe, pero ya no tenían signos vitales cuando los médicos los revisaron.

Sorpresa

El Servicio Penitenciario sostiene que el incidente se habría producido por un problema interpersonal entre los reclusos y no tendría ningún tipo de relación con los violentos reclamos ocurridos en los días previos.

Además, fuentes de la Secretaría de Justicia de la provincia destacaron que funcionarios de la Secretaría de Derechos Humanos recorrieron por la mañana de este martes ese pabellón y los demás para charlar con los delegados y no se detectaron entonces “elementos de alarma sobre el comportamiento de los reclusos”.