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lunes 25 de octubre de 2021

La trama de mentiras y violencia detrás de un brutal travesticidio

Foto: Gentileza

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Pablo Getar, parado en la vereda de la calle Corrientes al 2200 tras esperar unos minutos, vio cómo su sobrino Rodrigo Keilis dejaba el edificio con un televisor bajo el brazo. “Como la chica no tenía plata, me lo regaló”, le aseguraba Rodrigo, un poco jocoso.

Su tío se sorprendió. Rodrigo, poco más de 20 años, no solía frecuentar a travestis. Se habían cruzado con Alejandra Salazar Villa, oriunda de Perú, a la salida de un supermercado de la calle Bartolomé Mitre, donde Alejandra había comprado algunas manzanas. Rodrigo la ayudó con sus bolsas, caminaron juntos. Pocas cuadras después, subieron al departamento de Alejandra, con el plan de tener sexo. Rodrigo era un cliente, tal vez: Alejandra se dedicaba a la prostitución.

Sin embargo, a su tío, Rodrigo le dijo otra cosa. Alejandra le habría pagado a él por sexo. Como Alejandra no tenía dinero, le dio su televisor.

Parecía un golpe de suerte en esa tarde del 6 de diciembre último. Rodrigo apenas tenía trabajo. Dormía en la calle, en una esquina de la calle San José en Montserrat, hacía changas, descargaba camiones para una cooperativa textil. Su tío, indigente también, juntaba cartón. Así, se fueron a bordo de un taxi, rumbo a Constitución. El televisor luego fue vendido a un amigo de Rodrigo.

El cadáver de Alejandra sería descubierto por sus vecinos y la Policía de la Ciudad una semana después.

Alejandra y el acusado de estrangularla hasta la muerte, en una cámara de seguridad de la zona.

Era una escena grotesca, marcada por el odio de género. El departamento estaba visiblemente revuelto, como si hubiese ocurrido en un robo. El cuerpo, desnudo, apenas tenía una pollera a la altura de la cintura. Una bolsa de nylon, precisamente la usada para llevar las manzanas del supermercado, cubría su cabeza. Todavía tenía la etiqueta con el precio: 83 pesos, 79 centavos.

La autopsia posterior marcó una violencia feroz, la mecánica de un crimen cometido con fuerza. Alejandra, de 54 años, fue asfixiada y estrangulada. La bolsa cubría su cabeza, pero la presión manual ejercida por el asesino fracturó el hueso hioides en la base de la mandíbula. Antes de salir, Rodrigo se llevó el televisor, además de una cadenita de oro, quizás el celular de Alejandra.

El caso quedó en manos del fiscal Ignacio Mahiques, a cargo de la Fiscalía N°35. Hoy, menos de dos semanas después, Rodrigo y su tío están detenidos.

Fue un meticuloso seguimiento de cámaras de seguridad desde el supermercado hasta el edificio lo que permitió identificar a Rodrigo y a su tío, esquina por esquina. Se los ve con la víctima, incluso. La Policía de la Ciudad retomó el rastro: un dato de calle indicaba que los sospechosos frecuentaban Constitución. Un equipo de brigadas comenzó a recorrer la zona, junto a tareas de campo de la división Homicidios. Los encontraron una tarde, entre un grupo de personas.

Rodrigo Keilis, el detenido. Las pruebas no lo favorecían, para nada. Las cámaras relevadas también captaron su salida del departamento con el monitor bajo el brazo. El taxi también fue identificado. Su chofer declaró. También se registró su salida en el sistema magnético del edificio. Sus amigas declararon, vecinas, compañeras en un colectivo trans. Ninguna aseguró conocerlo. Pero lo peor de todo fue la indagatoria.

Rodrigo declaró ayer por la mañana ante el Juzgado N°10. Infobae accedió a su relato completo.

“Nosotros caminábamos con mi tío por la calle Mitre y nos cruzamos con la señorita esta. Empezamos a hablar y nos dijo de ir a la casa con la intención de tener relaciones. Subimos al departamento, yo me estaba higienizando y comenzó a decirme que quería que me quede con ella. Yo le dije que no, que me tenía que ir. Ella me pegó y yo la golpeé mal, ella cayó al suelo. Yo empecé a buscar la llave para irme. No la encontraba. De la bronca tomé el televisor y un par de cosas más que ella tenía y me retiré del edificio. Eso fue lo que pasó adentro. Yo reaccioné de esa manera porque estaba incómodo porque la señorita no me quería dejar ir. Hice lo que me salió en ese momento. Es eso, nomás”, afirmó.

Keilis no se refirió en ningún momento haberla estrangulado. “No tuvimos ningún juego sexual con ninguna bolsa”, afirmó.

El acusado y su tío, que también fue indagado, quedarán detenidos. La imputación, por lo pronto, no está cerrada. El odio de género podrá ser uno de los agravantes en la lista.

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