El ingeniero agrónomo Marcos Villamil decidió recorrer Argentina de un modo muy especial: acompañado por Mora, Guaira y Tordo, sus tres caballos.

Marcos Villamil dio inicio en septiembre del año pasado a una iniciativa llamada “Abrazarte Argentina”, en la que se dispuso recorrer el país junto a sus tres caballos. De profesión ingeniero agrónomo y oriundo de General Alvear, dialogó ayer por la noche en “Confesiones” con Cristina Pérez y dio a conocer todos los detalles de su viaje, que aún no termina.

Al momento de la charla estaba sentado junto a un border collie llamado Jacinto en una estancia junto al Lago San Martín en Santa Cruz. “Estoy acá después de haber recorrido 3.500 kilómetros, junto a Mora, que tiene 14 años y está en el campo desde que tiene 3, Guaira, que tiene 10 años y ya nació en el campo y la crié desde que nació, y el Tordo, que tiene 5 años y también nació en el campo”, desarrollo Marcos.

El viaje, que ya lleva casi cinco meses, tiene un móvil bien claro: “Es el amor por los caballos, eso me impulso a hacer cabalgatas y ahí descubrí lo que es andar a caballo. Y más en nuestro país, porque nuestra patria se hizo a caballo y tienen una impronta muy fuerte en nuestra cultura”. Gracias a esto pudo llegar a lugares donde no se puede acceder con otro medio de transporte. “Conocí gente y familias que me abrieron las puertas, para que pudiera darle agua y pasto a los caballos. Empecé a conocer esa Argentina de caminos de tierra y mirada tranquila. Eso no me lo mostraron ni en la televisión ni en i casa y yo la empecé a conocer de primera mano”, complementó.

La travesía junto a sus tres caballos hizo que se modificara por completo su perspectiva: “Al fin y al cabo, tenemos un país con gente de primera. Así fui cumpliendo este sueño y me di cuenta de que quería recorrer todo nuestro país a caballo y eso es algo que nunca más me voy a olvidar en la vida”.

Si bien sigue una cierta ruta, en más de una oportunidad primó la incertidumbre: “Hay veces que uno puede tener previamente organizadas las paradas, pero hay otras que uno no conoce el camino y hay que pedir permiso, con mucho respeto. Uno nunca pregunta por uno mismo, sino por lo caballos. Después me acomodo de cualquier forma”. Retomando lo que había dicho sobre Argentina, reforzó: “La gente es una de las cosas mas lindas que tiene nuestro país y la hospitalidad que tiene el argentino. Y si llegado el caso no encuentro un campo o una estancia, duermo a la intemperie. Ato a los caballos y yo duermo en carpa”.

Los paisajes recorridos son impagables, pero las grandes distancias que ya lleva atravesadas vinieron aparejadas de algunas odiseas: “Una de mis yeguas, Guaira, está lastimada en el bazo, que se le rajó. Así fue que conocí a Marcelino Díaz, dueño de una estancia llamada El Castillo, sobre el lago San Martín. Me dijo que pasara al campo, le pusimos una herradura nueva. Y ahora estoy acá hace diez días, mientras me ayudan a que se mejore. Me dijeron que la van a llevar a otro lugar”.

Esa herida es realmente grave. “Que sucedan estas cosas y aparezcan personas que te estiren la mano cuando estás tan lejos de casa te hace entender que en cualquier lugar que estemos de Argentina, estamos en casa”. Más allá de la realidad de los caballos, también hay una historia individual, que es la de Marcos.

“Para poder hacer un viaje así tuve que realizar un recorrido muy largo en mi vida. Preguntarme qué me gustaba e ir atrás de esos deseos. Me lancé a esta aventura, que es el sueño de mi vida. Son días muy largos y he tenido momentos muy duros acá en la cordillera”, relató.

Veinte días atrás le tocó llevar adelante una pasada extrema: “Era un terreno pantanoso, que pensar que está firme, pero te vas para abajo. Hay caballos que se murieron empantanados. Es un terreno muy hostil, con un viento muy fuerte, del mas fuerte que viví. Después de pasar estos terrenos a una de mis yeguas le agarró un pequeño cólico, que es un pico de estrés por el alto esfuerzo”.

La yegua se tiró al piso, en plena lluvia, y Marcos tuvo que armar la carpa: “Estuve atento a la yegua, casi que no pude dormir. Después, a la noche, se largó a nevar. En esos momentos uno tiene que estar muy tranquilo y muy centrado en las cosas a solucionar”. Más allá de las dificultades, nunca se replanteó el viaje: “Te atraviesa como ser humano. Porque todos los días que me despierto y veo un rincón nuevo de nuestro país o me encuentro con una persona que me ofrece una torta frita, mate o agua caliente, se me renuevan las energías”.

Está convencido de que fue la mejor decisión que pudo haber tomado en su vida. “Mis caballos son todo. Son mi familia, mis amigos, mis hijos, mis compañeros. Vivo por ellos y son la mejor carta de presentación que puedo tener. A cualquier lugar que llego, la gente me ve con los caballos y me abren las puertas”, sumó Marcos.

El trayecto le va a llevar seis meses, pero la variable temporal no parece afectarlo: “Es todo ganancia. Es todo conocer Argentina de primera mano, con un cambio menos. Es bajar un poco las revoluciones de esta carrera en la que nos metimos. Se trata de disfrutar nuestro país”.