El museo reúne, por primera vez en cuatro siglos y tras su paso por Londres, las seis pinturas mitológicas que el artista hizo para Felipe II. El conjunto se completa con obras de Rubens, Poussin o Velázquez

Amor y belleza, deseo y muerte. Todo está en los mitos antiguos. Tiziano plasmó de manera sublime las leyendas clásicas de las pasiones y, por encargo de Felipe II, escenificó las más atractivas de ellas en sus magnas poesías. Se trata de seis cuadros de gran tamaño cuyas idas y venidas, más algún que otro cambiazo e intento de robo, compite en interés con las apasionantes historias y las sensuales formas de las propias obras.

Ahora, más de cuatrocientos años después, el Prado vuelve a reunir los lienzos por vez primera vez en nuestra era. Lo hace a través de una exposición aderezada con otras 23 pinturas de maestros europeos, unos contemporáneos y otros posteriores al considerado como máximo exponente de la escuela veneciana. Es Pasiones mitológicas. Tiziano, Veronese, Allori, Rubens, Ribera, Poussin, Van Dyck, Velázquez, que podrá verse desde el próximo martes hasta el 4 de julio.

'Las Hilanderas o la fábula de Aracne' (1655-1660), de Diego de Velázquez, en cuyo fondo aparece un tapiz inspirado en 'El rapto de Europa', de Tiziano

‘Las Hilanderas o la fábula de Aracne’ (1655-1660), de Diego de Velázquez, en cuyo fondo aparece un tapiz inspirado en ‘El rapto de Europa’, de Tiziano

 

 

La gran estrella del núcleo que forman las seis poesías de Tiziano es Dánae, primero de los cuadros entregados al monarca español (en 1553). Es el bello y atrevido relato pictórico del momento en el que Júpiter -equivalente romano de Zeus- se cuela en la habitación de la princesa de Argos y la posee mediante una lluvia de oro. Dánae ha sido encerrada por su padre, el rey Acrisio, para que no tenga un hijo porque el oráculo le ha dicho que ese niño acabará matándolo. Los amantes burlan el cerco y fruto de su unión nacerá Perseo.

Tiziano pintó unas cuantas versiones de la secuencia. La primera (1544-1545) la hizo para el cardenal Alessandro Farnese, que quiso figurar trasmutado en Júpiter y convertir a la princesa mitológica en una cortesana que recibe oro por sus servicios ante la mirada del ángel Cupido. Este cuadro sirvió de modelo para el de Felipe II. Pero en este último Tiziano sustituye a Cupido por una anciana que, por efecto de contraste, resalta la juventud y la hermosa desnudez de Dánae.

Felipe II conservó la pintura que compró a Tiziano, primero en el Alcázar y después en el Buen Retiro como consecuencia de la jugada de Velázquez que luego veremos. En todo caso, a finales del siglo XVIII se eliminó el tercio superior de esta Dánae (unos 70 centímetros) por su mal estado. Descripciones antiguas y una copia flamenca revelaron que en esa parte figuraba el rostro de Júpiter y un águila con rayos atributos del dios.

'Dánae recibiendo la lluvia de oro' (1560-1565), la versión más erótica de Tiziano sobre esta escena mitológica (Museo del Prado)

‘Dánae recibiendo la lluvia de oro’ (1560-1565), la versión más erótica de Tiziano sobre esta escena mitológica (Museo del Prado)

Tiziano pintó hacia 1565 otra versión de la secuencia mitológica, tal vez la mejor de todas y sin duda la más erótica. En ella desaparece el velo que tapaba el vientre de la princesa, quien con su mano izquierda separa sus piernas para facilitar a Júpiter el acceso a ella mediante su lluvia de oro. Esta es la obra incorporada hoy a los fondos del Prado, y hasta hace siete años se creía que era la encargada por Felipe II. Pero no.

