La actriz más icónica de todos los tiempos murió el 5 de agosto de 1962. Pero su figura sigue siendo parte de la cultura popular, con toques de glamour, encanto y altas dosis de tristeza.

Cincuenta y ocho años sin Marilyn Monroe​ en el mundo. Sin embargo, su imagen icónica sigue tan presente como si el tiempo se hubiera detenido ese 5 de agosto de 1962, cuando la actriz apareció muerta en su casa de Los Ángeles, sobre su cama, desnuda y envuelta en sábanas blancas.

Ese día nació el mito. Tenía 36 años y había filmado 30 películas (el número 31 quedó inconclusa), pero hacía rato que la chica de vida trágica y fama estelar había conquistado al planeta. Su melena rubia, su voz susurrante y su caminar felino la convirtieron, a su pesar, en símbolo sexual para siempre.

Esa etiqueta fue también su ruina. El cine primero y el público después se encandilaron tanto con su belleza y carisma que se olvidaron de la mujer que había detrás.

Marilyn era buena actriz, estudiosa y una gran lectora, pero eso parecía no importarle a nadie. Sus curvas que, curiosamente hoy algunos considerarían un poco pasadas de peso, borraron todo lo demás. Pero ¿cuántas mujeres hermosas trascendieron las generaciones y siguen siendo referentes casi 60 años después de morirse? Una sola: Marilyn Monroe.

Antes de convertirse en una de las imágenes más emblemáticas de la cultura popular (el artista Andy Warhol basó su célebre retrato de la actriz en una estampa promocional de la película Niagara), Marilyn fue una niña huérfana, tuvo tres maridos, algunos amantes famosos, una breve etapa de glamour y brillo hollywoodense y, también, varias tragedias.

Nació como Norma Jean Baker (el apellido de su madre) el 1 de junio de 1926, en Los Ángeles. Por un tiempo usó el apellido Mortenson, de su padre, quien desapareció de la vida de madre e hija antes de que Marilyn naciera. Su mamá eligió sus nombres en honor a dos actrices de la época a las que admiraba: Norma Talmadge y Jean Harlow. Le fue marcando el destino.

Los problemas económicos y psiquiátricos de su madre hicieron que la pequeña Norma Jean pasara su infancia entre familias adoptivas y orfanatos. Antes de cumplir los doce años, ya había sufrido dos violaciones.

A los 16, como una forma de sobrevivir, se casó con James Dougherty, de 21, que era el hijo de una vecina. El chico era policía y, un año después, enrolado en la Marina estadounidense, fue enviado al frente durante la Segunda Guerra Mundial. Marilyn (por entonces todavía Norma Jean) encontró trabajo en una fábrica de municiones.

Su vida dio un vuelco fundamental cuando un fotógrafo hizo una producción fotográfica en la fábrica y ella fue una de las retratadas. Otra vez una marca de destino: con el tiempo se convertiría en una de las mujeres más fotografiadas de la historia.

A los 20 años se divorció y empezó a trabajar como modelo. Del modelaje (se hicieron famosas unas fotos en la playa que Marilyn hizo para un calendario), pasó a los castings como actriz y ya, como extra, uno de los productores de la Twenthie’s Century Fox la bautizó con el nombre artístico que la popularizó.

En sus primeras películas, apareció en roles secundarios junto a los Hermanos Marx, Bette Davis, Ginger Rogers, Cary Grant y otras estrellas del momento. Su belleza y sensualidad empezaban a llamar la atención y también recibía buenas críticas por sus interpretaciones.

A Marilyn le interesaba de verdad la actuación y se se puso a estudiar Arte y Literatura en cursos nocturnos en la Universidad de Los Ángeles. Y se pasaba horas leyendo al poeta Walt Whitman y al novelista James Joyce, en los descansos de los rodajes.

En 1953, cuando su fama empezaba a crecer, una de sus fotos de la época de modelo fue comprada por Hugh Heffner y publicada en la revista Playboy. Seguía creciendo el fenómeno.

Ese mismo año, su actuación en Los caballeros las prefieren rubias, enfundada en un vestido fucsia, y cantando “Los diamantes son los mejores amigos de las chicas” sería la inspiración, décadas más tarde, para el video Material Girl, de Madonna​.

Durante su etapa de mayor éxito cinematográfico, su vida comenzó a ser la de una estrella de Hollywood, pero el glamour era sólo la fachada.

Como les ocurría a muchas otras actrices, su salario era inferior al de sus colegas varones y el contrato con la productora le impedía elegir sus papeles. A los productores les encantaba el personaje de rubia tonta y ella quería demostrar que era actriz para mucho más. Ante la negativa de hacer un musical junto a Frank Sinatra justamente por este tema, la suspendieron por unos meses como castigo.

En 1954 se casó con Joe Di Maggio, con quien salía hacía dos años. Di Maggio era una estrella del beisbol, doce años mayor que Marilyn, divorciado y con un hijo. La boda fue uno de los eventos mediáticos de la época.

Dice la leyenda que, un año después, por un ataque de celos del deportista cuando ella filmaba la famosa escena del vestido blanco que se le levanta cuando se para en la boca del subte para La comezón del séptimo año, se desató una crisis en la pareja. Enseguida llegó el divorcio, pero esa imagen pasó a engrosar el mito MM.

La leyenda también dice que Di Maggio fue el único que siguió llevando flores, durante décadas, a la tumba de Marilyn.

Para recuperarse del divorcio e interesada por seguir aprendiendo, se mudó a Nueva York, estudió en el Actor’s Studio y fue recomendada por el propio Lee Strasberg, su director, para ser parte de una obra dramática en Broadway. Los críticos empezaron a fijarse en su talento como actriz y a partir de entonces sus trabajos en cine recibieron nominaciones a los Globos de Oro y a los BAFTA británicos.

Su relación con el mundo intelectual era cada vez más estrecha. Amiga de Truman Capote​, la actriz conoció a Arthur Miller, uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX y hubo flechazo, a pesar de pertenecer a dos mundos tan distintos. Marilyn se convirtió al judaísmo para casarse con Miller en 1956. Pero el matrimonio no funcionaba como ella esperaba y empezó una etapa de depresión y adicción al alcohol y los sedantes.

Poco después, mientras estaba filmando en Londres, El príncipe y la corista, junto a Lawrence Olivier, sufrió un aborto espontáneo y eso la deprimió aún más. Dos años después volvió a pasar por la misma situación. Al divorcio de Miller, en 1961, le siguió un período de clínicas de rehabilitación y hospitales por distintos problemas de salud.

Además de sus matrimonios, Marilyn tuvo romances con Tony Curtis, Frank Sinatra, Yves Montand y Marlon Brando. Pero sin dudas, el más famoso, polémico y dramático fue con el entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy​. El “Happy Birthday Mr. President” que Marilyn entonó en el Madison Square Garden y transmitido en directo a millones por televisión también forma parte de la leyenda.

Su vínculo con JFK y más tarde con su hermano, Robert Kennedy, fue el principio del fin. El romance fue muy desparejo y se mezcló con la política, la mafia, la CIA. Dos meses después de aquel Feliz cumpleaños, Marilyn murió y surgieron todo tipo de especulaciones: ¿suicidio? ¿asesinato? Tres meses más tarde, JFK era asesinado.

Marilyn fue la mujer más deseada y quizás también la más frágil, triste, solitaria y menospreciada. En una entrevista para la revista Life, en 1952, cuando le preguntaron qué usaba para dormir, ella respondió: “Sólo unas gotas de Chanel N° 5”. No había arreglo publicitario para promocionar el perfume; era la vida real. Era cien por ciento Marilyn.