El empleado municipal apuntado por poner en riesgo a más de 90 familias y que asistió a asados aun con síntomas firmó un juicio abreviado con una pena de tres años en suspenso. Sin embargo, todavía niega haber transmitido el virus y sigue bajo arresto en un hospital.

En los primeros días de agosto, los casos de COVID-19 en la provincia de Santiago del Estero dieron un salto exponencial. Aumentaron repentinamente en más del 40% de una semana para la otra y el virus comenzó a propagarse con velocidad. Las autoridades no tardaron en detectar lo que, para ellos, fue el motivo: lo denominaron el “paciente 41”.

Resultó ser un empleado municipal de 52 años llamado J.A., vecino de la capital provincial que, aparentemente con síntomas, asistió a asados, celebraciones y reuniones familiares, rompiendo todos los protocolos hasta que él mismo tuvo que ser internado por haberse infectado. Hoy por la mañana, 50 días después, el hombre aceptó su culpa por violar la cuarentena y firmó un juicio abreviado en el que lo condenaron a 3 años de prisión en suspenso. Sin embargo, aún hoy, niega que los contagios se hayan producido a través de él, según confirmaron fuentes del caso a Infobae.

“Ahora que se firmó el abreviado va a poder reencontrarse con su familia. Fue hace dos días y hoy a la mañana en una audiencia por Zoom en la que participó el imputado, el fiscal Sebastián Robles y la jueza María Pía Danielsen, se dio lectura al acuerdo y se homologó. Ya es oficial”, aseguran fuentes de los tribunales santiagueños.

Independencia de la capital santiagueña. Ese fue el día en el que el hisopado dio positivo y los médicos ordenaron asignarle una cama en una habitación común. Lo curioso es que 52 días después, ya en buen estado de salud, sigue en la misma cama del sanatorio, ya que las autoridades decidieron que cumpliera ahí su arresto preventivo para no tener que mandarlo a una comisaría. Esa situación habría sido parte de un arreglo de sus abogados con el fiscal Robles.

En lo estrictamente formal, J.A. fue condenado por violar el artículo 205 del Código Penal, es decir, incumplir una orden dictada por el Poder Ejecutivo que rige en la pandemia, y por el 203 que habla de propagar de manera culposa una epidemia.

Según la reconstrucción judicial sobre los días previos a que a fuera diagnosticado, realizada en base a testimonios, peritajes y el aporte de un documento de la defensa de J.A., el hombre no se privó de disfrutar de los encuentros sociales durante la cuarentena aun teniendo, según sus palabras, carraspera, garganta tomada y febrícula. Infobae accedió a esa información.

El sábado 18 de julio, mientras la mayoría de los santiagueños estaban encerrados en su casa como casi todo el país, J.A. estuvo desde las 15 hasta las 19 en un asado en la casa de un amigo junto a ocho personas más. Al día siguiente a la noche brindó y comió pizza con sus ex compañeros de la escuela en un departamento. Los comensales eran siete en total.

El comienzo de esa semana del 20 de julio para J.A. fue yendo a trabajar. También se juntó con una amiga cercana llamada Silvia con quien almorzó en la casa de la mamá de ella. Ese mismo día fue a tomar un helado con su hijo. Es bueno recordarlo, para algún desprevenido, que todo eso sucedió en plena cuarentena.

En el resto de los días de esa semana, fue a andar en bicicleta, asistió a la casa de su hija de 27 años para festejar los primeros tres meses de vida de su nieto junto a otros familiares y hasta durmió en la casa de su madre.

Recién el viernes 24 fue al primer médico que lo revisó porque los síntomas empezaban a acecharlo aunque él lo relacionaba con el asma y la alergia que sufre desde chico. Ese doctor, tal como figura en el expediente, le diagnosticó angina y le recetó antibióticos y corticoide. No le ordenó hisoparse.

“Este médico que lo vio por primera vez es su médico de cabecera. Él siempre tiene este tipo de síntomas en esta época del año por su enfermedad de base y porque a finales de julio y principio de agosto el clima en Santiago es de calor durante el día y frío en la noche. Le pasa todos los años y el médico le dio para que tome los mismos antibióticos y corticoides de siempre”, aseguran fuentes de la defensa encabezada por el abogado Francisco Palau.

Lo cierto es que los síntomas no mejoraban con el correr de los días. Sin embargo, el acusado aprovechó, por ejemplo, para visitar a su madre y comer con ella en más de una oportunidad. Como continuaba sin sentirse bien, solicitó ver de nuevo a su médico de cabecera, pero como este no tenía turno, visitóa otro doctor. El miércoles 29 de julio a las 18:15 fue revisado y en esta ocasión tampoco lo mandaron a hisoparse. Le dieron de nuevo corticoide.

Recién el domingo 2 de agosto a la noche, sintiéndose muy mal, llamó al 107. Allí, según su declaración, le dijeron que “los fines de semana no hay servicio de epidemiología”, por lo que decidió ir directamente a la guardia. Recién en ese momento quedó internado con diagnóstico de neumonía bilateral y al día siguiente le confirmaron que era positivo de COVID-19.

Si bien desde la defensa lo niegan terminantemente, las autoridades sanitarias de la provincia están convencidas de que J.A. asistió a todas las celebraciones y asados ya con síntomas y muy probablemente infectado, por eso lo responsabilizan de ser un foco de contagio. En los primeros días de agosto se tuvieron que aislar más de 90 familias, todos por contacto estrecho con él.

El aumento de casos en Santiago del Estero desde mediados de julio a la fecha es preocupante. Un ejemplo: el 16 de julio la cantidad de positivos de COVID-19 era de 37 y en el último informe difundido por el Ministerio de Salud ese número aumentó a 2.608.

Ya con el juicio abreviado firmado y homologado por la jueza, se decidió que la prisión preventiva termine y así J.A. podrá salir en las próximas horas del hospital para ir a su casa y ser un hombre libre nuevamente. La pena es en suspenso y no irá a la cárcel porque se acordó el monto excarcelable de tres años.