Una mujer de 68 años recibió el llamado de una persona que se hizo pasar por su hija, que le decía llorando que estaba en un banco y que la habían secuestrado.

Le pidió que reúna toda la plata que había en la casa. La víctima puso 300 mil pesos en una bolsa de consorcio y los dejó en la vereda. Luego vio a un auto de color blanco en actitud “sospechosa”.

Juana, la mujer estafada, relató lo sucedido en la denuncia que radicó en la comisaría 12ª de Rosario. Describió que mientras estaba en su domicilio de Minetti al 5600, recibió el llamado de una mujer que se hizo pasar por su hija Verónica –así se identificó-, que le decía “viste ma cómo está todo, Estados Unidos tomó la Argentina y tenemos que cambiar la plata que tenemos por dólares”.

Después de indicarle que tenía que “cambiar todos los pesos que tenía en la casa”, Juana contó que su interlocutora comenzó a gritar que la estaban asaltando. También empezó a llorar y le suplicó que hiciera “todo lo que te digan”.

En eso interrumpió una vos masculina, que le indicó a la mujer que reuniera todo el dinero que había en la vivienda, que lo pusiera en una bolsa de consorcio y que saliera a la calle para que a su hija no le pasara nada.

También le preguntó si tenía algo de oro en la casa y ella le respondió que solo tenía la plata, que eran los ahorros de toda su vida.

Juan precisó que llegó a contar unos 300 mil pesos, en billetes de 100 y de 200. Luego puso todo en una bolsa y, sin cortar la comunicación, salió a la calle.

El delincuente le pidió que caminara dos cuadras hacia la izquierda para dejar la bolsa, pero la mujer le explicó que se sentía muy “cansada” y “nerviosa” y dejó la plata en la esquina de Minetti y Liniers.

La voz le señaló a Juana que ya estaba todo bien y que su hija ya había sido liberada y que podía llamarla. Entonces la mujer llamó a su hija Verónica, que por supuesto no estaba enterada de esa situación.

Juana recordó después que mientras estaba en la calle vio a un automóvil de color blanco que estaba en una situación “sospechosa” y que arrancó luego de que ella dejara el dinero.

“No tengo idea de quién pudo haber sido, las únicas personas que sabían que tenía esa cantidad de dinero son mis dos hijas”, cerró Juana su relato en la comisaría.