El comisario de El Charigüé protagonizó un grave incidente con un joven de esta ciudad que engrosa una saga de conflictos entre isleños.

La quema de pastizales en las islas genera múltiples reclamos de ambientalistas y vecinos y tensiona viejos conflictos en un territorio donde coexisten rosarinos y entrerrianos. El viernes a la noche ocurrió un hecho gravísimo cuando el comisario de la Segunda Circunscripción de Islas, como se denomina al destacamento asentado en el Charigüé, reaccionó violentamente y amenazó a un joven que le recriminó haber ingresado sin autorización a su casa en el paraje Los Benitos. Por el hecho se presentó una denuncia penal en la Fiscalía de Victoria y se notificó a la Secretaría de Derechos Humanos de Paraná.

No son nuevos los problemas entre algunos residentes de las islas, donde el paisaje bucólico y el sonido de los pájaros no calma algunas diferencias. En medio de las acciones judiciales y políticas por las quemas de pastizales, cuesta armonizar la convivencia de rosarinos ligados mayormente a emprendimientos turísticos o quienes se trasladaron allí para mejorar la calidad de vida, con entrerrianos vinculados a la la explotación agropecuaria.

El viernes a la tarde se dio un conflicto muy grave que deja ver algunos hilos de esa tirantez. Mauro Aranda, un joven rosarino que vive desde hace 9 años en las islas (puntualmente en el Espinillo), denunció que sufrió un acto de intimidación, amenazas y hasta intento de violencia física por parte del comisario José González, jefe del destacamento policial que depende de Entre Ríos y está ubicado en la isla el Charigüé.

Según la denuncia que se radicó en la Fiscalía de Victoria, el joven llegó al parador y camping Los Benitos, ubicado sobre el Paraná viejo. Allí, según su testimonio, González mantenía una charla con la titular del lugar, que lo había convocado porque días anteriores se habían ocasionado ruidos molestos en residencias cercanas y presencia de animales sueltos.

La charla se cortó abruptamente y el comisario salió del lugar junto a un oficial. Caminaron unos 100 metros y sin motivos formales ingresaron a un lote lindero donde se levanta la casa que es propiedad de Mauro, ahora deshabitada pero donde residió muchos años antes de mudarse al Espinillo.

Los policías no se habían percatado de la presencia del joven, que al verlos ingresar a su casa se presentó y les preguntó cuál era el motivo de la invasión a propiedad privada y solicitó que se retiraran. Eso, siempre según la denuncia, disparó una reacción desmedida de González, que se le puso cara a cara a Mauro, lo tomó del cuello y un brazo e intentó reducirlo.

Hubo al menos cuatro testigos de esta situación que quedaron sorprendidos. El joven logró zafar y corrió unos metros, pero el comisario comenzó a seguirlo mientras lo insultaba y le decía “okupa, quiero hablar”. Cuando lo tuvo más cerca lo invitó a pelear. “Si le tenés miedo al arma, la dejo”, le dijo mientras arrojaba el arma reglamentaria y se cuadraba para pelear. Mauro quedó pasmado y desistió de cualquier conflicto.

Los policías finalmente se retiraron, pero antes González lo miró fijo a Mauro y le dijo: “No andes solo Chaca (apodo de Mauro), ¿sabés?”, según dieron cuenta testigos.

La víctima radicó una denuncia en la Fiscalía de Victoria con el asesoramiento de la concejala y abogada del bloque de Ciudad Futura Jésica Pellegrini. Pero además, se notificó a la Subsecretaría de Derechos Humanos de Paraná para que tome cartas en el asunto, y a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

En ascenso

El hecho ocurrido con Mauro no parece aislado. En mayo su compañera presentó una denuncia por violencia de género contra un hombre dueño de una porción del Espinillo, donde reside la pareja hace varios años en una propiedad de la que poseen boleto de compraventa y trámites iniciados en Tierras Fiscales del gobierno entrerriano, como el resto de una comunidad de pescadores santafesinos asentados allí.

El denunciado se presentó a caballo y les recriminó su presencia tratándolos de usurpadores, los insultó y violentó, y en un momento le tiró el animal encima a la joven mientras tenía en brazos a su bebé de apenas tres meses.

“Nos violentó y puso en riesgo la vida del nene y de mi mujer. Pero la denuncia quedó en la nada, también una orden de restricción de acercamiento. Acá lamentablemente se minimizan y naturalizan estos hechos graves. Hay como una cacería de brujas a los santafesinos, siempre fue así, pero ahora se nota más con el tema de las quemas”, graficó preocupado Mauro.

Los conflictos interpersonales en las islas ocurren desde hace varios años. Ya en 2014 hubo incidentes entre pescadores rosarinos que habitan un sector del Espinillo y el mismo hombre denunciado por la pareja de Mauro.

Ahora con los incendios, la intervención de la Justicia y organismos nacionales, las manifestaciones públicas de vecinos y militantes ambientalistas hartos de los efectos del humo, relucen más que nunca las conductas depredatorias en el humedal. Eso molesta a ciertos habitantes de las islas, que muestran sus discrepancias con actitudes preocupantes que están al borde de la ley.