Tenía que ser un acto simbólico, silencioso, que respetara las normas de seguridad anti-coronavirus. Pero finalmente fue un caos y un escándalo.

En el día de la fiesta de la República, feriado nacional en Italia -que recuerda cuando en 1946 en un reférendum los italianos optaron por la república, en lugar de la monarquía-, la oposición de derecha protagonizó una manifestación de lo más polémica en contra del gobierno de Giuseppe Conte.

Pese a que están totalmente prohibidas las aglomeraciones -después de 33.475 muertes por coronavirus y casi dos meses de cuarentena que puso de rodillas al país -, una multitud que no respetó la distancia interpersonal se juntó en la emblemática Piazza del Popolo “en nombre de los italianos olvidados”. Reapareció entonces el líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, exministro del Interior y hombre fuerte del país, con barbijo tricolore, es decir, con los colores de la bandera nacional.

Según sondeos, Salvini perdió al menos 10 puntos en los últimos dos meses de pandemia, que traspasó a Giorgia Meloni, líder de Fratelli d’Italia, otra agrupación de derecha. Ella también se sumó a la manifestación con barbijo tricolor, así como Antonio Tajani, expresidente del Parlamento europeo y líder de Forza Italia, la agrupación de centroderecha del expremier, Silvio Berlusconi.

El llamado de Mattarella

Pese a que el presidente, Sergio Mattarella, en su discurso por la fecha patria hizo un llamado a la unidad moral y consideró “inaceptable que la política se divida sobre el dolor y utilice el sufrimiento de la epidemia los unos en contra de los otros”, la oposición igual salió a manifestarse. Se adueñaron, así, de la fecha patria más importante del año.

En tiempos normales el 2 de junio suele haber un desfile cívico militar en la avenida de los Foros Imperiales, al que participan, juntos, gobierno y oposición. Esta vez, debido a la pandemia, no se podía hacer. Y Mattarella decidió viajar a Codogno, el pueblo símbolo del coronavirus, en el corazón de Lombardía, la región del norte del país que pagó el precio más alto de la epidemia, para recordar que de esta pesadilla podemos salir “solamente juntos”.

“Como en el nacimiento de la República, en 1946, sirve hoy también un nuevo comienzo que supere las divisiones. Hemos redescubierto el sentido del Estado y del altruismo, sería imperdonable ahora disperder todo”, advirtió anoche Mattarella.

Manifestación y caos

Pero sus palabras se las llevó el viento. Aunque los organizadores de la manifestación de la derecha habían adelantado que iba a haber unas 300 personas, en el respeto de las reglas y de las disposiciones sanitarias que hacen imposible una participación masiva de ciudadanos, finalmente hubo caos. Solo al comienzo, en la Piazza del Popolo, hubo distanciamiento social, que se fue desvaneciendo en una caminata que desde allí se hizo por vía del Corso. Militantes desenrollaron una bandera italiana de 500 metros que llevaron al grito de “libertad, libertad”, “elecciones”, “renuncia” del gobierno de Conte, que por supuesto también recibió un coro de insultos. Al final, en un clima de euforia, decenas de personas hicieron fila para sacarse una selfie con Salvini, que nuevamente asesiado de gente, fotógrafos y cronistas, después de dos meses de abstinencia de masas, pareció revivir.

“Es la primera manifestación de la historia en la que le dijimos a la gente que se quedara en casa, que no viniera, pero las ganas de volver a una vida verdadera es mucha”, dijo Salvini, que se sacó el barbijo para hablar y sacarse selfies. “Estamos aquí en nombre de los italianos olvidados en estos meses y discriminados, estamos aquí para resolver los problemas, no para protestar, sino para proponer soluciones”, agregó, al detallar que la receta de la Liga y de la derecha es “burocracia cero y baja de impuestos”, en su conocido tono populista.

“No minimicemos el problema de los italianos que hasta ayer vivían de su trabajo y a quienes le cerraron por decreto sus empresas y que aún esperan ayuda que nunca llegó”, clamó, por su parte Meloni. “Estamos aquí para darle voz a una Italia que no se rinde, que cree en un futuro de libertad, orgullo, esperanza y trabajo para esta nación”, arengó.

En medio de una multitud que evidentemente no respetaba las normas de distanciamiento social, cuando un cronista le preguntó por las medidas de prevención, Salvini contestó: “Tengo barbijo y estoy feliz de saber que los números del contagio son bajos y espero que tengan razón los expertos que dicen que el virus está muriendo “.

Como era esperable, la manifestación creó escándalo, sobre todo por la falta de respeto de las normas de distanciamiento social. “Había muchos modos para manifestar el disenso. Salvini y Meloni han elegido el peor, sin que le importara el sacrificio de millones de italianos”, denunció el jefe de la cámara alta del Partido Democrático -de centroizquierda, en el poder-, Andrea Marcucci. Angelo Bonelli, del partido de los Verdes, en tanto, presentó una denuncia judicial : “la manifestación de la derecha fue un hecho vergonzoso, han sido violadas todas las medidas sanitarias, una afrenta a quienes han combatido contra la pandemia del Covid-19”.