Justo en medio de un escándalo de sobreprecios en su madre patria, el papa Francisco rezó hoy por la gente “que en este tiempo de pandemia hace negocio a costa de los necesitados, se aprovecha de las necesidades de los demás y los ‘venden'”.

“Recemos hoy por la gente que en esta época de pandemia hace comercio con los necesitados. Se aprovechan de las necesidades de los demás y los venden: los mafiosos, los usureros y muchos otros. Que el Señor toque sus corazones y los convierta”, exhortó Jorge Bergoglio, antes de comenzar su misa matutina.

Francisco no aludió a ninguna situación en particular, aunque también en Italia se registraron muchos engaños y fraudes en medio de la crisis, especialmente con precios exorbitantes de los barbijos.

En su misa diaria matutina de la capilla de Santa Marta -que se transimite en directo desde el inicio de la emergencia porque ya no hay misas debido a la cuarentena-, al comentar el Evangelio de Mateo el exarzobispo de Buenos Aires habló de la traición de Judas, de los que venden a la gente, incluso a sus seres queridos, para su beneficio personal.

“También hoy hay gente que quiere servir a Dios y al dinero, explotadores ocultos, aparentemente impecables, pero que comercian con la gente: venden al projimo”, dijo. “Judas dejó unos discípulos, discípulos del diablo. Judas era apegado al dinero: quien ama demasiado el dinero, traiciona. Pero es traicionado por el diablo, que es un mal pagador y deja en la desesperación. Y termina ahorcándose”, recordó.

Y, tras recordar que el miércoles santo también se llama ‘miércoles de la traición’ se refirió a “los muchos Judas institucionalizados que hoy en día explotan a las personas “, así como a “los pequeños Judas que hay dentro de nosotros: cada uno de nosotros tiene la posibilidad de traicionar, por amor al dinero o a los bienes”.

¿Cómo vive la pandemia y el encierro?
En una entrevista al periodista y escritor británico Austen Ivereigh, autor de una biografía suya, realizada a distancia, vía audio, en tanto, Francisco contó cómo vive la pandemia y encierro en su casa de Santa Marta.

“¿Cómo lo vivo yo espiritualmente? Rezo más, porque creo que debo hacerlo, y pienso en la gente. Es algo que me preocupa: la gente. Pensar en la gente a mí me unge, me hace bien, me saca del egoísmo. Por supuesto tengo mis egoísmos: el martes viene el confesor, o sea que ahí arreglo las otras cosas. Pienso en mis responsabilidades de ahora y ya para el después”, dijo Francisco.

“¿Cuál va a ser mi servicio como obispo de Roma, como cabeza de la iglesia, en el después? Este después ya empezó a mostrar que va a ser un después trágico, un después doloroso, por eso conviene pensar desde ahora. La gran preocupación mía -al menos la que siento en la oración- es cómo acompañar al pueblo de Dios y estar más cercano a él. Este es el significado de la misa de las siete de la mañana en « streaming » (o retransmitida en directo), que mucha gente sigue y se siente acompañada; de algunas intervenciones mías, y del acto del 27 de marzo en la plaza de San Pedro. Y de un trabajo bastante intenso a través de la Limosnería Apostólica, de presencia para acompañar las situaciones de hambre y enfermedad. Estoy viviendo este momento con mucha incertidumbre. Es un momento de mucha inventiva, de creatividad “, completó.