La Corina perteneció al empresario Manuel Arijón y fue clave para la construcción del Correo Central. “En la década del 70’ una crecida la tiró a pique”, contó el historiador barrial Alfredo Monzón.

El río esconde secretos pocas veces revelados. Son los rastros del pasado. Y la ciudad, con más de un siglo de actividad portuaria, tiene muchas de estas historias. Es que a Rosario arribaron infinidad de embarcaciones. Gigantes que navegaron el Paraná en diferentes épocas y se quedaron para siempre en estas costas. La Corina es uno de ellos y en los últimos días emergió por completo en la zona de Saladillo a causa de la bajante del arroyo. Entre los escombros y los rústicos durmientes de quebracho asomó a la superficie como una reivindicación de lo que supo ser.

La embarcación era utilizada para la extracción de arena, fue adquirida en Buenos Aires en el año 1886 por el empresario Manuel Arijón y fue clave para la construcción el edificio del Correo Central, ubicado en Córdoba y Buenos Aires. Hoy el emblemático barco descansa frente a la vieja planta del frigorífico Swift. “Era una embarcación que se movía a vapor, pero allá por la década del 70’ una crecida la tiró a pique y para ese momento la empresa arenera estaba fundida”, indicó en diálogo con CLG el historiador barrial Alfredo Monzón.

La postal remite a la portada del libro del periodista, escritor y navegante español Arturo Pérez Reverte cuyo título se ancla en esta historia: Los barcos se pierden en tierra

“Don Manuel Arijón es uno de los personajes más interesantes de la historia de nuestra ciudad. Fue un visionario. En aquel entonces vio que el río arrastraba un montón de arena y le pareció un gran negocio extraerla, guardarla en un depósito y luego comercializarla. Por eso adquirió la embarcación y le puso el nombre de La Corina, en homenaje a una de sus hijas”, agregó.

También contó que, de acuerdo a sus registros, los últimos dueños de la embarcación fueron empresarios de origen yugoslavo. “Arijón murió el 20 de junio de 1900 y sus hijos vendieron la arenera a un inmigrante llamado Santiago Plencovich”. También existía al lado otra arenera, la de los señores Stanicich y Yocipovich, quienes habrían sido los últimos propietarios de La Corina. “Ellos murieron, sus descendientes no quisieron seguir con el negocio y el barco quedó donde lo vemos hoy. Reflotar una embarcación es bastante costoso. Y más en las condiciones que está, destruida”, profundizó.

La Corina perteneció al empresario Manuel Arijón y fue clave para la construcción del Correo Central.

Si bien el barco pasó décadas varado en la zona, fue la publicación de una usuaria de Twitter la que volvió a poner al icónico buque en el centro de la escena. El debate se trasladó al grupo de Facebook Barrio Saladillo, donde algunos pusieron en discusión la verdadera identidad de la embarcación, aunque para Monzón no hay dudas: “Se trata de La Corina”.

“Igual da para la polémica porque primero hay que tener en cuenta que la embarcación pasó por varios propietarios y con el paso de los años otros propietarios le hicieron reformas, le cambiaron el motor por uno diésel por ejemplo. Pero la información que tengo es de muy buena fuente. Me la dio personalmente José Arijón, nieto de Don Manuel, con quien tuve muy buena amistad. Hay cosas no documentadas que fueron pasando de boca a boca en la familia”, argumentó el historiador.

Así reflejó la muerte de Arijón el diario La Capital, en su edición del 21 de junio de 1900

¿Quién fue Manuel Arijón?

Manuel Arijón nació un 12 de abril de 1841 en el pueblo de Caión, en Galicia, España. Hijo de José Arijón y Francisca Collazo, con apenas 14 años de edad, emprendió viaje a América para desembarcar en Montevideo, en busca de un amigo que se había radicado allí tiempo antes, pero al que nunca pudo encontrar.

Por eso, en 1858 llegó a Rosario, con la familia del señor Luis Lamas, quien estableció un almacén y barraca de frutos del país, ubicado en la esquina de Córdoba y en aquel momento la calle Orden, hoy España. Arijón fue designado dependiente del almacén. “Fue verdadero ejemplo de tenacidad y perseverancia en su afán de superarse y lograr una posición a través de su trabajo”, afirmó Monzón.

En 1861, ya había logrado reunir algunos ahorros, lo que le permitió independizarse. “Empezó a difundir el uso de la arena para la construcción, que él observaba que se encontraba en grandes cantidades en la ribera del río Paraná. En 1863 celebró un contrato con el ferrocarril Central Argentino para prestar el servicio de carga y descarga de materiales”, continuó el historiador. El 6 de marzo de 1868, se casó con Fausta Coll. De este matrimonio nacieron 11 hijos: Corina, Manuel, Dolores, Carlos, Elena, Leopoldo, Ernesto, Josefa, María Ester, Juan José y Alfredo.

Foto tomada en la mansión Villa Fausta en 1885. De izquierda a derecha: Manuel, Dolores, Carlos, Elena, Corina, Leopoldo, Fausta, Ernesto, Josefa, María Ester, Juan José, Don Manuel y Alfredo

El 18 de enero de 1881 compró los campos del Saladillo a la sucesión de Juan Frías. Y en 1884 además de comenzar con la construcción del complejo Balneario del Saladillo, también construyó su residencia familiar a la que llamó “Villa Fausta”, en honor a su esposa, desde donde se observaba todo el río Paraná y las islas.

En 1885, ante el pedido de diferentes familias que deseaban tener un lugar de descanso en el Saladillo, construyó una serie de seis residencias veraniegas sobre la vera del camino principal que atravesaba sus campos y a las que llamó “Aldea Saladillo”. La única de esas seis mansiones que sobrevivió fue donde hoy funciona la “Casa de la Cultura Arijón”.

Actual “Casa de la Cultura Arijón”. La única que queda en pie de las seis que formaron parte de la “Aldea Saladillo”

Además de ser un precursor del barrio Saladillo, fue colaborador del Centro Unión de Almaceneros y del Hogar del Huérfano, fue fundador de la Sociedad Rural de Rosario, y también benefactor anónimo de numerosas obras de caridad.

*Agradecemos la colaboración del historiador barrial Alfredo Monzón para reconstruir los hechos relatados en este artículo. La información e imágenes que aquí se presentan fueron extraídas del libro “Barrio Saladillo (recorriendo su pasado)”, de su autoría.

En 2011 Alfredo Monzón recibió la distinción «Quebradas del Saladillo», reconocimiento que otorga el Rotary Club a las instituciones o personas que se destacan por su trabajo en bien de la comunidad