La conmovedora fotografía tiene actualmente más de 2.600 me gusta y fue tomada en la visita que hizo Valdés a Bogotá junto al elenco de la serie en 1978.

Qué estaría sintiendo ‘Don Ramón’ con tales muestras de cariño de la gente. ¡Vean la gran sonrisa de mi padre! Aquí en “La Media Torta”. Colombia en el año 1978 con el grupo Chespirito.

La mujer dijo en el trino que la imagen le daba nostalgia y le hacía sentir “mariposas” en la panza. Se me hacen mariposas en mi panza y se me ponen llorosos los ojos de ver a mi papá en plenitud.

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En esa visita, el elenco del reconocido programa humorístico participó en la Marcha de la Solidaridad, evento que convocó a millones de ciudadanos de la capital colombiana.

El Chavo del Ocho se queda sin vecindad

Despreció la fama para vivir con austeridad y renunció a “El Chavo del 8” por honor

Cuenta la leyenda que el vestuarista tenía poco trabajo con Ramón Valdés: la remera desteñida por tantos lavados, los jeans gastados y las zapatillas viejas ya las traía el actor desde su casa. Todo puesto, claro: era su ropa cotidiana. Pero había una prenda que el vestuarista debía tener preparada, junto a los zapatos de El Chavo, el delantal de Doña Florinda y el traje de marinero de Quico: el gorrito añejo de Don Ramón.

Al terminar cada jornada de grabación el actor se lo llevaba a su casa, también puesto. Pero al otro día, camino al estudio, Valdés se encontraba con los chicos que esperaban saludar a su ídolo, ese superhéroe sin capa y andar desgarbado. “Nací niño y sigo siendo chavito -se definía Ramón-. Tengo el carácter de niño, y los chavitos me entienden bien”. Es por eso que siempre se detenía a conversar con ellos. Les firmaba autógrafos, les hacía bromas. Y uno solía llevarse de regalo el gran premio: el gorrito añejo de Don Ramón.

Minutos después Valdés se encontraba con el vestuarista antes de salir a escena para grabar El Chavo del 8, y se disculpaba por otra vez haberse olvidado la prenda en su casa. Todas las mañanas lo mismo. Maldito descuido: salir sin el gorrito… Pero no había reto posible. Con Monchito —como lo conocían desde su infancia—, ¿quién podría enojarse?

Ocurre que Don Ramón no era uno más dentro de la bonita vecindad de El Chavo. Malhumorado y cascarrabias, pero noble, humilde y de gran corazón, el personaje le debía mucho más al propio Ramón Valdés que al ingenio creativo de Roberto Gómez Bolaños. Empezando por el nombre, siguiendo por su ropa y concluyendo en ciertos rasgos de su personalidad: uno y otro eran lo mismo. “Con permisito, dijo Monchito”, “¡Si serás, si serás!”, y tantas otras frases más fueron improvisadas por el actor, sin haber estado incluidas originalmente en los libretos.

Furia en la vecindad del Chavo

El mérito de Chespirito —no menor, por supuesto— fue haber notado un personaje en potencia en este hombre nacido el 2 de septiembre de 1923 en Ciudad de México, pero criado en una familia numerosa y de bajos de recursos de Ciudad Juárez. Gómez Bolaños les contaba a sus amigos que Monchito era el único que lo hacía reír. Y destacaba, además, su capacidad para aprenderse los guiones, aunque luego sumara las frases y muletillas propias. El día que le propuso ser Don Ramón, Chespirito le dio una sola indicación: “Sé tú mismo”.