Cancillería negocia con China un acuerdo que podría multiplicar por 14 la producción de cerdos del país. Organizaciones ambientales y científicos difundieron una carta en la que se critica el proyecto por el impacto ambiental que podría tener.

Un posible acuerdo entre Argentina y China para que nuestro país aumente su producción porcina ha generado una ola de críticas desde los sectores ambientales, difundida por las redes sociales.

Según se afirma, el objetivo final sería que Argentina produzca nueve millones de toneladas de carne de cerdo para exportar al país asiático. Eso significa multiplicar por 14 la actual producción en el país.

Las negociaciones las está encabezando Felipe Solá, canciller de Argentina, y la cifra surge de una gacetilla publicada por este organismo el 6 de julio.

El problema ambiental está atado a la escala del proyecto.

Cualquier industria concentrada y a gran escala genera impactos por más sustentable que sean sus procesos. Ejemplos en Argentina son la megaminería y la producción de cultivos basados en el uso de agroquímicos.

“Son volúmenes que cuesta dimensionar. Y parte de las consecuencias va a ser la consolidación del agronegocio actual y tendrá consecuencias por décadas”, aseguró Guillermo Folguera, investigador del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires y uno de los profesionales que firmó el documento.

En el caso de la producción intensiva de carne, algunos impactos citados por ambientalistas y científicos son:

Riesgo de zoonosis

La pandemia actual agrega más polémica al proyecto. Se sabe que el coronavirus es una zoonosis, una enfermedad que saltó de animales a humanos. Lo mismo ha ocurrido con el ébola y las diferentes gripes pandémicas.

Las zoonosis surgen de dos situaciones: el contacto humano directo con animales salvajes como murciélagos por el avance de la civilización sobre ecosistemas salvajes, y la concentración de animales para su cría. El riesgo es mayor cuando ambas situaciones conviven, como ocurre en China.

“En los criaderos industriales, los animales son sometidos a aplicaciones de una cantidad de antibióticos y antivirales para prevenir las enfermedades y engordarlos rápidamente. Por ende, estos centros industriales se convierten en un caldo de cultivo de virus y bacterias resistentes”, asegura el documento firmado por investigadores, organizaciones ambientales y figuras del arte y de la cultura.

Contaminación

Un cerdo de 50 kilos genera unos siete litros diarios de orina y heces, lo que se conoce como purín. El purín contiene altas concentraciones de nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y otras sustancias que, sin un buen manejo de efluentes, se filtran a las napas y las contaminan.

Ocurre lo mismo con los sistemas de feedlots para vacunos. En las zonas aledañas a estas instalaciones los valores de estas sustancias en el agua suelen estar por encima de lo indicado para el consumo humano. 

Consumo de agua

El ganado consume agua, pero no sólo la que bebe, sino también la que se necesita para la limpieza de los corrales y galpones, para producir el alimento que consumen y la necesaria para poder depurar la contaminación que genera.

Se estima que producir un kilo de carne porcina requiere entre tres y cinco litros de agua por año. En nueve millones de toneladas, son 27 mil millones de litros de agua anuales.

Y si el producto final, la carne, se exporta, el agua utilizada en la producción también. Y sabemos que se trata de un recurso escaso.

Gases de efecto invernadero

Los cerdos no son animales rumiantes como las vacas, por lo que son más eficientes a la hora de convertir el alimento en carne. De igual forma, generan emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) como metano y óxidos nitrosos.

Otra vez, el impacto de este proyecto está dado por su escala de la producción. Argentina produce algo más de tres millones de toneladas de carne vacuna y esta actividad es responsable del 16 por ciento de las emisiones de GEI del país.

“¿Tendremos en cuenta las emisiones que generarán los criaderos y el despacho de la carne de una punta a otra del planeta?”, escribió en su Twitter Sergio Elguezábal, periodista y activista ambiental.

El agronegocio

El documento ambientalista establece de fondo una crítica al modelo agroindustrial argentino que abarca a todos estos puntos mencionados.

Y relata lo ocurrido en 1996, cuando se aprobó el uso de soja transgénica en Argentina sin ningún debate público. La decisión también estuvo a cargo de Solá, secretario de Agricultura de aquel gobierno de Carlos Menem.

En tanto, el documento dice: “Este convenio con China nos coloca aún más lejos de la deseada soberanía alimentaria. Nuestras tierras ahora no sólo estarán ocupadas por los granos transgénicos que se exportan para alimentar animales, sino también por los galpones que encierran a esos animales, que luego terminan exportándose, mientras la producción alimentaria local, de economías regionales y producción de alimentos sanos, sigue marginalizándose”.

“Los problemas son varios. El primero es el que ya tenemos con la ‘sojización’ que provocó un aumento de 1.400% en el uso de pesticidas. También nos ubicó entre los 10 primeros países en deforestación”, comentó en sus redes sociales Soledad Barruti, periodista autora de los libros Malcomidos y Mala leche, que son críticos al sistema agroalimentario argentino.