En la zona de la playa Los Alisos viven cerca de 50 familias en condiciones precarias y los problemas con los vecinos son moneda corriente. El municipio proyecta resolver las fragmentaciones sociales y encontrar una solución definitiva junto a organizaciones sociales, el gobierno Provincial y otros organismos del Estado.

Resolver las precarias condiciones de hábitat de cientos de familias en la ciudad es una materia pendiente que los gobiernos municipales y provinciales aún no pueden “aprobar”, ya sea porque las políticas aplicadas son erradas o por el simple hecho de que el porcentaje de pobreza e indigencia en el país crece a grandes pasos y la necesidad de tener un lugar para vivir es urgente.

Ante esta falta de “vivienda digna”, las familias santafesinas que no tienen un techo para vivir se movilizan en grupos y se asientan en diferentes terrenos libres que encuentran en las periferias de Santa Fe. Estos asentamientos generan situaciones conflictivas entre los vecinos, y se vuelve una fricción diaria. Ejemplo claro es lo que sucede en El Pozo. Allí unas 49 familias (según relevamiento del 2019) están asentadas a orillas de la laguna Setúbal, sobre la playa Los Alisos, un espacio ocupado hace más de una década.

“La ciudad de Santa Fe presenta fragmentaciones socio urbanas que evidencian la vulnerabilidad social y la discontinuidad del tejido urbano. Estos sectores de la ciudad representan los mayores índices de hacinamiento y de inseguridad. Si a esto le sumamos la desigualdad en el acceso al suelo, genera ocupaciones irregulares, como es el caso de Los Alisos, una zona con riesgo hídrico”, analizó Paola Pallero, directora ejecutiva del Ente Autárquico Santa Fe Hábitat, en una entrevista con El Litoral, y agregó: “Como primera instancia queremos afrontar un relevamiento nuevo de las familias y actualizarlo a hoy. Esto se hace mediante un trabajo coordinado con la Provincia y el MPA (Ministerio Público de la Acusación)”.

Los sectores que evidencian estas situaciones irregulares, para Pallero se ubican, en su mayoría, “en el borde oeste de la ciudad, en el norte y en el distrito de La Costa”. Al ser consultada sobre el análisis comparativo con años anteriores y el crecimiento demográfico de los terrenos usurpados, la funcionaria destacó: “Sí, tienen un crecimiento sostenido. En el caso de El Pozo desde el 2009 hasta el día de hoy”.

Plan de integración

-¿De qué manera se puede abordar la problemática?

-Desde el municipio vamos a apostar a un proyecto de reubicación que sea sostenido en el tiempo y que sea integral, es decir, que no solo aborde las mejoras de viviendas en un lugar seguro, sino también que contemple el espacio público, la integración socio urbana y la infraestructura necesaria, para no replicar esta situación en otro lugar de la ciudad.

Recordemos que los Alisos es uno de los barrios populares censados por el Renabap (Registro Nacional de Barrios Populares) para la integración socio urbana. Para nosotros es una prioridad intervenir en el proyecto de integración socio urbana, pero cuando constituyen un riesgo para sus habitantes como es el caso de Los Alisos, al ser una zona de riesgo hídrico, los proyectos se deben abordar de manera integral desde todos los niveles del Estado, conjuntamente con las organizaciones sociales. Es por eso que lo estamos haciendo con los vecinos de barrio El Pozo, organizaciones sociales y autoconvocados, para transmitirles la prioridad del municipio de trabajar en esta integración socio urbana.

-¿Los vecinos comparten esta idea?

-Sí, cuando estuvimos reunidos les compartimos nuestra visión y por eso vamos a seguir trabajando en conjunto.

-¿Cuánto tiempo va a demandar esta integración?

-Va a depender del financiamiento y los recursos que podamos ir consiguiendo, pero el proyecto ya está bastante avanzado.

-Es una problemática que tiene mucho tiempo, han pasado diferentes gobiernos provinciales como locales. ¿Hoy la realidad cuál es?

Para nosotros es una prioridad por la vulnerabilidad social que se fue generando, no solamente a nivel inseguridad sino también en relación al hábitat y la calidad de vida de estos habitantes. Más la problemática que puede trasladarse con los vecinos de El Pozo.

-Cuando asumieron como gobierno municipal ¿Esperaban encontrarse con esta situación de hábitat o los sorprendieron los números?

-Nos sorprendieron los números, sobre todo la fragmentación de la ciudad, hay una brecha muy grande entre el ejido urbano formal y el informal. Por eso estamos priorizando todas las obras de integración socio urbanas en el noroeste y en el borde oeste, para no solo apuntar a la construcción de nuevas viviendas sino también dar alternativas de mejoras que puedan generar un lugar digno.

Del otro lado de la defensa

El Litoral recorrió el lugar y dialogó con los vecinos para conocer sus posturas de la situación de controversia que genera el tema de los asentamientos.

