Vecinos de un sector de barrio Azcuénaga llevan más de un año reclamando que funcione la alarma comunitaria que la propia Municipalidad les colocó en 2019.

Desde el primer día, cada vez que aprietan el pulsador el artefacto sólo emite una luz de emergencia, pero no suena ningún sonido, vital para lograr que el delincuente se ponga en fuga o poner en alerta al vecindario. Si bien se organizaron y se ofrecieron a pagar el arreglo, una eterna burocracia los tiene de aquí para allá sin soluciones al tiempo que siguen siendo víctimas de arrebatos cada vez más violentos.

La insólita situación quedó plasmada este lunes en la comisión de Seguridad del Concejo, ámbito al que llegó un expediente que giró la Oficina Municipal de Defensa del Consumidor. Hasta ese organismo habían llegado vecinos de calle Neuquén al 5600 cansados de transitar un derrotero de más de un año que comenzó el mismo día en que el municipio les instaló la alarma.

“Realmente estamos muy agradecidos con la alarma. El gesto de la Municipalidad de haberlas colocado gratis fue muy bueno, pero realmente necesitamos que haga ruido: es una alarma”, remarcó con un dejo de cansancio Marcela Cattaneo, una docente a la que hace pocos meses dos motochorros le pusieron un cuchillo en el abdomen a las seis de la tarde y le robaron la cartera y exámenes de sus alumnos cuando estaba por llegar a su casa.

Ella y otros vecinos fueron convocados en 2019 al Distrito Noroeste, donde les entregaron los pulsadores de la alarma. Según narró, la que le tocó en su cuadra nunca funcionó bien. “Si accionás el pulsador, emite luz pero no sonido”. Ahí empezó el periplo.

“A raíz de esto, llamamos a la Municipalidad y nos dijeron que ellos la colocaron, pero el arreglo debíamos pagarlo nosotros. De ahí que contactamos a la empresa a cargo del aparato (Conexis), donde nos informaron que si la Municipalidad no autoriza, no la pueden arreglar. Y así empezó algo de nunca acabar”, admitió la vecina.

Algo es seguro, mientras nadie les da una solución, la inseguridad sigue firme en el barrio. “Acá roban todos los días. A mi a las seis de la tarde me cruzaron dos en moto cuando estaba por llegar a mi casa, uno se bajó, me puso un cuchillo en la panza y me dijo: «Dame todo»”, narró.

No sólo ella fue víctima de la inseguridad: al hijo lo asaltaron a las 17 cuando regresaba de la facultad y a la hermana le robaron el auto a punta de pistola cuando lo intentaba guardar en el garaje a las siete de la tarde.

Cansados de que la burocracia no les daba respuestas fueron a Defensa del Consumidor, que este lunes giró el expediente al Concejo.

“Recurrente”
El presidente de la comisión de Seguridad (ámbito al que llegó el reclamo de los vecinos), Roy López Molina, admitió ayer que la temática de las alarmas comunitarias es muy recurrente. “Los vecinos prácticamente en cada reunión solicitan instalación de alarmas y cámaras”, aseguró.

Sin medias tintas, dijo que ese pedido de alarmas “pone en evidencia el fracaso del Estado en brindar seguridad, pero es un dispositivo que al menos permite tener algo de control sobre una manzana”.

No obstante, remarcó que “es vital” que estén conectadas al sistema de monitoreo del 911 (algo que anunció el intendente en el inicio de las sesiones ordinarias tomando un proyecto de López Molina) para que la respuesta al sonido de la alarma no sea la de vecinos saliendo a la puerta a ver qué sucede. Eso puede terminar muy mal, en rigor, la activación de la alarma debería poner en alerta a la policía y no a los propios vecinos”, dijo el concejal de Cambiemos.

Por lo pronto, el proyecto para lograr esa conexión con la central de monitoreo ya está aprobado, promulgado y publicado en el Boletín Oficial. Mientras tanto, solo resta esperar que las que están instaladas al menos emitan sonido. En un sector de barrio Azcuénaga lo están esperando desde hace más de un año.