Las autoridades explican el “cuello de botella” en que las internacionales por Covid-19 son largas y entran más pacientes que los que salen. “El escenario es cada vez más crítico”, afirman las autoridades.

En el Hospital Provincial no quedaban plazas en la Unidad de Cuidados Intensivos y el escenario se complicó aún más con el aislamiento de 20 enfermeros por ser contactos estrechos de personas con diagnóstico de Covid. El Modular, en Granadero Baigorria, anoche tenía ocupadas 18 de las 21 plazas de terapia. Encontrar una cama ya no es fácil. Hasta al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez llegan ambulancias pidiendo “apoyo institucional” para pacientes con obra social que requieren internación y no encuentran dónde ser alojados. En ese contexto, con una red de salud ocupada en un 90 por ciento, tanto en el sector público como privado, la pandemia muestra “el embotellamiento” que se genera en el sistema porque “entran más de los que salen”, una metáfora vehicular que permite visualizar con claridad la falta de disponibilidad para la atención de los pacientes. “Es como tener un estacionamiento que de un día para el otro deja de tener autos por hora, con alto nivel de circulación, y de golpe son todos mensuales”, explican las autoridades sanitarias.

El el responsable del Tercer Nivel del Ministerio de Salud provincial, Rodrigo Mediavilla, admite que “el escenario es cada vez más crítico”, y a eso le suma el dinamismo y la volatilidad de los equilibrios que se logran dentro de la crisis. “Hasta hace unas horas en el Provincial había una situación estable que colapsó con el aislamiento de 20 enfermeros, entonces lo que estaba más o menos controlado, queda al límite”, detalla.

De hecho, a apenas 72 de estar funcionando, el Hospital Modular de Granadero Baigorria ya tiene ocupadas 18 de las 21 camas de cuidados intensivos disponibles. Sin embargo, otro bien escaso, que son los recursos humanos capacitados, hace que ese espacio tampoco esté funcionando aún al ciento por ciento de su capacidad, admitió el propio funcionario.

En esa fragilidad, el Covid tiene particularidades que complican aún más el escenario, y es el tiempo que requieren los pacientes con internación, ya sea en sala general como en cuidados intensivos, para irse de alta y desocupar una plaza. “El tiempo de duplicación de la enfermedad es de 10 días, pero el tiempo de estancia de un paciente en terapia intensiva es de 20”, señaló Mediavilla, para explicar que el “cuello de botella se da porque ingresan más de lo que salen”.

La metáfora vehicular

Hace ya varias semanas que el propio secretario de Salud Municipal, Leonardo Caruana, utilizó la metáfora vehicular para explicar por qué más allá de que el 80 por ciento de los contagiados de coronavirus transitan la enfermedad en el aislamiento de sus domicilios y con cuadros leves, el 20 por ciento restante que contrae el virus y sí requiere atención médica provoca rápidamente el colapso de los efectores de salud.

“Es como tener un estacionamiento que de un día para el otro deja de tener autos por hora, con alto nivel de circulación, y de golpe son todos mensuales”, dijo el funcionario; una imagen que ratificó en las últimas horas titular de la Central de Operaciones de Emergencia Sanitaria (Coes), Juan Becerra, y desmenuzó las razones que provocan esa situación.

“Hay que tener en cuenta que un paciente con Covid que está en sala general tiene un promedio de estadía de entre 10 y 14 días, y si requiere de asistencia en terapia intensiva donde el recurso es aún más finito, ese promedio se estira a 21 días, haciendo el proceso más lento todavía”, dijo Becerra, explicando el cuello de botella que tiene el sistema, incluso pese a haber suspendido todas las intervenciones programadas que conllevan internación.

Así, el médico explicó no sólo que “el paciente de coronavirus es un paciente que no se estabiliza en una terapia en tres o cuatro días y luego es dado de alta, como sucede en otros cuadros, sino todo lo contrario”, e incluso indicó que “en las patologías respiratorias de invierno tampoco tienen un promedio de ocupación tan alto de camas como el Covid”.

A la saturación en sí, se suman elementos que no se admiten a viva voz, que es que la internación de los pacientes con coronavirus positivos o sospechosos de tener el virus no en simple por los trámites en sí mismos y además, hay un alto rechazo en el sector privado que puede tener que ver desde la calidad de la obra social hasta la misma ocupación del sistema, y el hecho de que no todos los sanatorios los priorizan.

Funcionar de otro modo

Ante ese límite crítico en el que se encuentran las camas, Becerra, volvió a hacer hincanpié en la “necesidad de las medidas restrictivas que hacen la ciudad se comporte de otra manera”, y agregó: “Lo que se busca es tener menos «competencia» con otras patologías de urgencia que deben seguir atendiéndose y que requieren esas mismas camas, como son los politraumas, los siniestros viales, los caídos de altura en una obra”.

Para el médico, esas limitaciones no sólo reducen los contagios, sino que sobre todo “desahogan” el sistema.