Las redes se llenan de homenajes al pintor que desafió a la Iglesia y a todas las instituciones. Editan un libro que él diseñó.

Cachivaches, formas extrañas en espuma de poliuretano, el santoral en sartenes o encastrado en picadoras de carne. Manuscritos, collages. Piezas eróticas. Luces, sonido, colores, brillos. Cuadros, esculturas. Una ruptura en el sistema artístico. Su alma de ingeniero ahí desparramada, en mix con su corazón de izquierda, a lo largo de una vida, una obra. León Ferrari produjo hasta los 92 años y cada cosa que hizo todavía parece novedosa.

Murió el 25 de julio de 2013, pero mejor que llorarlo es celebrarlo. Este jueves se cumple un siglo de su nacimiento. Y aunque estos números indiquen lejanía en el tiempo, no es su caso. De hecho, aún sigue generando. Sentido, ideas y sensaciones con su trabajo artístico, pero también material. Un spoiler a esta nota: ¡un libro nuevo! Y no es publicación póstuma, sino un trabajo colaborativo. Pronto más datos.

La obra de Ferrari es como él. Polémica y poética. Sensible y repleta de humor. Cargada de vida y exponiendo la muerte. Cruda, ácida, valiente, directa. Y amorosa. Cómo no celebrarlo en sus 100 años con una fiesta virtual, interactiva, colectiva, casi centennial de lo juvenil, explosiva, desbordante. Hay muchísimas propuestas a tan solo un clic. Muy afín con él, que siempre fue un niño, lleno de chiches, ideas y potencia.

Hitler y Videla, en una obra de León Ferrari

Desde 2018 funciona, en donde fue su último atelier, la Fundación Augusto y León Ferrari. Queda en el corazón del barrio porteño de San Cristóbal. Es una casona antigua abierta al público, momentáneamente cerrada por la pandemia. Meterse en sus entrañas es integrarse a la reflexión del artista, que cuestionó con su obra mayormente a la religión como dogma, pero también el horror de la guerra, las dictaduras, los abusos de poder. Lo debatió todo. Puso en duda cada cosa que se daba por tácita.

Su taller tiene materiales que no llegó a usar, obra del padre, objetos personales, una biblioteca con 3.500 libros sobre religión, grabado, serigrafía y literatura erótica, mil etcéteras. Y sobre todo hay más de 400 obras. Solo algunas quedaron inconclusas, porque fue prolífico hasta el último día de su larga vida. Incluso lo es ahora, a siete años de su muerte. Y acá se explica el spoiler del inicio.

A fin de septiembre sale algo nuevo. Planos y papeles es un libro que imaginó y diagramó en 2004. Recopila una serie de sus obras. En 2016, la Fundación comenzó a trabajar junto a La Libre, una cooperativa de libros y cultura, para continuar y terminar este proyecto. Con la adenda -al título y en contenido- de inéditos. Son imágenes para ser leídas. Desde comienzos de la década del 60 Ferrari estuvo pensando en el lenguaje como parte de la plástica. Acá, elabora vocabularios y escenas imaginarias para promover una reflexión, en este caso sobre sobre los códigos visuales cotidianos.

Sin título, de la serie “Releitura de la Biblia” (1986).

Ferrari es un gran ejemplo de lo que es la provocación deliberada y efectiva en el campo del arte. Sus obras tuvieron y tienen un impacto enorme, que trascendieron los círculos endogámicos culturales. Como aquella retrospectiva que terminó siendo la muestra más escandalosa del arte argentino. Hasta ese momento era conocido en su círculo, y apenas un poco más. Fue la muestra que, como homenaje por su medio siglo de trayectoria, en 2004 se hizo en el Centro Cultural Recoleta, curada por Andrea Giunta.

El entonces cardenal Jorge Bergoglio -hoy, papa Francisco- declaró que la muestra era blasfema. Y el resto de la historia es conocida: un hombre entró al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, rompió la pieza llamada La ciudad de los inmortales, la Asociación Cristo Sacerdote comenzó una serie de denuncias que exigían la clausura y lo lograron. Pero la sociedad reaccionó. Artistas visuales, intelectuales, actores y escritores publicaron una solicitada en defensa de Ferrari con 2.800 firmas. Hubo una manifestación en la terraza del Recoleta.

