Una puñalada le perforó el estómago y la segunda, que fue mortal, ingresó a la altura del corazón.

Marco Antonio Vallejos tenía 16 años y murió poco después de ingresar a la guardia del Hospital de Marlagüe, en Mendoza. Había sido apuñalado en el pecho y en el abdomen. La persona que lo acompañó hasta el centro médico fue señalado después por un testigo como el presunto autor del crimen: tiene 14 años y era un amigo de la víctima.

El dramático desenlace de esta amistad estalló de imprevisto el domingo a la noche mientras los adolescentes jugaban un partido con la PlayStation. Entonces, según publicó el portal local Los Andes, las burlas fueron escalando, se convirtieron en discusión y todo terminó de la peor manera cuando el más chico de los dos tomó un cuchillo y atacó al otro.

La secuencia que derivó en un homicidio surgió del relato de un testigo mayor de edad que declaró en la causa y aportó detalles de esa pelea. Lo cierto es que cuando la policía llegó al domicilio del barrio Los Intendentes “el menor tenía manchas de sangre de la víctima en su ropa”, indicó una fuente cercana a la investigación.

Marco murió en la tarde del lunes pese a los intentos de los médicos por estabilizarlo y fue sepultado ayer en el cementerio de esa ciudad en medio del dolor y la bronca de sus familiares y amigos.

En tanto, el chico de 14 volvió a su casa con su mamá mientras la fiscal avanza con algunas declaraciones para tener todos los detalles del hecho y después procedería a cerrar la causa ya que “el menor, por la edad, es inimputable”.

La víctima pasó algún tiempo en un hogar para niños de Malargüe, terminó la escuela primaria y con esfuerzo y la ayuda de sus docentes había empezado sus estudios secundarios. El sacerdote Ramón Saso, responsable de la pastoral de adicciones de la diócesis de San Rafael, era su padrino y en diálogo con LV 19 Radio Malargüe se refirió a la muerte de Marco.

“Intentamos seguirlo lo más que pudimos. El quid de la cuestión aquí no es solamente una pelea de pibes; el problema es el consumo de drogas, hayan o no estado drogados en ese momento, y me hago cargo de lo que digo. Acá el problema es la gran cantidad de droga que hay. Nadie dice ni hace nada. En cuarentena, si hay algo que no ha dejado de circular es la droga”, sentenció el cura.

“Me duele y lloro pero no me desanimo; me acuerdo una charla con este chico, el tendría 12 o 13 años y me dijo -yo no quiero hacer esto, quiero salir e irme a un hogar- para lo que yo he hablado con instituciones públicas que me dijeron que no hacía falta que fuera a un hogar, casi me peleé con instituciones públicas hace unos dos años por esto y me respondieron que él no necesitaba ir a un hogar. ¿Y ahora dónde está? Está enterrado ahora”, se lamentó el Padre Saso, y concluyó: “Lo digo para que los padres y maestros trabajen y hablen del tema. Que les enseñen que se puede ser feliz sin drogas y hablarlo no solamente cuando pasan estas cosas, sino de forma permanente”.