El gobernador puso el acento en lo hecho frente al Coronavirus. Y se ocupó –acaso exageradamente- de que no hubiera promesas difíciles de cumplir. Paliativos, medidas de contención, ayudas para los sectores excluidos (los “más vulnerables”) y algunas pocas aspiraciones quedan luego de una extensa exposición condicionada por la cuarentena.

Sin aplausos, porque no pudo haberlos con la mayor parte de la Asamblea Legislativa siguiendo el acto de manera remota, sin publico en las barras, casi sin invitados especiales, sin gente en la explanada de la sede del Poder Legislativo y con mucho menos de la mitad de las bancas ocupadas, por las mismas razones, el discurso del gobernador Omar Perotti estuvo marcado por una extraña sensación de vacío, parecida a la que generó el eco de los acoples, en el sonido de la transmisión en vivo de su mensaje a los legisladores.

Más allá de los problemas técnicos, hubo baches en el contenido del discurso. Las propuestas fueron marcadamente modestas, incluso, a la hora de hablar del futuro.

Es cierto que el Palacio Legislativo vivió una difícil celebración de la apertura del período ordinario de sesiones y que el mundo -y el país aún más- enfrentan un contexto extraordinario de dificultades, a las que no escapa el gobierno santafesino. Sin embargo, debe decirse que el discurso del gobernador Omar Perotti se ató a los límites de lo hecho desde hace 144 días, cuando se dirigió por primera vez a las Cámaras de la Legislatura tras jurar su cargo.

No fue nunca mucho más allá. Y en ese campo tan estrecho se ocupó de enumerar las acciones de gobierno que pueden resumirse en lo que propio titular del Poder Ejecutivo Provincial ha dicho: hasta aquí, el suyo ha sido un gobierno dedicado casi exclusivamente a la “gestión de la pandemia”.

En un mensaje de más de una hora y media, no hubo citas dignas de mención, curiosamente ninguna referencia al Día Internacional del Trabajador y, en cambio, se desplegó una lista de agradecimientos, cuyo principal destinatario fue “el 90% de los santafesinos que de manera responsable cumplió con la cuarentena”. En varias oportunidades trazó esa diferenciación: los que colaboraron con los pedidos de las autoridades y aquellos que no

Conectividad

Acaso el mejor momento del mensaje haya resultado cuando el gobernador reflexionó: “la pandemia no iguala” sino que hace más profundas las diferencias sociales. Fue para marcar la enorme distancia entre los hogares con accesos a bienes y servicios del primer mundo, con los que carecen hasta de un techo digno.

Allí habló de un plan de gobierno interesante, para al menos comenzarlo durante este año: dijo que creará un consejo asesor con expertos para mejorar la conectividad y extenderla a todos. Planteó que tener internet en cada hogar “es un derecho” y que para que sea mayor la productividad de la provincia, para que se eleven sus ciudadanos y accedan a bienes culturales y sobre todo para que puedan acceder al sistema educativo, una buena señal en los celulares y en las computadoras es tan importante como tener infraestructura en rutas, puertos y aeropuertos a lo largo del mapa de la bota.

Habló con entusiasmo de desarrollar en Santa Fe la centralidad nacional de una economía del conocimiento y trazó algunas líneas de auxilio –aún sin fuentes de financiación a la vista- para crear programas de créditos, otorgar garantías a empresas, y apoyar con investigadores a las Pymes y los emprendedores que apuesten por ese sector. “No se puede salir al mundo con un mapa viejo”, graficó.

Del gigante a la autocrítica

El titular del Poder Ejecutivo acertó en poner bajo el título de una autocrítica la forma como el Estado ha enfrentado al dengue y se comprometió a cambiar ese aspecto. No explicó cómo.

Todas las precisiones que marcaron la mayor parte de las 25 páginas de su discurso sobre el Covid-19, no aparecieron respecto del mal que transmite el mosquito aedes aegypti. No hubo cifras, ni evaluaciones.

De todas aquellas interesantes consignas para despertar al gigante, una metáfora fuerte de su campaña electoral, hoy ha quedado poco o muy poco. Sólo mencionó las dificultades que implica desplegar acciones del Estado en una provincia que tiene las dimensiones de un país.

Su mensaje no falló por las formas, por el eco que se produjo en algún momento o por algún yerro menor al leer, como cuando dijo “el Papa Juan Pab… el Papa Francisco”, al citarlo porque “nadie se salva solo” frente a la pandemia.

Su discurso careció de lo que necesitan las gestiones que han madurado un proyecto de transformación, al cabo de casi cinco meses de gobierno.