El presidente Alberto Fernández afirmó este martes que “no está en la cabeza de ninguno de nosotros andar expropiando empresas” y dijo que la intervención de la empresa Vicentin implica “un enorme esfuerzo del tesoro nacional”.

“La excepcionalidad de esta decisión es absoluta”, remarcó el jefe de Estado en declaraciones a la FM Radio Con Vos.

Por otra parte, agregó que “el gobierno nacional se está “haciendo cargo de una empresa en quiebra, no de una empresa próspera”. Y agregó: “Se trata de una decisión excepcional por su naturaleza estratégica. No nos podemos hacer cargo de la economía privada”.

Continuando la charla, expresó el presidente: “Hay una voluntad de demonizar a Cristina Kirchner y perjudicar al gobierno mostrando a Cristina como un demonio que no es” Y agregó: “Si algo sale mal, échenme la culpa a mí, pero no a Cristina”.

Luego, consultado sobre su trabajo con la oposición para combatir la pandemia, dijo: “Seguro piensan distinto a mí en muchas cosas, pero en este momento de pandemia, no van a quebrarme. Voy a seguir trabajando con ellos todo lo que sea necesario porque no es momento para hacer política. Ya habrá tiempo para hacerlo”.

“Había que evitar que la compre una multinacional por un precio bajo”

En otra parte de la charla, detallando un poco más el por qué de la decisión del Gobierno, Fernández aseguró que tomó la decisión de impulsar la expropiación de la empresa Vicentin porque la firma corre riesgo de ser adquirida a bajo precio por parte de una multinacional extranjera: “Empezaron a llegarme la semana pasada emisarios de esos que siempre aparecen proponiéndome hablar con los dueños de Vicentin para encontrar una solución y me pareció que eso sólo enturbiaba la decisión que nosotros queríamos tomar”.

El jefe de Estado consideró también que la situación financiera de la empresa agroexportadora “no se estaba atendiendo adecuadamente y era difícil explicar por qué se habían endeudado de ese modo”.  Y agregó: “Nos venía pareciendo que esto podía terminar resolviéndose con una compra a bajo precio de parte de una de las multinacionales que ya existen”.

Y finalizó expresando que eso no le parecía bien a su gobierno porque “significaba que la Argentina perdía un operador muy importante en manos de esa transnacionalización”.