Son voluntarios que conviven hace dos meses en el predio de Salta y Presidente Roca, para preparar todos los días unas 900 viandas que luego reparten a personas necesitadas.

El colegio San José de Rosario es por estos días una verdadera comunidad solidaria. Un grupo de jóvenes convive y duerme en las aulas, para levantarse muy temprano todos los días a cocinar y preparar entre 800 y 900 viandas que luego se reparten a personas necesitadas de todos los barrios en esta situación de emergencia por la pandemia del coronavirus. También entregan unos 100 bolsones semanales en la zona de la parroquia, lo que incluye a los refugiados senegaleses.

Este lunes, los propios trabajadores solidarios, que además son estudiantes y docentes, contaron en De 12 a 14 (El Tres) la experiencia de estar “encerrados” en el tradicional colegio rosarino desde hace 60 días con el único propósito de ayudar. En este arranque de semana con frío, hacían guiso de lentejas.

“Arrancamos a las 7 de la mañana más o menos con todos los preparativos; también nos encargamos de todas las compras que hay que hacer”, dijo Silvina, una de las voluntarias. Y destacó que “esto es de lunes a lunes; la gente necesita que la comida les llegue y no pueden esperar”.

Matías, coordinador del trabajo en el colegio, precisó que “en total somos 22 voluntarios” y que están “organizados en diferentes instancias de la preparación y de la distribución de las viandas”.

“Hay docentes y alumnos que ayudan en las actividades; por la mañana colaboran y por la tarde hacen sus tareas educativas”, describió.

Otra voluntaria comentó que “es hermoso sentir que a través de una vianda podés llegar a una persona que lo necesita. Es amor puesto en un guiso de lentejas, en un plato de arroz”.

Riccio es estudiante de medicina oriundo del norte de la provincia y su vocación solidaria lo llevó a “internarse” en el colegio para ayudar: “Hace ya 60 días que estamos viviendo en comunidad”, dijo.

“Soy estudiante y tengo mi familia en el norte de Santa Fe. Sabíamos que algo teníamos que hacer en esta situación de pandemia y cuando me convocó Nativas nunca dudé en sumarme”, agregó el joven.

Luego reconoicó que “en algunos días aparece el cansancio físico, la fatiga mental, pero tratamos todo el tiempo de generar un buen clima”.

Gaspar, otro de los ayudantes, añadió que “ya hace dos meses que estamos acá en el colegio; lo hacemos con muchos amor y con mucha alegría, tratando de dar una mano a la gente que lo está pasando mal”.