Valeria está en la infinita lista de mujeres que recurre a la Justicia ante la violencia sin obtener medidas de protección eficaces.


El colectivo de mujeres se organizó en los últimos días para visibilizar la situación de Valeria y obtener la ayuda necesaria para que pueda salir de Rosario y ponerse a resguardo.

Una joven fue golpeada y secuestrada por su ex pareja

El colectivo de mujeres se organizó en los últimos días para visibilizar la situación de Valeria y obtener la ayuda necesaria para que pueda salir de Rosario y ponerse a resguardo.

Úrsula. Laura. La lista de nombres de las mujeres que denuncian ante los diferentes estamentos del Estado una y otra vez sin encontrar medidas que efectivamente protejan su vida y la de sus hijos e hijas es interminable. A Úrsula su ex pareja la mató. Años atrás y en el mismo pueblo, Laura tampoco fue escuchada, pero pudo escapar de Rojas, en la provincia de Buenos Aires. Valeria Ziggiotto está en esa nómina interminable de víctimas de violencia de género. La mujer oriunda de Escobar, pero residente en Rosario desde 2015, estudiante de Medicina y madre de una hija y un hijo, lleva presentadas 39 denuncias contra su ex pareja y en estos días buscó hacer pública su situación para poder conseguir los recursos necesarios para dejar la ciudad. “Si aparezco muerta saben quién es, saben qué está pasando”, escribió en sus redes sociales luego de recibir la última de las amenazas de muerte.

“Me hiciste desprendimiento de retina, fractura de maxilofacial, pero la Fiscalía de Rosario, la secretaria de Delitos Sexuales no escuchan. Te cansaste de violar la perimetral. Y si venías a buscar al nene con la perimetral era porque el comando del 911 estaba en la puerta. Ya no más”, escribió Valeria, que siguió padeciendo la violencia pese que Mariano B. tiene seis imputaciones: tres por violencia familiar, una por violencia sexual y dos por intentos de femicidio.

Valeria vino a Rosario en 2015 a estudiar Medicina con su hija mayor. De la relación con Mariano B. nació su segundo hijo. La mujer contó que “el miedo y la manipulación” la llevaron a permanecer en silencio hasta el 22 de marzo de 2020, cuando en el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio (Aspo), fue no solo ferozmente golpeada, sino que además el agresor le disparó con un arma de fuego y solo se salvó porque la bala no salió.

Ante las denuncias, hubo medidas de protección, pero como sucede más de una vez fueron violadas sistemáticamente por el agresor.

De acuerdo a la información oficial, en la Oficina de Género del Ministerio Público de la Acusación, la fiscal Luciana Vallarella, tiene registradas cuatro denuncias. Una de julio de 2020 por amenazas telefónicas y otras tres están en trámite. En la de noviembre de 2020 el agresor quedó imputado por lesiones leves dolosos agravada por el contexto de género y donde se dictaron restricciones. Y aún están en curso las denuncias por violación de las medidas de restricción dictaminadas por la Justicia.

“El 22 de marzo cuando pasó eso vino la policía y me decían que me quedara en mi casa, pero a él no se lo llevaban. Me decían que dónde iba a ir en plena pandemia y hasta las operadoras del Teléfono Verde les decían que eso no podía ser”, recuerda Valeria sobre esa intervención.

Ese día se quedó. Requirió apoyo y atención psicológica, la asesoraron compañeros de la facultad y finalmente primero en la casa de una amiga, en una pensión y después en un departamento pudo instalarse con sus hijos. Sin embargo, a la salida del trabajo, ya que Valeria se sustenta con sus hijos trabajando como cuidadora de personas, siguió sufriendo ataques.

La última amenaza, que recibió a través de su actual pareja, es la que la impulsó a salir a buscar ayuda para salir de Rosario. “Empezá a llorar a tu mujer”, le dijo Mariano B. al actual compañero de Valeria. La necesidad de irse para sobre sobrevivir y sin decir a dónde es lo que la llevó ahora a pedir ayuda económica para dejar Rosario.

Conmoción por el femicidio de una joven en la ciudad de Rojas

La red se tejió en las redes sociales y las organizaciones de mujeres, incluso a través de la Secretaría de Género de la Municipalidad busca obtener fondos al menos para pagar los pasajes, de ella y sus dos hijos. “Necesito hacer la mudanza, no quiero perder todo lo que tengo, mis muebles, mis cosas y las de mis hijos. Necesito seguir”, concluyó.