Las buenas historias, también se cuentan. Y esta es una que pasó en el sur de la provincia, en la ciudad de Venado Tuerto. Ahí, en la Cuna de la Marcha San Lorenzo, Florencia Mestre narró a través de las redes sociales su situación con el coronavirus y cómo vive hoy después de esta experiencia, que a muchos les cambió la vida.

Tiene 30 años y trabaja como docente. Recientemente recibió el alta médica luego de ser diagnosticada con COVID-19. Empezó con síntomas el miércoles 12 de agosto y para el sábado 15, ya estaba en el Centro de Aislamiento, casualmente propiedad de la institución en la cual da clases, en el campo del Instituto Santa Rosa. Para el 22, regresó a su casa.

En diálogo con El Litoral, reconoció en primer lugar que no sabe cómo se contagió. Y esto, lo aclara porque en Venado Tuerto, está decretada la circulación comunitaria. Vive con su familia (mamá, ama de casa; papá, médico) y los incluye dentro del grupo más vulnerable, es decir, son población de riesgo por la edad. Además, es la encargada de hacer los mandados y tareas esenciales. Puede que, por ese lado, en las salidas indispensables, se haya contagiado.

“Un miércoles empecé con síntomas, dos días después me hice el hisopado. A ellos (los padres) les tocó el sábado y les dio negativo. Cuatro días después, se lo repiten y ahí les da positivo. Para entonces, yo ya estaba aislada”, relató.

La docente, remarcó que en el distanciamiento, todas las personas con las que estaba, era por un motivo: “O en nuestros hogares había personas que no tenían síntomas o habían dado negativo en los hisopados. Nadie estaba ahí por estar. Gracias a que existe el Centro de Aislamiento, de esta manera nos quedamos tranquilos que estamos cuidando a los que más queremos. Allí, a pesar de estar lejos de casa, teníamos la compañía de personas que vivían exactamente lo mismo, con comodidades para que nuestra estadía, a pesar de la enfermedad, sea lo más amena posible”, aseguró.

La joven, fue clara al afirmar que “el virus sí existe” y que ella pensaba que dependía exclusivamente de sus actitudes no contagiarse, pero igual le pasó: “No asistí a reuniones, no retomé los deportes, no salí a tomar algo con amigos. Y una vez más me equivoqué. Depende absolutamente de todos. Este virus es muy contagioso”, remarcó.

Desde que le dieron el alta, asegura que se nota más cansada de lo habitual. O de lo que recordaba antes del virus. “Era bastante ágil y ahora me di cuenta que no. Sigo sintiéndome así (cansada) para hacer las cosas. Todo me lleva tiempo. Lo noté cuando retomé las clases online”, indicó.

Además, admitió que sigue sin salir de su casa y que ahora, tiene más miedo que antes. De hecho, en ese aislamiento aprovecha para informarse y consumir contenidos en redes sociales. Y ahí es donde se topa con personas que afirman que el virus no existe o que ponen en tela de juicio lo que se hace desde la Municipalidad.

Por esta razón, a través de su publicación, buscó en cierto modo “agradecer a todas esas personas que nos acompañaron durante aislamiento”. Para ella, son “pocas las personas que se animan a ir” a cuidarlos y eso es “sumamente valorable”. Teniendo en cuenta que son personas que deciden cuidar a enfermos, que a su vez se separan de sus seres queridos para protegerlos también.

“Mientras estaba allí, leí muchos comentarios falsos de la cantidad de personas que estaban en el Centro de Aislamiento. Puedo asegurar que los que se informan desde la Municipalidad de Venado Tuerto, son ciertos. Entiendan que mucha gente, mientras otros hablan con comentarios que no suman, están dando todo lo mejor para acompañarnos en este proceso. Una asistente social llama a nuestras familias diariamente para hacerles un seguimiento y también, tenemos a disposición un psicólogo”, aclaró.

En este orden, valoró: “Aquellos que tengan síntomas, no se desesperen y mantengan la calma. No existe una medicación. Si hay demoras para hisoparlos, quédense en su casa, tengan paciencia, son muchos los que están en su mismo lugar. Cuidémonos entre todos, cuidemos a nuestros adultos mayores”, agregó.

Finalmente, anticipó que está en averiguaciones para convertirse -junto a sus padres- en donante de plasma: “A los 30 días de que di positivo, me tengo que contactar para los análisis. Si cumplo los requisitos, me avisan y trasladan a Rosario. Todos los recuperados de COVID-19 podemos donar plasma. Podemos salvar a otros estando vivos”, cerró.