Desde hace unas semanas está internado en un centro donde recibe tratamiento médico. Además, abandonó a su agencia de representación.

Shia LaBeouf intenta curar sus demonios. Dos meses después de que su expareja, la cantante FKA Twigs, lo denunciara por abuso físico, sexual y emocional, el actor, de 34 años, decidió retirarse de la vida pública y de la interpretación y desde hace unas semanas se encuentra internado en un centro médico recibiendo tratamiento. Así lo asegura Variety, que confirma que LaBeouf y la agencia de talentos de Hollywood CAA que lo representa pusieron fin a su colaboración por el momento. No se trata de un despido, sino de una decisión personal del protagonista de Transformers, que quiso poner en pausa su carrera profesional un tiempo para recibir la ayuda que necesita.

No está claro el tipo de tratamiento que LaBeouf recibe en el centro donde se encuentra internado desde, al menos, cuatro semanas, sin embargo el actor admitió sus problemas de agresividad y alcoholismo en varias ocasiones. La última fue en diciembre, cuando en un correo electrónico a The New York Times afirmaba: “No estoy curado del alcoholismo ni de mi trastorno por estrés postraumático. Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea para recuperarme, y siempre pediré perdón a quienes herí por el camino”.

Una respuesta a la demanda que el 11 de diciembre la cantante británica FKA Twigs, que salió cerca de año y medio con el actor, interpuso ante un juzgado de Los Ángeles (California) acusándole de “agresión sexual, maltrato y angustia emocional”. En el testimonio que la artista dio entonces al diario The New York Times hablaba de agresiones físicas y mentales en público y en privado, gritos, intentos de asfixia, de que él le contagió una enfermedad de transmisión sexual a sabiendas o de cómo llegó a estar a punto de estrellar el coche en el que viajaban si ella no le confesaba su amor incondicional.

FKA Twigs no fue la única que le ha denunciado públicamente. La estilista Karolyn Pho, quien también fue su pareja, y la cantante Sia, que grabó un videoclip con el actor hace seis años, también hablaron sobre los episodios de violencia y de mentiras del actor.

LaBeouf, que hace casi 15 años parecía destinado a ser el nuevo rey de Hollywood impulsado por Spielberg, lleva una década inmerso en una espiral de autodestrucción. En 2011, con 25 años, ya acumulaba cinco arrestos policiales: por amenazar a su vecino con un cuchillo, por negarse a abandonar una farmacia donde no querían atenderlo, por fumar en una zona restringida, por negarse a someterse a un control de alcoholemia tras un accidente de tráfico y por tomarse a golpes de puños con un hombre a la salida de un bar. Desde entonces, su vida se convirtió en una sucesión de detenciones, pasos por clínicas de desintoxicación y broncas públicas.

En febrero de 2014 apareció en el estreno de Nymphomaniac en Berlín con una bolsa de papel sobre la cabeza donde se leía “Ya no soy famoso” ya que había decidido retirarse de la vida pública después de ser objeto de burla por un corto que tacharon de plagio. Meses después fue detenido en un pase de Cabaret en Broadway, por fumar y gritar borracho en la sala. En octubre de 2015 unas cámaras de videovigilancia lo captaron durante una pelea en la que se mostró violento con su entonces pareja, la actriz Mia Goth.

“Si me hubiera quedado allí, la habría matado”, dijo tiempo después. Y en 2017 el que fuera el hijo de Indiana Jones volvió a la cárcel dos veces: primero por una protesta contra Trump en la que arañó a un peatón y, posteriormente, por una pelea con unos policías. El alcohol, las drogas y la exposición mediática le pasaron factura, y con su última internación no se descarta que haya una enfermedad mental de fondo, como apuntan algunos del entorno del intérprete.

Hijo de padres divorciados, al actor californiano le gustaba hablar en sus entrevistas sobre el pasado hippie de sus progenitores, sobre la drogadicción de su padre, veterano de guerra que le llegó a apuntar con una pistola, y de cómo terminó siendo criado por un tío porque era el único que podía mantenerlo. Empezó a trabajar con 12 años y se convirtió en un niño prodigio de series, programas y pequeños papeles televisivos, pero él mismo empezó a autodestruir su figura.

La industria siempre abrazó esa fama de polémico y caprichoso que lo rodeó y pese a sus comportamientos erráticos no dejó de recibir segundas oportunidades. En plena era MeToo y después de las serias acusaciones de abuso por parte de varias mujeres públicas, Hollywood parece que comienza a darle la espalda. Según Variety, recientemente fue despedido por la directora Olivia Wilde por el mal ambiente que generaba entre el elenco en el set de rodaje del film Don’t Worry Darling, mientras que Netflix eliminó su nombre de la campaña de los Oscar esta temporada de premios por la película Fragmentos de una mujer, en la que él es protagonista. Ahora, con su ingreso en un centro de rehabilitación, parece que es él el que va en busca de una nueva oportunidad. ¿Será la última?