La mujer dijo ante el juez que nunca en su vida había pasado por una experiencia semejante. Desde la defensa del acusado sostienen que ambos se asustaron y reaccionaron de manera violenta.

El hecho ocurrió en la víspera de la Semana Santa e involucró a un joven de 22 años y una trabajadora sexual de 41. Crédito: Gentileza

Un encuentro fortuito entre una trabajadora sexual y un cliente terminó de la peor manera, cuando la policía debió poner tras las rejas al varón, acusado de intentar estrangular a la mujer en un cuarto de hotel de la zona de la terminal de ómnibus de Santa Fe.

El hecho se produjo en vísperas de la Semana Santa, el pasado miércoles 31 de marzo. Esa noche, Matías Exequiel Larosa (22) frenó su moto en la esquina de San Luis e Hipólito Irigoyen, en las inmediaciones de la plaza España, donde entabló conversación con una mujer de 41 años, para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.

Hubo una pequeña discusión acerca del lugar donde pasarían el momento juntos, porque mientras él propuso un sitio, ella pretendía dirigirse a un hotel alojamiento que suele frecuentar, al que terminaron yendo.

Luces apagadas
 Recorrieron en su moto las cuatro cuadras que separan la parada, de un hotel de calle Junín y Belgrano, donde se dirigieron a una de las habitaciones. Una vez adentro, el varón insistió para que apagara las luces y le diera la espalda. La mujer, habituada a ciertas excentricidades, no le llamó la atención el pedido, sino hasta que en un momento determinado del affaire, advirtió que el hombre llevaba en una de sus manos un precinto plástico negro. 

Se separó de un salto, encendió las luces e intentó poner distancia. Le preguntó qué estaba haciendo, pero el muchacho se abalanzó sobre ella casi instintivamente y comenzó a ahorcarla, primero con el precinto y luego directamente con la compresión de sus manos sobre el cuello de la víctima.

Los gritos desesperados de la mujer y los golpes, producto de la pelea en la que la pareja se había trenzado en un espacio reducido, pusieron en alerta al conserje, que se acercó a la puerta a preguntar que estaba pasando.

Huida y captura
 

Según el relato que la propia víctima hizo en fiscalía y luego en los tribunales, su agresor no contestó a la puerta y continuó ejerciendo presión sobre el cuello de la mujer. Del otro lado, el encargado del hotel, amenazó a viva voz con llamar a la policía, que fue en definitiva lo que terminó por salvarla de la asfixia.

A medio vestir, el cliente ocasional tomó sus cosas y escapó en dirección a la cochera donde estaba su moto, pero como el portón estaba cerrado huyó a la carrera. Afuera, otra mujer que vio lo que sucedía, avisó a un patrullero que pasaba por el lugar y que le dio alcance antes de que llegara a bulevar.

La versión que dejó al joven Larosa tras las rejas, cuenta con una explicación del abogado del Servicio Público de la Defensa, Javier Casco, quien sostiene que la mujer tenía un arma blanca pequeña para defenderse y que la reacción de su pupilo, tal vez desmedida, se debió a que se sorprendió y se vio amenazado en su integridad por la trabajadora sexual.

La quiso matar
 

El caso llegó a tribunales en una audiencia celebrada el viernes 2 de abril, ante el juez Leandro Lazzarini, quien, tras escuchar la víctima y una vez expuestas las versiones de las partes, ordenó la prisión preventiva para Larosa.

En cuanto al acusado, se trata de una persona sin antecedentes penales, por lo que su defensa adelantó que apelará la cautelar en busca de una medida menos gravosa que le permita continuar con el proceso en libertad. 

La investigación, que comenzó bajo la calificación legal de “lesiones” a cargo de la fiscal Jorgelina Mosser Ferro, derivó en una acusación aún más grave, cuando la representante del MPA advirtió que “no era una lesión común” y que de no haber mediado la intervención del conserje, tal vez otro habría sido el desenlace.

Mosser Ferro le recibió declaración testimonial a la víctima y advirtió las marcas en cuello, golpes y el miedo que provocó en ella el inusitado ataque, por lo que solicitó la intervención de la Unidad Fiscal de Homicidios, donde intervino la fiscal Cristina Ferraro.

Temor de la víctima
 

Ambas participaron de la audiencia en la que se formuló la atribución imputativa y se discutió la cautelar, bajo los cargos “tentativa de homicidio calificado por haber sido cometido por un hombre contra una mujer mediando violencia de género (femicidio)” en calidad de autor.

Previo a la entrada de Larosa en la sala de audiencias, el juez Lazzarini escuchó a la víctima, que producto del temor que le infundió el desconocido, aceptó ir hasta los tribunales a contar lo ocurrido aquella noche. Dijo que “hacía 21 años que ejercía la prostitución” y “nunca en la vida le pasó una cosa por el estilo a pesar de estar en la calle”

En tanto, desde la defensa reiteraron la pretensión de apelar la preventiva y cuestionaron la falta de un informe toxicológico que permita determinar si Larosa estaba bajo los efectos de alguna sustancia al momento del hecho. Además, insistió con la teoría de que “se asustaron los dos” porque “él se le abalanzó cuando vio que ella tenía un cuchillo para defenderse”. A pesar de ello “el juez terminó diciendo que era exagerada la reacción de Larosa” y lo dejó tras las rejas.

Una vez finalizada la audiencia, Ferraro y Mosser Ferro subrayaron que “al no haber una relación previa entre el imputado y la víctima, (el juez) dio por acreditado el denominado contexto de violencia de género no íntimo”, el cual además “estuvo caracterizado por el abuso físico y la vulnerabilidad de una trabajadora sexual que estaba sola –en horas de la noche– y sin posibilidad de defenderse del ataque de un extraño”.