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El error se debió a una operación de Velázquez en su condición de pintor de cámara. El sevillano compró esa versión más erotizada, titulada Dánae recibiendo la lluvia de oro, durante su primer viaje a Italia en 1629. Se la adquirió al aristócrata genovés Giovanni Carlo Doria, que al parecer la había comprado a Tiziano unos diez años antes. A su regreso a Madrid, Velázquez sustituyó la Dánae encargada por Felipe II por la que había traído de Italia, que instaló en su lugar en las Bóvedas del Álcazar; la versión algo más casta adquirida por el rey se la llevó al Buen Retiro.

Las idas y venidas de los seis cuadros, más algún que otro cambiazo e intento de robo, compiten en interés con las apasionantes historias y sensuales formas de las obras

José Bonaparte trató de llevarse esa primera Dánae más recatada -junto con otras 250 obras de arte- cuando huía de España al perder la Guerra de la Independencia. Pero a su paso por Vitoria el duque de Wellington, comandante en jefe de las fuerzas aliadas británicas, paró los pies al francés y recuperó la mayoría del botín (Bonaparte se llevó algunas joyas). En agradecimiento, Fernando VII le regaló la pieza de Tiziano. Y el lienzo forma parte hoy de la Wellington Collection de Londres, que lo ha cedido para esta exposición.

Fue el historiador londinense Paul Joannides el que alertó sobre la posibilidad de que la obra de la Weillington Collection fuera la primera poesía que Tiziano entregó a Felipe II. El entonces jefe de Pintura Italiana y hoy director del Prado. Miguel Falomir, le escuchó. La pieza fue enviada a la pinacoteca madrileña, donde se estudió y se restauró en su prestigioso taller. Y en vista de los análisis, Falomir dio la razón a Jonnides. En el 2014, ambos publicaron los resultados de las pesquisas, incluido el cambiazo de Velázquez, en el libro  ‘Dánae’ y ‘Venus y Adonis’: las primeras ‘poesías’ de Tiziano para Felipe II. No en vano Falomir es comisario de la muestra que este martes se abre en el Prado, mano a mano con el jefe de Conservación de Pintura Flamenca de la pinacoteca, Alejandro Vergara.

'Venus y Adonis' (1554), Museo del Prado

‘Venus y Adonis’ (1554), de Tiziano, Museo del Prado

Después de Dánae, el rey recibió Venus y Adonis en el año 1554. Es la poesía juzgada en su tiempo como la más subida de tono. Así, el embajador español en Venecia y poeta Diego Hurtado de Mendoza, quien trabó relación con Tiziano, dijo que el cuadro era “excelente pero demasiado lascivo”. Téngase en cuenta cómo el pintor mostraba la completa espalda de Venus y especialmente las nalgas, “la parte de la anatomía femenina que más excitaba la imaginación masculina de entonces”, señala Falomir… “Aunque es también posible que resultara escandalosa la audacia de la mujer”, que por única vez en las poesías toma la iniciativa en lo que no se sabe si es un desesperado intento por retener a Adonis o un abrazo para intentar seducirle. Venus y Adonis es la única pintura del grupo que se quedó en España.

El Prado y los otros cinco museos que colaboran en la exposición la concibieron con carácter itinerante antes de que la pandemia obligara a retocar los planes

Perseo y Andrómeda, enviada a Felipe II en 1556, figura por su parte como la composición más dramática de las seis, según la describen los conservadores que la cuidan en la Wallace Collection de Londres, otro de los prestadores para la muestra en el Prado. Andrómeda aparece encadenada a una roca como sacrificio para apaciguar al monstruo marino que Neptuno ha enviado a fin de castigar a su madre, Casiopea, por haber dicho que ellas dos son tanto o más hermosas que las Nereidas. El héroe Perseo, enamorado de Andrómeda, se abalanza para rescatarla. Tiziano acredita de nuevo su habilidad como pintor de desnudos femeninos y su buen manejo de los contrastes. Andrómeda aparece de frente, desnuda y vulnerable ante un Perseo cubierto y armado en su vertiginoso descenso para rescatarla.

