Mientras en Brasil los casos de positivos y de muertes por COVID-19 continúan en aumento, al igual que la crisis económica, las tasas de deforestación también son preocupantes. 

Quienes comenzaron este proyecto de plantación, conservación de la vida silvestre y restauración fueron las familias en duelo y las organizaciones de la sociedad civil, con el apoyo de la Reserva de la Biosfera del Bosque Atlántico y el Pacto de Restauración del Bosque Atlántico, que incluyen a algunos de los científicos de restauración más respetados de Brasil.

La iniciativa consiste en plantar 200.000 árboles para conmemorar 200.000 víctimas del coronavirus (Fundação Brasil Cidadão)

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) está ayudando a la campaña Remembrance Forests a darle visibilidad en línea con la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas 2021-2030.

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Entre otras cuestiones, colaborará con las organizaciones de la sociedad civil para garantizar que las plántulas de árboles nativos se nutran adecuadamente hasta la madurez.

“Esta es una gran iniciativa porque muestra múltiples dimensiones de la restauración, es decir, que la restauración trata de sanar nuestra relación con la naturaleza y, al mismo tiempo, es una experiencia de sanación para nosotros mismos. No se trata solo de plantar árboles para obtener beneficios de carbono”, señaló el director de la Subdivisión de Naturaleza para el Clima del PNUMA, Tim Christophersen.

El objetivo es plantar 200.000 árboles en memoria de 200.000 vidas perdidas por COVID-19 en Brasil, aunque superen esa cifra. La iniciativa se extenderá hasta el Día Mundial del Medio Ambiente el 5 de junio.

“Esta acción es muy significativa debido a que los árboles son vida y una conexión con la madre naturaleza”, dice Rafael da Silva de Lima de São Paulo, cuyo padre, Reginaldo Alves de Lima, y prima, Edna Maria de Almeida, fueron víctimas del virus.

Los organizadores se asegurarán de que se planten una diversidad de especies de árboles nativos de la región del bosque atlántico, entre ellas, la Guayaba (Psidium guajava), Jacaranda (Jacaranda caroba), Ipe (Tebabuia sp.), Grumixama (Eugenia brasiliensis) y varias especies de las familias botánicas Myrtaceae, Malvaceae, Lauraceae y Fabaceae.

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Inicialmente, el plan era plantar 6.500 árboles en un sitio de cuatro hectáreas en el estado de Río de Janeiro, que también es el hábitat del pequeño mono en peligro de extinción, tití león dorado. Su único lugar es en el bosque costero atlántico en el sureste de Brasil.