La reparación de la planta de ósmosis inversa costaba en febrero menos de 300 mil pesos, un costo irrisorio para el gobierno de Perotti. ¿La solución?: hoy le envían un camión cisterna desde Santa Fe, a 500 kilómetros de distancia.

Aunque la cuarentena obligatoria puso a prueba a comunidades grandes y chicas por igual a la hora de articular medidas para mantener aplanada la curva de contagio de Covid-19 y el gobernador Omar Perotti ponderó en reiteradas ocasiones lo hecho en las ciudades con mucha densidad poblacional y en las comunas pequeñas. Así como hay reclamos de asistencia de cientos de rubros que buscan volver al ruedo para intentar revertir los números en rojo que en varios casos se daban antes de la pandemia, existen problemas en pueblos que la irrupción del coronavirus parece haber dejado a un lado.

Algo así ocurre en Gato Colorado, la localidad más al norte de la provincia de Santa Fe, que vive en medio de eternas postergaciones, que incluso generan que sus vecinos deban desandar el camino hacia la vecina Chaco para surtirse de lo básico, hasta del agua potable. En la comuna del departamento 9 de Julio el vital elemento escasea a partir de la salida de servicio de la planta de ósmosis inversa que purifica el agua de la napa.

Algunos pensarán que la dificultad se presentó en pleno ingreso del virus al país, hecho que paralizó muchas de las obras pautadas. La respuesta es negativa. “Hace un año y medio que la planta empezó a fallar y hace doce meses mínimo que no se potabiliza el agua”, expuso Rubén Acosta, al frente de Ejecutivo de Gato Colorado.

El pueblo tiene red de agua, sí. Pero como en múltiples municipios en “la bota”, solo sirve para la higiene básica y no se puede tomar. Justo en una provincia que tiene más de mil kilómetros de litoral con agua dulce.

“Aunque somos conscientes de los problemas que el coronavirus ha ocasionado en el comercio de pueblos y ciudades, nuestra preocupación excede la pandemia y sigue siendo la falta de agua. Ahora el desafío que tenemos todos en salud sacó el tema de la agenda”, reconoció Acosta en contacto con Mirador Provincial. “El acceso al agua apta para consumo también debe ser básica y fundamental”, sumó el presidente comunal.

En rigor de verdad el agua llega, pero lo hace a través de un camión cisterna una vez por semana. “Inicialmente el agua llegaba desde Reconquista. Con la asunción de Perotti optaron por enviarnos el transporte vacío y nosotros con recursos propios de la comuna pagábamos el agua que comprábamos en Chaco. Pero el coronavirus complicó dicha logística”, relató.

“Ahora el camión hace 500 kilómetros y el agua viene directamente de la ciudad de Santa Fe, con los costos que eso significa”, amplió Acosta sobre lo que ocurre en la actualidad, sin que opere la planta de ósmosis inversa.

“La obra se paga con lo que se puede ahorrar el gobierno santafesino en los costos de flete”, aseguró el productor ganadero al frente de Gato Colorado, que en diálogo con la ministra de Infraestructura, Servicios Públicos y Hábitat, Silvina Frana, había presupuestado la reparación en menos de 300 mil pesos. “Es un vuelto para la administración provincial”, acotó.

Gato Colorado no es la única localidad con problemas de abastecimiento de agua potable. En las mismas condiciones están Gregoria Pérez de Denis y Santa Margarita, enclaves más al sur, pero también dentro del departamento 9 de Julio. “Ambos pueblos deberían estar conectados por acueducto al flujo que llega por un canal a cielo abierto a Villa Minetti desde el río Salado, pero el abastecimiento nunca se completó”, manifestó Acosta sobre la realidad en el extremo norte de Santa Fe.

No son pocos

La pequeña localidad de Gato Colorado -Dpto. 9 de Julio- cuenta con casi 1.500 habitantes, de acuerdo al Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2010. Como año de origen tiene a 1889, aunque la Comuna se creó recién el 2 de septiembre de 1926. En su escudo lleva como principal figura un guina (Felis yaguaroundi), gato de color rojo de frente, que recuerda su nombre.

La eterna postergación del norte

Ignacio Andreychuk

Esta compleja situación que atraviesa Gato Colorado, la localidad más norteña de la provincia de Santa Fe, solo desnuda una vieja hipótesis: el norte es postergado. Siempre. Con cualquier color político nacional o provincial, aunque se hagan pequeñas o -algunas veces- grandes obras, pero muy lentamente y luego de tener prácticamente de rodillas a las comunidades de la zona.

Agua para consumo, no hay insumo más vital para que funcionamiento humano que eso. Y a los pobladores de Gato Colorado le llevan un camión cisterna desde 500 kilómetros -la capital provincial- porque la planta de ósmosis inversa está rota y su reparación sale -según el jefe comunal- 300 mil pesos.

Los departamentos del norte profundo están lamentablemente acostumbrados a sufrir penurias, postergaciones, falta de acceso a los servicios más básicos, pero sin embargo devuelven la gentileza con trabajo y apoyo civil cuando sus votos son necesarios. ¿Y después? Volver a cero, a vivir la eterna espera para que les lleguen los mismos beneficios que al resto de los santafesinos.