Un documento de la ONG presentado por su titular, Agnès Callamard, advierte que algunos líderes usan la Covid-19 para reforzar el control de gobierno y menoscabar la cooperación internacional. La pandemia de coronavirus sirvió en algunos países para recortar derechos y libertades.

La pandemia de coronavirus sirvió en algunos países para recortar derechos y libertades y para que sus líderes afiancen su poder, además de agravar las desigualdades entre las naciones, advirtió este martes la nueva titular de Amnistía Internacional (AI), Agnès Callamard.

“La pandemia reveló con toda crudeza y agravó las desigualdades existentes entre los países y dentro de las fronteras nacionales ha puesto de relieve el tremendo desprecio de nuestros dirigentes por el bien común de la humanidad”, lamentó la dirigente, que trazó un cuadro severo con “un mundo sumido en el caos” y sistemas sociales, económicos y políticos “desmoronados”.

Para la jefa de AI, algunos gobernantes “han intentado normalizar las autoritarias medidas de emergencia que han adoptado” y hay incluso quienes vieron en la pandemia una “oportunidad” para “afianzar su poder”.

La referente francesa citó los casos de Hungría, Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán como ejemplos de países en los que se adoptaron medidas que restringen libertades, entre ellas las de cuestionar a los gobiernos.

También mencionó casos de violencia policial en Filipinas, Nigeria o Brasil, país este último en el que los abusos de las fuerzas de seguridad habrían aumentado durante la emergencia sanitaria al punto que AI estima que la Policía mató entre enero y junio de 2020 a una media de 17 personas por día, lo que da un total de más de 3.100 en total.

Para otros líderes, como el indio Narendra Modi o el chino Xi Jinping, la pandemia fue una oportunidad para desviar la atención de otras medidas controvertidas, como el allanamiento de viviendas y oficinas en el caso de India o la represión a la minoría musulmana en Xinjiang y la aprobación de leyes “abusivas” en Hong Kong en el caso de China.

El aumento de la represión, según el informe, generó también nuevos movimientos de protesta, ejemplo de la decepción de ciertas sociedades o colectivos.

“En 2020, el liderazgo no surgió del poder, los privilegios ni el dinero, sino de las innumerables personas que se manifestaron para reivindicar cambios”, destacó Callamard, que enumeró los casos de EEUU, Chile, Hong Kong, Irak y Polonia, donde se dieron fuertes movilizaciones en favor de los derechos humanos.

Callamard hizo un llamado a la comunidad internacional al reseñar que instituciones como el Tribunal Penal Internacional (TPI) y los mecanismos de protección de los derechos humanos de la ONU “están ahí para obligar a rendir cuentas a los perpetradores, ya sean individuos concretos o Estados”, reportó la agencia Europa Press.

“Tristemente, 2020 demostró que están atrapadas en un estancamiento político causado por líderes que intentan menoscabar las respuestas colectivas a las violaciones de derechos humanos y sacar provecho de ellas”, se quejó la secretaria de Amnistía, que advirtió sobre un creciente nacionalismo.

Como ejemplo de esa actitud, Amnistía expuso el acaparamiento de vacunas por parte de países ricos, a los que recriminó además que no presionaran a las farmacéuticas para compartir conocimientos y tecnología.

“La pandemia ha puesto en evidencia una cruda realidad: la incapacidad del mundo para cooperar eficazmente en momentos de necesidad global extrema”, concluyó la francesa.