Francisco aterriza en Bagdad en un viaje que durará tres días y que desafía la seguridad y la pandemia para acercarse a las cristianas y tender puentes con el islam

El papa Francisco ha aterrizado este lunes al mediodía en Bagdad, donde comenzará un viaje de tres días por Irak. Una expedición arriesgada por la crisis sanitaria y de seguridad que atraviesa el país, pero de enorme transcendencia política y espiritual. “Una obligación en una tierra martirizada”, especificó ya a bordo del avión ante los periodistas. El pontífice, el primero que visita el país y una región de mayoría chií, quiere acercarse a las minorías cristianas de Irak y, al mismo tiempo, tender puentes con el Islam y encontrar a uno de sus principales líderes: el gran ayatolá Ali Sistaní. En el aeropuerto le esperaban el primer ministro del país, Mustafa Abdellatif Mshatat. Luego se trasladó al palacio presidencial, donde le recibirá el jefe de Estado, Barham Ahmed Salih Qassim.

El Papa llega a un país confinado por la pandemia que asistirá a sus actos a través de las ventanas y de los televisores, fundamentalmente. Excepto la misa para 10.000 personas que celebrará en un estadio de Erbil el domingo, el resto de encuentros serán a puerta cerrada y con un número reducido de participantes. Para el Vaticano, sin embargo, se trata del “viaje más relevante del pontificado”, según una alta fuente de la Santa Sede. El propio Francisco explicó en un videomensaje el jueves la idea del viaje. “Vengo como peregrino arrepentido para implorar al Señor el perdón y la reconciliación después de años de guerra y terrorismo, para pedir a Dios el consuelo de los corazones y la curación de las heridas”. En total, está previsto que el Papa pronuncie siete discursos, todos en italiano.

Los viajes de Francisco —este es el número 33— siempre se han dirigido a las periferias del mundo y del cristianismo. Lugares donde las comunidades cristianas viven amenazadas o han sufrido agresiones causadas por los conflictos bélicos, como Irak. “Me gustaría llevaros la caricia afectuosa de toda la Iglesia, que está cerca de vosotros y del atormentado Oriente Medio y os anima a seguir adelante”, añade, al tiempo que les exhorta a no rendirse: “No permitamos que se impongan los terribles sufrimientos que habéis vivido y que tanto me duelen. No nos rindamos ante la propagación del mal”, señaló.

Los cristianos eran 1,5 millones de los 25 millones de iraquíes en 2003, cuando la intervención de Estados Unidos derrocó a Sadam Husein. Hoy las cifras se estiman entre 150.000 y 300.000 sobre un total de 40 millones de ciudadanos (el 70% menor de 25 años). Fueron víctimas de las guerras y sectarismos del país a mediados de la primera década de este siglo. Entre 2014 y 2017, el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) intentó acabar con su presencia en las zonas que controlaba. Marcaron sus casas con la letra “n”, de nazarenos. Y en muchos casos, también entre los yazidíes, vendieron como esclavas a las mujeres.

El viaje, sin embargo, tiene también un componente geopolítico, con el intento de tender puentes con la comunidad chií, en permanente disputa con Estados Unidos. La cita más importante, de hecho, está programada para el sábado, cuando se verá con el líder espiritual de los chiíes de Irak (y una de las figuras más influyentes del chiísmo en el mundo), el gran ayatolá Ali Sistani, en Nayaf. El programa oficial la describe como una visita de cortesía. Pero su magnitud trasciende lo meramente protocolario. Sistani, de 90 años, no aparece en público y apenas recibe visitas. Desde que Sadam Husein fue derrocado, se ha convertido en una de las figuras de referencia del país. No se sabe si se firmará un documento conjunto como el que supuso el acuerdo sobre la Fraternidad Humana para la Paz en el Mundo que elaboró en 2019 con el jeque Ahmed al Tayeb, gran imam de Al Azhar (Egipto) y la más alta autoridad suní.

La seguridad será una de las claves del viaje. Francisco realizará todos sus desplazamientos en las ciudades que visitará (Bagdad, Mosul, Erbil, Nayaf, Qaraqosh) a bordo de un coche blindado y cubierto (normalmente lo hace a bordo de un turismo corriente o subido a una suerte de vehículo descapotable). La seguridad, especialmente porque la ruta se conoce desde hace tiempo, se ha reforzado en todos los lugares que pisará el Papa. Todavía pesa el recuerdo del doble atentado del 21 de enero que causó la muerte a 32 personas en Bagdad y el ataque con cohetes a una base de la coalición contigua al aeropuerto de Erbil el pasado 15 de febrero. La fuerte simbología del viaje tendrá momentos álgidos en lugares como Mosul, desde donde el líder del ISIS, Abubaker al Bagdadi, se autoproclamó califa de todos los musulmanes en 2014 tras conquistar la ciudad.