María del Rosario Alarcón, vecina de El Pozo, dio su punto de vista a la problemática del asentamiento en la playa los Alisos, pero antes repasó los años que dieron origen al barrio popular. “Antes que se comience a construir el centro comercial (ex Paseo del Sol, ubicado frente a El Pozo) había una villa asentada sobre la entrada del shopping, al costado de la ruta 168 y que la llamaban Villa Corpiño. De golpe sacan la villa porque estaba en un terreno privado y ahí construyen la estación de servicio, cuando los corren vinieron a asentarse a orillas de la laguna, detrás del barrio El Pozo”, rememoró la vecina.

-¿Cuál es la mayor problemática que les genera a ustedes?

-Acá la problemática es la ausencia del Estado, que ha estado ausente en los últimos 13 años. El mayor problema es la inseguridad, no porque la gente del asentamiento sea mala, sino que en el último tiempo ha venido gente que ocupa terrenos y vende casas, acá la delincuencia se volvió algo común.

-¿Quién debería regular estas ventas ilegales de terrenos?

-La regulación tiene que venir por parte del Estado. Hay tanto leyes provinciales como nacionales que prohíben la edificación en los márgenes de los ríos y nosotros no tenemos una edificación, tenemos un barrio completo.

-¿Tuvieron respuestas recientes por parte del Estado?

-Sí, la última convocatoria la hizo el intendente Jatón en la Municipalidad con todas las instituciones barriales, que fueron bien recibidas y presentaron sus problemáticas.

-¿Qué es lo que quieren ustedes: que los saquen o que les den un lugar donde vivir?

-Una cosa lleva a la otra. Las personas que viven en ese lugar son ciudadanos que tienen sus derechos. Acá no se trata de una lucha de pobres contra pobres, una pelea que sucede cuando el Estado está ausente. Esa gente merece vivir de otra manera. No tienen agua potable y estamos en pleno de una pandemia, una parte tiene luz porque la EPE colocó una conexión comunitaria, pero en la otra parte los cables bajan del alumbrado público y es un peligro. Viven en una miseria absoluta y no puede ser que vivan así.

Tierra adentro

La vecina Jimena Romero comentó, en referencia al asentamiento en los Alisos, que “hay muchas necesidades en este pequeño barrio. A mí me gustaría que haya un plan de trabajo para que los viven en el asentamiento hagan trabajos en el barrio El Pozo y también esperamos un plan de vivienda para que puedan vivir con agua y luz, porque eso es un derecho”.

-¿Cómo llega la gente a este lugar? ¿En qué situación?

-Hay gente de la periferia de la ciudad, pero también hay gente que vino de Chaco, de Santiago del Estero. Acá tienen muchas necesidades básicas (de servicios esenciales), hay diferencias entre los vecinos.

-¿Cómo fue tu llegada al barrio? ¿Pediste permiso para instalarte?

-Mediante una carta que mandé al Concejo Municipal y me dijeron que podía estar a dos metros del defensa pero que no se podía edificar casa y por eso armé mi ranchito.

-¿Es difícil convivir con el vecino que está del otro lado de la defensa?

-No se hace difícil, hay que aprender a convivir. En 15 años nunca vi lo que pasó hace poco (en referencia a los tiroteos ocurridos en julio).

“Compré un ranchito”

Facundo vivía en Alto Verde, pero decidió mudarse al asentamiento de Los Alisos luego de comprar, de forma irregular claramente, un espacio para vivir. “Llegué porque compré un ranchito. Mi mamá me lo consiguió”, aseguró. Al ser consultado sobre quién fue su vendedor, Facundo se limitó a decir: “Ni idea quiénes eran. Acá había gente que vendía los terrenos, ni eran los dueños, pero los vendían igual”.

“Acá se vive tranquilo, mejor que en otros barrios”, destacó el joven que se las rebusca como albañil, y agregó: “Me gustaría vivir acá y capaz que algún día podamos tener una casa de material”.

-¿Qué sentís cuando hay gente que piensa en sacarlos de acá?

-Mal. Nosotros no tenemos otro lugar para estar y para dónde ir. Acá hay mucha gente que tiene hijos chicos, algo les tienen que dar.

Otro de los vecinos del asentamiento comentó cómo fue su llegada a Los Alisos y dijo: “La verdad que esto es un espacio verde y sabemos que es una usurpación. En otra vida hubiésemos querido una casa digna de material como todos se merecen. Pero nos tocó esta situación de vivir en un rancho de chapa y cartón, y pasamos frío, calor y muchas necesidades”.

Acerca de lo que desea para su futuro en el lugar, el vecino sostuvo: “Intentamos buscarle el lado bueno y pensamos que se puede salir adelante. Llegar a un acuerdo con los vecinos y entender que somos todos iguales y con el tiempo uno se conoce más, buscar tranquilidad y socializar con todos”.