Cuando el país se conmocionó con la noticia de la muerte de Solange Muse, la joven enferma de cáncer que no pudo despedirse de su padre, la Comuna de María Teresa, en el sur de Santa Fe, sentaba un precedente.

Casi en simultáneo, puso por delante el sentido común, flexibilizó normas y humanizó todos los protocolos conocidos por COVID-19, para que doña Marta, una integrante de la Residencia de Adultos Mayores de esa localidad, pueda a sus 96 años conocer a Clara, la bisnieta recién nacida.

La beba nació el 7 de agosto y desde entonces, Valeria Piazza, la mamá, quería que su abuela la conozca. El tema estaba en que tanto madre e hija, son oriundas de Santa Isabel, un pueblo del departamento General López con un fuerte brote de coronavirus. Si bien la situación hoy parece estar más controlada, son muchos los gobiernos locales que cuidan a rajatabla a sus habitantes y tratan de evitar el ingreso de personas de otros lugares. Pero en este caso en María Teresa, apelaron al sentido común.

Con sensibilidad, creatividad y humanidad, desde la Comuna dejaron que Valeria y Clara llegaran hasta la Residencia, sin violar las normas actuales. Y es que a partir de la llegada del pico de contagios y el recrudecimiento de la pandemia, está vigente la prohibición de ingreso de familiares a hogares de ancianos y residencias. Esto fue decretado por el gobernador Omar Perotti, para prevenir de posibles contagios en esa franja etaria por ser de alto riesgo.

Entonces, el presidente comunal Gonzalo Goyechea decidió permitir las visitas en el exterior del lugar, en el patio, desde las 14 hasta las 17.30 horas, con distanciamiento y barbijos para todos. “La prohibición de las visitas es una medida dura, triste y difícil pero totalmente necesaria para cuidar a quienes son más vulnerables. Por eso nos emocionó ver a Marta conociendo a su bisnieta a través del vidrio”, aseguró. En el mientras tanto, se trata de minimizar el poco contacto familiar con diferentes actividades, como pintada de uñas, peinados, tintura, ejercicios en la barra, cocina, charlas, tardes al sol, cocina y escuchando música.

Valeria, remarcó que su intención era que su abuela viera a la nena y que sintiera que están bien: “Fue re lindo el momento. Ella en octubre cumple 97 años y no sé cuánto más la vamos a poder disfrutar. Me parecía importante que viera a la bisnieta”, aseguró.

Luego, remarcó: “La verdad que cada vez que voy y la tengo que ver por el vidrio me entristece un poco porque siempre a la abuela le di un beso y un abrazo. Pero bueno, por lo menos me interesa que sepa que estamos bien, y nosotros saber que ella está bien. Fueron minutos muy importantes para las dos. Nunca me los voy a olvidar”.