Después del ataque, la cobertura en los medios y la reapertura, la muestra fue visitada por más de 70 mil personas. Era un evento masivo, una fiesta de protesta. “Nunca un artista tuvo tanta publicidad”, dijo entonces Ferrari con humor y rebautizó la obra rota, que decidió no reparar, Gracias, Bergoglio.

La civilización occidental y cristiana (1965).

Desde ese momento, a los 84, se hizo tan popular como prestigioso en la Argentina y el mundo. Qué punk fue aquel salto rotundo a la popularidad y el reconocimiento, que a él no lo cambió en nada. Siguió trabajando con la misma desfachatez y provocación. Y qué hermoso hackeo al sistema es que ahora lo homenajeen, en su centenario, con tanta pompa y ceremonia, dos de los museos más importantes del país.

La cantidad de material para ver en la casa-atelier, cuidada por la conservadora Gabriela Baldomá, parece interminable, pero es menos de un diez por ciento del total de la obra de Ferrari. El resto está en colecciones privadas y museos del mundo. Y ahora, para celebrarlo, se da este mix que solo él generaba: un cocoliche contestatario y desbordante difundido al mundo vía web desde el corazón de una pandemia.

Después de su muerte en 2013, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires recibió, como donación de la familia Ferrari, gran parte de su obra. Por los 100 años de León lanzan en su web una publicación realizada especialmente para celebrar su legado, que incluye imágenes de 72 ilustraciones. También, la performer Maricel Álvarez va a interpretar el texto Prismas y rectángulos, que el artista escribió en 1980 para el catálogo de una de sus muestras. Y el dramaturgo Alejandro Tantanian leerá una carta del 21 de septiembre de 1965 en la que habla del vínculo entre arte y política, algo en lo que siempre creyó.

Zoología, de León Ferrari.

De bonus, hay una actividad integrada para niños y niñas con trastornos del espectro autista. Es sobre la ilustración en tinta china Zoología, de 1988.

El Museo Nacional de Bellas Artes tenía programada, antes del cierre temporario por el COVID, una gran muestra antológica con curaduría del director del museo, Andrés Duprat, y de la historiadora Cecilia Rabossim. Iba a comenzar en abril y la fecha se fue posponiendo por la duración de la cuarentena. Así que ahora se puede ver, en su web y redes sociales, otro festejo.

A lo largo del día van a compartir muchos de sus textos y estará para descargar la publicación digital Nosotros no sabíamos, una obra gráfica de 1976. Además, dejarán acceso gratuito a la película documental sobre Ferrari Civilización, dirigida por Rubén Guzmán.

Como cereza de ese postre, hay testimonios audiovisuales de distintas personalidades que evocan al artista. Entre otros, está su gran amigo y colega Yuyo Noé, el crítico literario y escritor Noé Jitrik y hasta Silvio Rodríguez. Y no, nada de esto anula el plan original, así que se podrá espiar algunos avances de la exposición antológica León Ferrari. Recurrencias, que finalmente fue programada para 2022.

Lo prolífico del festejo se parece al caudal de su trabajo. Ferrari no paraba de pensar y hacer. Es genial. En este caso, en vez de evidenciar una falta de contacto, la virtualidad resulta ideal para recorrer la enorme cantidad de obra que dejó. Y también las esquirlas. Pensamientos y escritos que genera, películas que inspiró, mundos que tocó. El final del recorrido por el aniversario de Ferrari dejará cabezas repletas de fuego, también de colores, sonidos, destellos. Su propuesta sigue tan vigente y tangible como cuando aún cualquiera caminaba por la calle. Así como hacía él, que iba por Pichincha -pelos blancos al viento, la sonrisa infantil en su cara anciana- hacia su atelier.

Ahí lo sigue esperando, colgada de un atril, la camperita beige con bolsillos que usaba siempre. Igual que las vitrinas repletas de cachivaches que no llegó a usar. Todo está un poco detenido en el tiempo, es verdad. Pero cada vez falta menos para que comience a moverse la aguja del reloj que hace avanzar al mundo.

Y quien se deje sacudir por Ferrari, va a experimentar la velocidad. Porque el corazón se llena. La piel se eriza. Las ideas hierven. Y eso se toca. Aunque esta vez se celebre de modo virtual.

Sin título, de la serie “Releitura de la Biblia” (1986).

Sin título, de la serie “Nunca Más” (1996).