Aumentan las consultas en farmacias por medicamentos en estudio para tratar Covid-19.

También por cuadros de angustia y ansiedad. La administración de medicamentos sin indicación de un profesional de la salud autorizado para ello es una práctica que conlleva riesgos como intoxicación, enmascaramiento de síntomas de enfermedades, interacciones medicamentosas, y como consecuencia falta de efectividad de tratamientos. Por ello, la recomendación es siempre no automedicarse.

En esta época de pandemia, la población está expuesta a un “bombardeo” de información sobre medicamentos en estudios para el tratamiento de COVID-19, como así también de productos “milagrosos”. Como consecuencia, las farmacias tuvieron aumento de consultas al respecto. Tal es el caso de la hidroxicloroquina, un fármaco para tratar el lupus y la artritis reumatoidea, que requiere estricto control médico dado los efectos adversos que presenta; el mismo aparece mencionado en algunas noticias como medicamento prometedor en la cura de COVID-19. Ante el temor a esta nueva enfermedad muchas personas lo requirieron en las farmacias sin saber los riesgos a los que se exponían ya que no tiene probada evidencia de sus beneficios en esta patología viral, y que además tiene el agravante de producir un posible desabastecimiento y afectar a los pacientes que realmente lo necesitan para otras patologías.

Una consulta frecuente a los farmacéuticos fue la referida a un producto que se comercializa por fuera del canal legal de los medicamentos y que no está aprobado por la autoridad sanitaria por el riesgo de toxicidad, el Clorito de Sodio. Aun así, se lo publicita y vende por medio de redes sociales y en línea. A pesar de no contar con estudios fiables, los distribuidores anuncian, con afirmaciones falsas y peligrosas, su supuesta capacidad para curar diversas enfermedades, entre ellas COVID-19.

Otro efecto del bombardeo informativo fue el miedo a tomar ibuprofeno frente a la información, luego desmentida, de cierta asociación entre este medicamento y COVID-19.

Las personas con presión arterial elevada que se administran ciertos antihipertensivos, también fueron blanco de noticias. Las Sociedades Científicas debieron salir a aclarar que los pacientes no debían abandonar el tratamiento con estos medicamentos ni cambiarlos por otros ya que corrían serios riesgos de complicaciones cardiovasculares.

El Colegio de Farmacéuticos ante cada uno de los temas planteados, difundió entre sus colegiados, respectivos documentos a fin de aclararlos, y de ese modo contribuyó con los profesionales por destacarse como consultores en salud.

Por otra parte, la cuarentena trajo aparejada situaciones de angustia, ansiedad, alteraciones en el sueño en algunas personas, motivos por los cuales se notó mayor demanda de medicamentos para tratar estos síntomas. Desde las farmacias se procuró dar solución recomendando medidas no farmacológicas o el uso de medicamentos de venta libre y, cuando fue necesario, se derivó a la consulta médica.

Es de destacar que ante la incertidumbre en relación a los medicamentos y otros productos que se dispensan en farmacias, creada por la pandemia, los farmacéuticos tuvieron una respuesta efectiva, aunque en algunos casos, como los planteados anteriormente, se debió desalentar la demanda de estos productos dando cumplimiento a la responsabilidad profesional.

Por todo esto se recomienda a la población no automedicarse, consultar al médico o farmacéutico sobre la veracidad de la información y evitar los atractivos consejos de prevención o tratamiento, por parte de personal no especializado, particularmente divulgados a través de redes sociales.