Catorce policías fueron identificados por el fiscal del caso. Analizan denuncias de reclusos, quienes aseguran que fueron tratados con suma violencia por los uniformados.

La tarde del lunes pasado estalló un motín dentro de la zona de calabozos de la Comisaría 9a, ubicada en una de las esquinas del cruce de avenida Facundo Zuviría y calle Fray Mamerto Esquiú, en barrio Los Hornos.

Los presos tomaron el control del lugar. Quemaron colchones y otros trapos para reclamar mejores condiciones de alojamiento y traslados, entre otras cosas. La revuelta duró un par de horas y terminó luego de una rápida intervención de bomberos y policías.

En las últimas horas se supo que algunos reclusos, a través de sus familiares, denunciaron que habían sido sometidos a violentos maltratos y humillaciones. El fiscal Ezequiel Hernández, titular de la Unidad Especial de Delitos Complejos del Ministerio Público de la Acusación, abrió entonces una investigación sobre las presuntas “vejaciones” sufridas por los internos.

El funcionario -entre otras medidas- comenzó a tomar declaración a los denunciantes, tarea que se dificulta porque varios de ellos fueron trasladados a puntos distantes como Coronda e incluso el sur provincial. Los relatos coincidirían al señalar que una vez sofocado el fuego y el motín, todos los presos habrían sido llevados al patio. Allí, mojados por la acción de los bomberos, habrían sido esposados y obligados a arrodillarse y permanecer así por un tiempo prolongado. También aseguran que en ese momento, quien se movía por la incomodidad era golpeado brutalmente.

Por la causa, están en la mira de Hernández once uniformados del Cuerpo Guardia de Infantería y también otros tres de la Comisaría.

Médicos policiales habrían constatado lesiones en los reclusos, en sus manos, en sus espaldas y también en sus cabezas. Uno de los heridos presentaba una perdigonada de postas de goma en el cuerpo.

Hacinados

Por otra parte, transcendió que los funcionarios de la fiscalía se sorprendieron al comprobar las condiciones en las que estaban alojados los internos.

Aparentemente, en su origen las instalaciones habían sido diseñadas para albergar a 12 detenidos, pero con algunas modificaciones se aumentó la capacidad a 16. No obstante, en el momento del motín había 42 sujetos adentro y dos decenas de ellos directamente vivían en el patio de la seccional, bajo un gran nailon que los protegía de la lluvia. “El panorama era muy parecido a lo que se puede ver en la serie El Marginal”, graficó uno de los investigadores.