Nicolás Maduro sostiene que “hay una operación para contaminar a Venezuela desde Colombia” con venezolanos infectados con Covid-19.

Linda García, de 27 años, se sienta en el suelo frío de un albergue en San Cristóbal, capital del fronterizo estado Táchira, a esperar que se termine el confinamiento de 15 días al que fue sometida junto a otras 600 personas más. “No me esperaba encontrar este infierno aquí en mi propia tierra y mucho menos ser humillada como portadora de un arma biológica llamada coronavirus”, escribe a Clarín desde su teléfono celular.

El aislamiento físico sin contacto con el exterior no impide la comunicación telefónica discreta con sus familiares y clandestina con los medios de comunicación. Y es que a los 45.000 migrantes venezolanos censados que han retornado a su país en las últimas semanas el régimen de Nicolás Maduro les ha prohibido, entre otras cosas, declarar a la prensa sobre su situación.

La joven García, natural de Maracaibo, estado Zulia, peluquera profesional, se fue a Pamplona, Norte de Santander en Colombia, siguiendo a su marido porque tenía trabajo en una construcción hace año y medio. Pero por la pandemia y la falta de dinero fueron expulsados de su vivienda. Ella y su pareja no presentan síntomas del virus, pero igual tienen que guardar la cuarentena.

En Maracaibo, la capital petrolera del país venida a menos por la destrucción de su principal industria nacional, Linda García dejó a sus dos hijos pequeños con la abuela a los que espera ver tan pronto termine el encierre en el refugio tachirense.

Un plan para infectar con Covid-19

Lo que no esperaba es que el secretario de gobierno del Zulia, Lisandro Cabello, repitiera esta semana lo que dijo Nicolás Maduro sobre los retornados: “toda persona que viole el sistema migratorio e ingrese al país será considerada arma biológica y encarcelada”. Así mismo señaló que “hay una operación para contaminar a Venezuela desde Colombia”.

Maduro, acusó este miércoles al Presidente de Colombia, Iván Duque, de estar tras un plan para infectar con COVID-19 a los venezolanos que están regresando a su país desde Colombia. Asegura que los colombianos han contagiado de manera intencional a los venezolanos que regresan.

La cifra de casos contagiados escaló a 1.245 personas con solo 11 fallecidos.

“De un momento a otro los montaron en vehículos, autobuses, les dieron bolsitas con pancitos. Ellos dicen que estaban sanos en las ciudades de Cali y Medellín, que no habían tenido contacto con contagiados y presumen que los contaminaron en los autobuses”, dice Maduro.

“Yo le digo esto al pueblo para que vean la maldad a la que nos enfrentamos. Los infectaron, por eso declaré la emergencia sanitaria en los pasos fronterizos”.

El diputado Carlos Valero, “queremos rechazar enérgicamente las irresponsables declaraciones de Nicolás Maduro, quien ha dicho que nuestros hermanos que han regresado al país por efecto de la pandemia, son una especie de arma biológica de gobiernos extranjeros. Culpar a personas que están atravesando una enfermedad de ser armas biológicas y de propagar un virus, es inhumano. Buscan criminalizar a los migrantes venezolanos y evadir la responsabilidad del régimen en el tratamiento de la pandemia”.

Desde Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú, la mayoría de los migrantes hacen largos recorridos a pie para volver a sus hogares pero se encuentran en el Puente Internacional Simón Bolívar en Ureña, Táchira, con un tapón o embudo en donde quedan atrapados, esperando con sus valijas en la intemperie para poder cruzar la frontera y llegar a su destino.

Las autoridades sanitarias y migratorias del Táchira los dejan volver a cuentagotas, previamente los registran, les hacen pruebas “PCR” y los confinan en los refugios como instituciones, centros educativos y hoteles.

La vida en los refugios

En los refugios nacionales los migrantes comienzan a vivir otro calvario. Linda García se queja de que no hay colchonetas para dormir, ni baños, ni agua, ni luz, ni telefonía, ni internet, ni comida ni atención médica. “Nos han dado comida podrida con gusanos”, dijo.

Javier Tarazona, director de la ONG Fundaredes, dijo a Clarín que etiquetar a los migrantes como arma biológica es una irresponsabilidad del régimen de Maduro. “El trato que se les da a los retornados en los albergues es cruel e inhumano. Los someten a condiciones de indigentes”.

El padre Baltazar Porras denunció en las redes sociales que en los refugios del Táchira se ofrece comida descompuesta a los migrantes al llamar a los tachirenses a llevar alimentos a los necesitados.

Otro caso de intoxicación por comida descompuesta ocurrió con los retornados en Barquisimeto, estado Lara. José Pastor Ortíz denunció a la prensa regional que su bebé de 1 año murió por deshidratación en el Hospital Pediátrico Dr. Agustín Zubillaga el 8 de mayo.

“Arepas con mortadela descompuesta”

“Nosotros nos vinimos de Bogotá el 29 de abril y ya el 30 estábamos en Guasdualito, estado Apure. Allí, fuimos encerrados en una escuela durante 8 días. Aunque la comida era poca, el personal encargado tenía la posibilidad de comprar comida cruda, que cocinábamos en leña”, contó Ortiz.

Pero en Barquisimeto “estábamos confinados en la Villa Bolivariana de la gobernación de Lara, donde estuvimos encerrados unos 8 días. Anoche nos dieron arepas con mortadela descompuesta. Nosotros no la comimos toda pero mi hijo que es un glotón se la comió toda. Todo el grupo de 12 personas se intoxicó y tuvo que ser hospitalizado pero mi hijo murió porque no aguantó la espera por el médico”, dijo entre lágrimas José Ortiz.

Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano también deplora que un arma biológica alienta la discriminación, la vejación y la exclusión en contra de los retornados.

“Una acusación tan grave, obliga a Maduro, quien debe llevar las pruebas al Sistema de Naciones Unidas, de acuerdo a la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y tóxicas y sobre su destrucción”.