'Perseo y Andrómeda' (1554-56), de Tiziano - The Wallace Collection, Londres

‘Perseo y Andrómeda’ (1554-56), de Tiziano – The Wallace Collection, Londres

No está claro cómo el cuadro salió de la colección real española, pero se sabe que luego perteneció al escultor Pompeo Leoni (que había trabajado para los reyes) y luego a Van Dyck, quien lo llevó a  Londres.

Las otras tres poesías de Tiziano, Diana y Calisto, Diana y Acteón y El rapto de Europa, se las regaló Felipe V al embajador francés en Madrid, en 1704. Poco después las adquirió el regente de Francia, Felipe II de Orleans, para incorporarlas a su imponente colección de pintura. A finales del siglo XVIII, y con la Revolución Francesa de por medio, los Orleans vendieron los lienzos. Tras numerosos cambios de manos, hace sólo nueve años los dos de Diana fueron objeto de compra conjunta de la National Gallery de Londres y la National Gallery of Scotland de Edimburgo. Más de un siglo antes, en 1896, Isabella Sewart Gardner se había hecho con El rapto de Europa para incluirlo en su museo privado en Boston. Las tres instituciones han prestado asimismo sus obras al Prado.

'Diana y Calisto' (1559), de Tiziano - The National Gallery, Londres/The National Galleries of Scotland, Edimburgo

‘Diana y Calisto’ (1559), de Tiziano, The National Gallery, Londres / The National Galleries of Scotland, Edimburgo

Las poesías están inspiradas básicamente en las Metamorfosis de Ovidio. En la leyenda de Diana y su ninfa Calisto (1559), Júpiter seduce a ésta después de tomar los rasgos  de la diosa de la caza. En venganza, y tal como narra la escena de Tiziano, Diana humilla a Calisto a través de otras ninfas que al quitarle la ropa dejan al descubierto su embarazo, el cual contraviene las orden de la virgen de permanecer célibe y pura.

En Diana y Acteón (1559), el pintor se detiene en el instante en que Acteón descubre a la diosa desnuda. La casta y vengativa Diana responderá convirtiendo al cazador en ciervo para que luego sus propios perros lo devoren.

'Diana y Acteón' (1559), de Tiziano - The National Gallery, Londres/The National Galleries of Scotland, Edimburgo

‘Diana y Acteón’ (1559), de Tiziano ,The National Gallery, Londres / The National Galleries of Scotland, Edimburgo

Y en el último de los cuadros, de 1562, el dios supremo se transforma en un hermoso toro blanco para raptar a la princesa de la que está enamorado: Júpiter lleva a Europa en sus lomos hasta el mar, hasta llegar a las playas de Creta, donde la posee ya sin ocultarse. Europa engendrará a Minos, que se convertirá en rey de la isla.

El Prado tiene la ventaja de poder enriquecer el grupo de Tiziano con obras de otros grandes maestros vinculadas a las ‘Pasiones’

El Prado y los otros cinco museos que colaboran en este acontecimiento concibieron una exposición itinerante de las poesías de Tizano. La ronda arrancó de hecho en la National Gallery de Londres poco antes del estallido de la pandemia y por ello la muestra hubo de cerrarse allí dos veces. El museo madrileño es la segunda parada del trayecto, y habrá que ver hasta qué punto los planes se cumplen después. De momento, la National de Edimburgo ha desistido de acoger la exposición.

'El rapto de Europa' (1562), de Tiziano,  The Isabella Stewart Gardner Museum, Boston

‘El rapto de Europa’ (1562), de Tiziano, The Isabella Stewart Gardner Museum, Boston

El Prado tiene la ventaja de poder enriquecer el grupo de Tiziano con obras de otros grandes maestros vinculadas a las Pasiones. La muestra incluirá por ejemplo Las Hilanderas de Velázquez, en su caso por presentar como fondo un tapiz que reproduce El rapto de Europa. También se cuenta para la muestra con  las versiones de Rubens de El rapto de Europa y Diana y Calisto; la de Venus y Adonis a cargo de Veronés, o la Diana y una ninfa sorprendidas por un sátiro, de Van Dyck.

Será una de las grandes exposiciones del año, si no la más importante, en el Museo del Prado.

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